Extra 2

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Se encontraba sentado en la sala de su hogar, con una taza de café entre las manos, observando a Harry moverse por la cocina. Llevaba puesta una de sus camisas y unos shorts, el cabello ligeramente despeinado. Louis siempre había pensado que una de sus cosas favoritas en el mundo era contemplar a su chico en momentos como ese.

Hace poco, el menor había cortado su cabello. Fue una sorpresa para Louis, que solo había salido a hacer las compras habituales, y al regresar, lo encontró con el nuevo look. No pudo evitar sentirse un poco nostálgico. Amaba la manera en que el cabello más largo enmarcaba su rostro, pero debía admitir que aquel estilo corto también le sentaba increíble.

Si alguien se preguntaba cómo estaba Harry después de todo lo vivido en los últimos años, la respuesta era alentadora. Había sanado. No por completo, porque algunas heridas siempre dejan marcas, pero sí lo suficiente para sentirse libre. Aún tenía días malos, pero nada que no pudiera manejar. Louis lo notaba en la frescura de su rostro, en la manera relajada en que se movía, en cómo su lenguaje corporal ya no reflejaba la misma tensión. Incluso su inseguridad se había desvanecido poco a poco, y aunque seguía siendo el mismo Harry de siempre, ahora se mostraba mucho más seguro de sí mismo.

Harry se giró de repente, encontrando los ojos azules de Louis.

–Pensaba que aún dormías –dijo con una sonrisa.

–El olor de lo que sea que estás preparando me despertó.

–Estoy haciendo tu comida favorita. –Le guiñó un ojo con aire travieso.

–¿Y ese eres tú? –Louis arqueó una ceja, divertido.

–No, panqueques de avena –rodó los ojos con exageración.

Louis rió, encantado.

Mientras Harry seguía concentrado en la cocina, Louis aprovechó para revisar su teléfono. Respondió algunos mensajes de amigos y familiares, entre ellos uno de Evelin, que le había enviado un video de su sobrino, Jacob, mostrando con orgullo cómo había aprendido a escribir su nombre. De vez en cuando hacían videollamadas, en las que el pequeño proclamaba a los cuatro vientos que Louis era su tío favorito, mientras Isabella fingía estar molesta por ello.

–Ya puedes sentarte en la mesa –llamó Harry desde la cocina.

Louis obedeció sin dudarlo y se acomodó en el comedor. Como siempre, el rizado se había lucido con la comida. Había mejorado mucho en la cocina desde que vivían juntos.

Tomó el primer bocado y sonrió, satisfecho con el sabor. Harry lo observaba de reojo, expectante por su reacción, y cuando Louis dejó escapar un sonido de aprobación, el menor sonrió con orgullo.

No cambiarían aquella rutina por nada. Despertar juntos, preparar el desayuno, ducharse al mismo tiempo (aunque más que por necesidad, lo hacían como excusa para estar más cerca), cuidar de los viñedos, pasear por la ciudad o simplemente quedarse en casa, disfrutando de la tranquilidad que habían construido con tanto esfuerzo.

Era su vida. Su hogar. Y Louis no podía pedir nada más.

Adaptarse a una nueva vida tan lejos de Londres había sido un reto, pero valió la pena. Cada sacrificio, cada momento de incertidumbre, se desvanecía frente a la felicidad que habían construido juntos. Estaban bien, en todos los sentidos. Tenían salud, vivían haciendo lo que amaban y, lo más importante, se tenían el uno al otro.

–Hoy soñé algo peculiar –la voz de Harry lo sacó de sus pensamientos.

Louis dejó su vaso de jugo a un lado y le prestó toda su atención.

–¿Sí? ¿Se puede saber qué fue? –preguntó con ternura, observándolo con adoración.

Harry asintió, pero su expresión reflejaba cierta timidez. Se puso de pie y tomó la mano de Louis, guiándolo de vuelta al sofá. Sin soltarlo, se acomodó sobre su regazo, posicionando sus piernas a cada lado de sus caderas. Louis, instintivamente, deslizó sus manos por su cintura, afianzándolo contra él.

–Fue un hermoso sueño... sobre ti y sobre mí –murmuró el rizado.

