Habían recorrido casi todos los pisos, y Harry sentía que algo en su pecho se comprimía al observar las condiciones en las que se encontraban la mayoría de los pacientes. Aunque muchos simulaban sonrisas, él podía percibir la desesperanza que los rodeaba, especialmente en algunos adolescentes y adultos. Era un sentimiento denso, casi palpable, como si algunos ya hubieran perdido toda esperanza, esperando solo una mejora milagrosa o, tal vez, una muerte rápida que los librara de su sufrimiento.
Un par de personas se rehusaban a participar en las actividades o incluso a entablar conversación. Louis, sin embargo, parecía estar acostumbrado a este tipo de situaciones; no forzaba nada. En cambio, les daba su espacio, priorizando siempre la comodidad de los demás. Su forma de lidiar con aquello impresionaba a Harry, que aún no lograba sacudirse la sensación de impotencia al verlos.
Por otro lado, Harry había quedado atrapado en una intensa partida de ajedrez con un anciano. Ambos contrincantes se mostraban hábiles, completamente concentrados en el tablero, en una batalla que se sentía más estratégica que un simple juego. El tiempo parecía volar mientras los espectadores observaban en silencio, pendientes de cada movimiento.
En solo una hora, la partida se había transformado en un constante intercambio de jaques. Ninguno daba su brazo a torcer, cada movimiento era una amenaza en el tablero. Pero, finalmente, el anciano cometió un error, confundiendo las fichas, y Harry no dudó en aprovechar la oportunidad. Con precisión y calma, ejecutó el movimiento final: jaque mate.
Los aplausos llenaron el área, y Harry estrechó la mano del anciano en un gesto amistoso. Ambos se dijeron al unísono: "Buen juego". Había algo en esa pequeña interacción que parecía aligerar el ambiente, aunque solo fuera un poco.
Cuando llegó la hora del almuerzo, Harry ayudó a los enfermeros a recoger los juegos de mesa, al igual que Louis, que observaba la escena desde un lado.
–Veo que te divertiste –comentó el ojiazul con una sonrisa pequeña pero perceptible.
Harry, intentando ignorar el efecto que le provocaba esa sonrisa, asintió mientras respondía:
–Sí, fue un juego bastante entretenido. Hacía mucho que no jugaba ajedrez.
Louis arqueó una ceja, divertido:
–¿Te gustan los juegos de ancianos?
Harry, indignado, giró hacia él con un gesto casi dramático:
–¡Hey! El ajedrez es estimulante, ayuda a tu capacidad mental. Todo se trata de estrategia. Decir que es solo para ancianos es realmente insultante.
–No deja de ser un juego de ancianos –replicó Louis, reprimiendo una sonrisa más amplia.
–¡No lo es! Es muy divertido –protestó Harry, cruzándose de brazos.
Louis dejó escapar una risa suave, claramente disfrutando de la discusión. Harry, por su parte, decidió ignorar la burla y regresó a organizar los juegos sobre los estantes, aunque todavía podía sentir la mirada de Louis siguiéndolo.
–Bueno, tal vez solo necesite que alguien me enseñe a jugarlo. Seguro así encontraré lo divertido del juego.
–Sí... deberías hacerlo –respondió Louis, con un tono casual, pero su sonrisa traicionaba algo más profundo.
Era la segunda vez en el día que estaban solos. La segunda vez que, a pesar de mantener una distancia prudente, sus ojos se encontraban, y sus miradas, como imanes, se deslizaban involuntariamente hasta los labios del otro. Harry fue el primero en vacilar, rompiendo el contacto visual y bajando la mirada hacia la punta de sus zapatos, como si estos le ofrecieran algún tipo de refugio.
–¿Tienes hambre? –preguntó Louis de repente, su tono ligero, pero sus ojos aún lo observaban con atención. –Podemos ir al comedor justo ahora, si eso quieres.
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January melancholy
FanfictionLouis dirige un hospital reconocido por su labor con pacientes de cáncer, pero la carga de su responsabilidad lo ha convertido en un hombre reservado y solitario, un maestro en el arte de ocultar sus emociones. Harry, en cambio, arrastra un pasado t...
