La cena transcurría en un tenso silencio. Billy mantenía los brazos cruzados sobre la mesa y su semblante serio no daba lugar a dudas: estaba evaluando a Louis con una mirada afilada, de arriba abajo, como si intentara descifrarlo.
–¿Tú eres el novio de mi hijo? –preguntó finalmente, firme pero carente de hostilidad directa.
Harry, que sostenía la mano de Louis bajo la mesa, apretó sus dedos con nerviosismo.
–Lo soy –respondió Louis con simpleza, sin apartar la mirada del hombre que tenía enfrente.
Billy frunció el ceño. –¿No eres un poco mayor para él?
La pregunta hizo que Louis sonriera, casi divertido, aunque por dentro podía sentir la tensión en los hombros de Harry.
–Señor, si me permite contradecirlo, no soy tan mayor como cree –dijo con calma. –En diciembre cumpliré treinta y Harry solo tiene tres años menos. Ambos somos adultos, sabemos lo que hacemos.
Billy no respondió de inmediato, pero mantuvo su expresión analítica, como si aún no estuviera convencido.
La forma en la que habían llegado a esta situación era, cuando menos, cómica. Y para Harry, absolutamente vergonzosa.
Horas antes, sumidos en su pequeño reencuentro en la habitación del rizado, ninguno de los dos había sido consciente de lo irrespetuoso que fue entrar al departamento sin avisarle a Billy.
Todo había sucedido en cuestión de minutos. Un quejido –uno bastante comprometedor– escapó de la habitación y, al otro lado de la puerta, Billy frunció el ceño. Golpeó un par de veces, con insistencia.
–Estoy bien –respondió Harry de inmediato, con la voz entrecortada.
No fue suficiente.
La puerta se abrió de golpe y Billy se encontró con un Harry agitado y completamente sonrojado. Detrás de él, Louis permanecía de pie con la misma expresión de culpabilidad.
La mirada de Billy recorrió la escena y, con la velocidad de alguien que no necesitaba explicaciones, cerró los ojos un instante antes de soltar un suspiro largo. No era difícil imaginar lo que estaba pasando.
No dijo nada más. Solo tomó el cerrojo de la puerta con cierta brusquedad y, antes de cerrarla de un portazo, soltó con voz grave:
–Cuando terminen, hablaremos seriamente.
La pareja se quedó en completo silencio.
El aire en la habitación pesaba. Harry no se atrevía a moverse, mucho menos a levantar la mirada.
–Louis –susurró después de un momento, con el rostro enterrado en sus manos–, ¿Qué haremos? Billy está enojado. No puede ser... fui demasiado descuidado. Siento asco de mí mismo en este momento. Debí haberte escuchado. Lo siento mucho.
Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas al tiempo que llevaba las manos a sus rizos, tirando de ellos en un intento desesperado por aferrarse a algo. Su respiración se volvió errática, jadeante, y el mareo no tardó en invadirlo, haciéndolo tambalear. Se apoyó contra la pared, sintiendo que, si no lo hacía, sus piernas cederían bajo su propio peso.
Louis reaccionó de inmediato, cruzando la distancia entre ellos en cuestión de segundos. Tomó su rostro entre las manos con una delicadeza infinita, con sus pulgares acariciando sus mejillas húmedas.
–No, Harry, todo estará bien, ¿okey? No dejaré que te hagan daño nunca más –susurró tratando de anclarlo a la realidad.
El rizado lo miró con los ojos llenos de miedo, atrapado entre la desesperación y la vulnerabilidad.
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January melancholy
FanfictionLouis dirige un hospital reconocido por su labor con pacientes de cáncer, pero la carga de su responsabilidad lo ha convertido en un hombre reservado y solitario, un maestro en el arte de ocultar sus emociones. Harry, en cambio, arrastra un pasado t...
