Me, me and Louie

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Harry observaba con nostalgia las nubes a través de la pequeña ventana del avión. El cielo azul y despejado le recordaba a la persona que había dejado atrás.

Llevaba media hora fuera de Londres y suponía que no faltaba mucho para aterrizar. Por suerte, el trayecto en avión era corto.

Poco a poco, Milán comenzó a desplegarse bajo él, revelando su pintoresco paisaje de fachadas coloridas, calles serpenteantes y playas que cualquier turista soñaría con visitar. Debería sentirse feliz de regresar, pero en su interior solo había un vacío que se hacía más profundo con cada minuto que pasaba. Su mente lo regañaba, recordándole que no había vuelta atrás.

Suspiró pesadamente mientras se ajustaba el cinturón para el descenso. Recostó la cabeza contra el respaldo del asiento, y en cuestión de segundos, sintió el suave golpe de las ruedas contra la pista.

Era oficial: el espacio donde alguna vez creyó tener su corazón estaba vacío. Porque su corazón, sin duda, se había quedado en Londres, con Louis.

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El aeropuerto bullía de vida, repleto de turistas con ropa colorida y cámaras colgadas al cuello. Niños impacientes se removía en sus asientos mientras la cabina seguía cerrada. 

Prefirió esperar sentado mientras los pasajeros se apresuraban a tomar sus cosas y amontonarse en el pasillo. Nadie parecía conocer el protocolo dentro de un avión.

Después de lo que sintió como la hora más larga de su vida, finalmente logró pisar tierra. Con sus maletas en mano y unas gafas de sol protegiéndolo del calor sofocante, se encontró de golpe con la realidad: su ropa no era la más adecuada. Seguía llevando el abrigo que lo protegía del frío de Londres y los jeans ajustados que, en ese momento, le resultaban sofocantes. Maldecía internamente por no haber pensado en algo tan básico como cambiarse antes de abordar.

Fue entonces cuando un grito ensordecedor retumbó por todo el aeropuerto, haciéndole fruncir el ceño.

Trató de ver de dónde provenía el llamado, pero fue demasiado tarde.

No tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el impacto de otro cuerpo contra el suyo, derribándolo de bruces contra el suelo.

–¡Harry! –exclamó con emoción la figura frente a él, abrazando al rizado por el torso, mientras las miradas curiosas de la multitud se fijaban en ellos.

–¡¿Puedes quitarte?! ¡Me estás incomodando! –Harry trató de apartarlo, visiblemente incómodo y un poco molesto por la intrusión.

La persona que lo había envuelto en un fuerte abrazo se apartó rápidamente, y solo entonces Harry suspiró aliviado.

–¡Niall! –dijo, el alivio reflejado en su rostro, y devolvió el abrazo con la misma rapidez con la que lo reconoció.

–¡Pensé que estabas enojado! –Niall respondió con una sonrisa traviesa, abrazándolo aún con más fuerza.

–¡Es que no te reconocí, ahora eres castaño! –Harry se apartó ligeramente, mirándolo con sorpresa, notando el cambio en su amigo.

Niall soltó una pequeña risa y se apartó del abrazo, poniéndose de pie antes de extenderle la mano para ayudarlo a levantarse.

–¿Por qué lo cambiaste? –preguntó Harry, curioso.

Niall se encogió los hombros con una sonrisa triste, sintiendo cómo un peso aún lo oprimía, pero al mismo tiempo estaba contento de ver a su amigo. –Me urgía un cambio. Las cosas han sido un poco... diferentes estos últimos meses.

January melancholyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora