Duel

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5 de enero del 2022 – Londres

La enfermedad cercana a la muerte podría compararse con un limbo indoloro, un espacio donde solo queda una gran pena, un vacío abrumador y el miedo inquebrantable de dejar atrás todo lo que alguna vez formó parte de una vida llena de felicidad, tristeza y, en ocasiones, una profunda soledad.

Ver a Louis en ese estado le provocaba a Harry dos sentimientos enfrentados: una preocupación que lo carcomía por dentro y un deseo desesperado de borrar la angustia que oscurecía su mirada, marcada por ojeras profundas.

Habían vuelto a Londres tan pronto como recibieron la llamada de Nohora, pero desde entonces, era como si la llama que mantenía vivos a los Tomlinson se hubiera apagado por completo.

Louis se sumergió en el trabajo como si fuera su única salida, pasando horas enteras haciendo llamadas desesperadas o, en su defecto, sin moverse de la habitación de May, quien ya había perdido la capacidad de hablar.

Harry, por su parte, convive prácticamente solo en el departamento, aferrándose a la esperanza de que en algún momento Louis cruzara la puerta, de que se sentara a su lado y le permitiera ayudarlo a encontrar una solución, aunque fuera mínima. Pero eso nunca ocurría. Louis lo había apartado como si la carga fuera únicamente suya, como si se estuviera castigando por algo que escapaba completamente de su control.

No solo lo había hecho con él, sino también con todos a su alrededor. Su familia, sus amigos... a nadie le permitía acercarse. No soportaba su presencia, y cuando finalmente cedía, solo era para descargar su enojo en ellos, alejándose con palabras hirientes hasta hacerlos sentir como si fueran prescindibles. Y aunque todos veían con claridad lo que estaba ocurriendo, ninguno se sentía con la fuerza suficiente para derribar los muros que Louis había construido con su dolor.

El estado de May era crítico. Las hemorragias eran constantes, su cuerpo estaba agotado, y el sufrimiento físico y mental la iba consumiendo poco a poco.

Harry apenas lograba obtener noticias sobre ella, pero las pocas que recibía eran devastadoras. Estaba siendo canalizada con morfina y antiinflamatorios, mientras Louis, incapaz de rendirse, revisaba sus signos vitales una y otra vez, buscando desesperadamente una forma de traerla de vuelta.

Pero la verdad era ineludible. Lo mejor que Louis podía hacer era calmar su dolor, y aunque se aferraba a estudios, tratamientos y segundas opiniones, la conclusión siempre era la misma: solo estaba posponiendo lo inevitable. El cáncer se había extendido, y no había nada más que hacer.

Algunos de sus compañeros, médicos especializados, junto con enfermeros que se habían tomado la tarea de ayudarlo a encontrar alternativas, llegaban siempre a la misma conclusión: "Le queda menos de una semana, Louis... lo intentaste, pero no hay nada que puedas hacer al respecto"

Esas palabras lo atravesaban como dagas. La culpa se enredaba en su interior como un veneno lento, filtrándose por cada fibra de su cuerpo, hasta dejarlo completamente anestesiado. Había batallado contra lo incierto durante tanto tiempo, resistiéndose a aceptar lo inevitable. Pero ahora... ahora todo parecía derrumbarse.

Las voces que lo habían perseguido por años volvían a atormentarlo, implacables, cada una clavándose más hondo que la anterior.

"Tal vez no sobreviva, deberías estar preparado."
"Muy pocas personas con una enfermedad terminal se levantan de una cama."

Había luchado contra esas frases durante tanto tiempo, negándose a rendirse. Y ahora estaban ganando.

Su cuerpo, finalmente, cedió. Un mareo lo sacudió de golpe, obligándolo a sostenerse del escritorio antes de desplomarse. Sus ojos ardían. Le dolía respirar. No podía mantenerse de pie ni un segundo más.

January melancholyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora