20 de abril de 2021 - Londres
–¡Harry, respira, por favor! –
Harry negó con la cabeza, aferrándose con desesperación al brazo de Zayn.
El restaurante estaba lleno, como cada día. No habían tenido un solo minuto de descanso en toda la mañana, y el agotamiento era evidente. Pero Harry no solo lidiaba con el ajetreo del trabajo; llevaba una mala noche encima, y su cuerpo empezaba a pasarle factura.
Los músculos le dolían, el malestar en su estómago lo hacía sentir débil, y su mente se encontraba aturdida. Los mareos aparecían sin previo aviso, amenazando con derribarlo en cualquier momento. Por eso, prefirió quedarse en la zona de lavado, lejos del riesgo de tropezar y romper algo, como casi le ocurrió con dos bandejas momentos antes.
Su jefe, al notar su estado, le sugirió que se tomara el resto del día libre, pero Harry se negó. No podía permitirse faltar al trabajo por algo tan insignificante como sentirse enfermo.
El tiempo pasó y, sin darse cuenta, su piel fue perdiendo color. Su temperatura bajó, sus manos sudaban y la sensación de vértigo se intensificó. Se percató de que algo iba realmente mal cuando su respiración se volvió errática y sus piernas comenzaron a temblar.
Apagó el grifo con torpeza e intentó quitarse los guantes lo más rápido posible. Necesitaba aire, salir de allí antes de que su cuerpo colapsara. Se dirigió a la puerta trasera con dificultad, pero sus fuerzas lo abandonaron antes de alcanzarla. Su cuerpo se desplomó contra el suelo, golpeándose las manos y las rodillas en la caída.
Voces alarmadas lo rodearon en cuestión de segundos. Sus compañeros intentaron ayudarlo, pero el contacto y la sensación de estar rodeado solo empeoraron su estado.
Entonces, entre el ruido y la confusión, apareció Zayn.
–Amigo, yo te levanto –dijo con urgencia, sujetándolo con firmeza.
Harry apenas tuvo fuerzas para pasar un brazo sobre los hombros del otro y dejarse sostener por la cintura. Con un esfuerzo tremendo, logró poner un pie delante del otro hasta salir al callejón.
Pero el aire fresco no lo hizo sentir mejor. Al contrario, el mareo se intensificó, su visión se volvió borrosa y las palabras de Zayn empezaron a sonar lejanas e ininteligibles. El pánico se instaló en su pecho, comprimiéndolo como un puño de hierro.
Otra crisis de ansiedad.
Lo sabía.
Y no podía hacer nada para detenerla.
Cerró los ojos con fuerza, aferrándose a las palabras de Caroline.
–Cuando tenemos ansiedad, nuestro cuerpo entra en estado de alerta. Se siente bajo ataque y, al verse sometido al estrés, reacciona de muchas formas. Cada persona lo experimenta de manera distinta, pero lo más común es que afecte el sistema inmunológico o el aparato respiratorio. Por eso, aprender a respirar es el primer paso. Harry, inténtalo. Inhala profundo, sostén el aire en tus pulmones por cinco segundos y exhala lentamente hasta vaciarlos por completo. Sabrás que está funcionando cuando el mareo comience a disminuir. Si la respiración no ayuda, céntrate en tus pensamientos. Identifica qué te provocó la crisis y prepárate mentalmente para enfrentarlo.
Intentó seguir esas instrucciones al pie de la letra. Inhaló una y otra vez, con lentitud, concentrándose en el ritmo de su respiración. Enumeró cosas sin sentido en su cabeza, tratando de anclar su mente a algo tangible. Poco a poco, su pecho dejó de sentirse tan oprimido, y su ritmo cardíaco comenzó a estabilizarse.
Su visión seguía borrosa, empañada por lágrimas que ni siquiera había notado. A su lado, Zayn no se movió ni un segundo, sosteniéndolo con firmeza, su semblante reflejando preocupación.
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January melancholy
FanfictionLouis dirige un hospital reconocido por su labor con pacientes de cáncer, pero la carga de su responsabilidad lo ha convertido en un hombre reservado y solitario, un maestro en el arte de ocultar sus emociones. Harry, en cambio, arrastra un pasado t...
