Era insano y lúgubre, como estar encerrado en una habitación sin puertas ni ventanas, intentando respirar, sabiendo que no hay escapatoria. Así se sentía ver a Louis sentado frente a un plato de comida, como si fuera algo entretenido. Los minutos pasaban y, al final, se retiraba a dormir nuevamente.
Harry extrañaba con locura su sonrisa, esa que podía iluminar el día, incluso entre nubosidad y tormentas. Un día, el viento sopló y se la llevó, como si nunca hubiera existido.
Parecía irreal pensar que hace solo un mes todo era distinto. Sabía que la muerte de alguien tan importante sería difícil de afrontar, pero esto era algo mucho más profundo. No se trataba solo de un duelo; había algo más, algo que el ojiazul probablemente nunca le contó.
Harry tampoco se encontraba bien. La ansiedad lo consumía, y no sabía qué más hacer aparte de brindarle apoyo e intentar distraer a Louis. Sin embargo, su compañero no soportaba que nadie estuviera en su departamento. Recientemente, Aaron había intentado acompañarlo, pero Louis lo echó de inmediato. No quería a nadie cerca, solo a Harry, y eso representaba un problema.
Sus amigos, preocupados, intentaron organizar turnos rotativos para cuidarlo, pero dado que Louis se negaba a ceder, prefirieron no intervenir, por respeto a su espacio y estado emocional. Sin embargo, poco a poco, sin que Louis lo notara, comenzaron a hacerlo discretamente.
Aurora se encargaba de preparar desayunos nutritivos y los enviaba al departamento. Sabía que para Harry estaba siendo agotador atender a Louis todo el tiempo, y esos pequeños gestos eran de gran ayuda. Liam, por su parte, se ocupaba de las compras del supermercado, siempre con una lista que Harry le entregaba para hacer las cosas más fáciles. Aaron, con su disponibilidad total, podía acudir a cualquier emergencia a cualquier hora del día, y Nohora seguía a cargo del hospital, supervisando, como hacía Louis en su momento.
Cada uno aportaba lo necesario desde su lugar, sin invadir el espacio de Louis, y Harry sentía una profunda gratitud por ello.
Mientras tanto, en Bristol, Isabella, Mark, Evelin y Felix se hospedaban en la casa. Allí, las pertenencias de May se mantenían empacadas en cajas, a la vista de todos, pero con el dolor de no haber tenido el valor de llevarlas al sótano. Intentaban continuar con sus vidas, pero la tristeza persistía en cada rincón.
Evelin, que se encontraba en un estado de vulnerabilidad emocional, asistía a sus citas de control para su embarazo. No hacía mucho, recibió la mala noticia de que estaba produciendo poco líquido amniótico, lo que representaba un riesgo tanto para ella como para el bebé. Su médico le recomendó que intentara relajarse, buscar distracciones que la alejaran de la realidad, pues de lo contrario, tendrían que considerar otras opciones. Evelin, decidida a encontrar algo que la ayudara, empezó a tejer pequeños sacos de lana, medias y gorros en distintos colores, emocionada por algún día poder ponerlos a su bebé.
Por otro lado, Isabella encontraba distracción saliendo todas las mañanas en bicicleta o corriendo cortos maratones que, con el tiempo, le hicieron bien a su salud. Sin embargo, no siempre fue así. Durante la primera semana después del entierro, solía llamar a Louis constantemente, pero él dejó de contestar, y aunque al principio insistió, pronto se dio por vencida.
Mark, en cambio, se refugiaba en su trabajo en la oficina de la imprenta. Esa era su forma de desconectar, aunque también pasaba horas ordenando la casa y apreciando las viejas fotografías de Louis cuando era recién nacido. Recordaba aquellos tiempos de juventud, cuando ella le dio la noticia de su embarazo. Mark nunca tomó a la ligera su papel de padre; siempre fue algo que deseó profundamente. Su primer obsequio, la enorme casa amueblada, había sido el lugar donde su hijo de ojos azules y traviesas risas creció, y donde también las otras hijas nacieron, aunque fueron más complicadas, según él, por su rebeldía. A pesar de las diferencias, el vínculo familiar que construyó con su amada esposa perduró hasta que lego el cáncer, que todo lo cambió.
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January melancholy
FanfictionLouis dirige un hospital reconocido por su labor con pacientes de cáncer, pero la carga de su responsabilidad lo ha convertido en un hombre reservado y solitario, un maestro en el arte de ocultar sus emociones. Harry, en cambio, arrastra un pasado t...