Louis le regaló un beso suave antes de susurrar contra sus labios:

–Continúa.

Mientras hablaba, dejó un rastro de besos por su cuello, haciendo que Harry se estremeciera.

–Éramos tú y yo... estábamos cerca de la playa –susurró, cerrando los ojos al sentir la calidez de los labios de Louis contra su piel. –Habíamos preparado aperitivos y los llevábamos en una canasta... cuando miré hacia el mar, vi a dos niños nadando.

Louis dejó un suave beso en su manzana de Adán, luego en su mentón y finalmente en sus labios.

–Niños a los que llamaste para que descansaran un poco a nuestro lado –continuó Harry en un murmullo–. La pequeña tenía tus ojos, y el niño mayor tenía los míos. Escuché sus voces, sus risas... y, después de un tiempo, me di cuenta de que eran nuestros hijos.

Louis se quedó en silencio, sorprendido por la revelación.

–¿Hijos? –frunció el ceño, intentando procesar sus palabras.

–Sí –afirmó Harry con una pequeña sonrisa, como si reviviera el sueño en su mente.

El ojiazul deslizó un brazo alrededor de su cintura y bajó el rostro, dejando un beso sobre su estómago, luego sobre su pecho y finalmente en su rostro. Harry rió con suavidad al sentir las cosquillas que le provocan sus labios.

–¿Queremos hijos? –preguntó Louis, sintiendo su corazón latir con fuerza ante la idea.

Harry pareció pensarlo, aunque el mayor no dejaba de hacerle cosquillas.

–No era algo que hubiéramos planeado antes, pero... tal vez nos falta un poco de emoción en nuestras vidas –dijo, observándolo con ternura–. ¿Qué piensas tú?

Louis dejó escapar una leve risa antes de confesar:

–Creo que mi pequeño sobrino iluminó esa parte de mí que me negaba a tener.

Se miraron con complicidad, sintiendo cómo la emoción les aceleraba el corazón.

–Seamos padres, Harry –afirmó Louis con una sonrisa enorme.

El rizado le devolvió la sonrisa, sus hoyuelos marcándose en sus mejillas.

–¿Seremos buenos padres? –preguntó en un susurro.

Louis no dudó ni un segundo.

–Estoy completamente seguro de ello.

Harry no pudo contenerse más. Se abalanzó sobre él y atrapó sus labios en un beso profundo que Louis correspondió de inmediato.

–Celebremos como nos gusta –pidió Louis, con un brillo travieso en los ojos.

Harry se sonrojó y asintió, pero su expresión pronto se tornó traviesa.

–No te hagas el inocente, te gusta más a ti que a mí –dijo antes de picotear sus costillas.

–¡Louis! –protestó entre risas, intentando alejarse.

Pero el ojiazul fue más rápido. Con un movimiento ágil, lo tiró sobre el sofá y se posicionó entre sus piernas, sujetándolo con facilidad.

–Voy a decírtelo cuantas veces lo necesites, Harry Styles –susurró Louis, con el corazón latiendo con fuerza–. Mi universo eres tú. Mi vida eres tú. Haría cualquier cosa que me pidieras con tal de ver esa sonrisa por siempre... solo si me lo permites.

Harry deslizó su mano por la nuca del mayor y lo atrajo hacia él, sus rostros a escasos centímetros.

–Yo te pertenezco –murmuró con voz temblorosa–. Has tenido ese permiso desde el primer momento. Soy afortunado de tener todo lo que dices... Si soy tu universo, entonces crearé galaxias para que nunca dejes de mirarme. Y si soy tu vida, seré esa fuente de vitalidad que necesitas.

El corazón de Louis retumbaba en su pecho, y la emoción vibraba en cada fibra de su ser.

–Te amo –susurró con devoción–. Si existiera una palabra más grande que esa, te pertenecería solo a ti.

Harry sintió un calor recorrerlo desde el pecho hasta la punta de los dedos.

–También te amo –dijo, y su cuerpo tembló con la intensidad del momento.

Dedicado a las personas que desean un amor como el que brinda Louis y para aquellas que son valientes como Harry.

January melancholyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora