Por la mañana, Louis se había levantado de un humor excepcional. Tanto así que decidió prepararse su propio desayuno, un gesto poco común que lo motivaba a empezar bien el día. Mientras colocaba cuidadosamente las frutas en su plato y el aroma del café llenaba su cocina, pensó en lo bien que le sentaría salir a ejercitarse un poco. Solía aprovechar sus días libres entre semana para cuidarse a sí mismo, y esta vez optó por trotar en el parque cercano.
Una vez allí, esperó unos minutos para calentar antes de acelerar el paso. El aire fresco de la mañana lo llenaba de energía, y el suave crujir de las hojas bajo sus zapatillas creaba una melodía rítmica que acompañaba sus pensamientos. Su mente divagaba, ocupándose en los preparativos para la pronta partida de Evelin. Quería comprarle algunas cosas útiles para su futuro departamento y organizar una pequeña fiesta de despedida. Nada ostentoso, por supuesto, algo sencillo con sus amigos más cercanos.
Sin embargo, no podía evitar sentir una punzada de tristeza. Saber que pronto estaría lejos de su radar lo inquietaba. Se permitió imaginarla construyendo una nueva vida: tal vez tendría un novio coreano y juntos tendrían un hijo de ojos rasgados. Ese pensamiento, aunque exagerado, lo hizo sonreír. «Seré el tío más feliz del mundo», pensó para sí mismo, incluso si Evelin ni siquiera había puesto un pie en Corea.
Estaba tan perdido en sus pensamientos que no anticipó lo que sucedió después. En un segundo, sintió el impacto. Había chocado con alguien, y el golpe fue lo suficientemente fuerte como para que ambos cayeran al suelo de forma torpe y dolorosa.
El pavimento golpeó sus rodillas y manos, y un dolor agudo le atravesó el abdomen. Un quejido escapó de sus labios mientras notaba las miradas curiosas de los transeúntes que los esquivaban sin detenerse. La vergüenza lo invadió, pero inmediatamente intentó disculparse con la persona que estaba bajo su cuerpo. Fue entonces cuando lo vio.
Harry.
Tenía un gesto de confusión, las mejillas encendidas de un rojo que se extendía hasta las orejas y los ojos abiertos de par en par como un ciervo asustado. Louis sintió que la preocupación lo atravesaba como un rayo.
–¡¿Harry, te hice daño?!– exclamó mientras se levantaba apresuradamente. Con manos rápidas y nerviosas, lo tomó de los bíceps, ayudándolo a ponerse de pie.
Sin pensar demasiado, limpió la suciedad de sus manos contra su ropa y, en un arrebato de preocupación, lo alzó con la facilidad de alguien que no se detiene a medir el momento. Para cualquiera que los observara, la escena parecía sacada de una película romántica.
–Ven aquí– dijo con firmeza, llevándolo hasta un banco de piedra cercano. Allí, lo dejó cuidadosamente sentado para examinarlo de pies a cabeza, buscando cualquier señal de daño que su torpeza pudiera haber causado.
Harry parecía aún más rojo, su rostro encendido como si el bochorno lo hubiera consumido por completo. Louis frunció el ceño, inclinándose para mirarlo más de cerca.
–Joder, Harry, estás demasiado rojo. Deberíamos ir al hospital.
Hizo un gesto como si estuviera a punto de volver a cargarlo, pero Harry lo detuvo con un movimiento brusco.
–¡Estoy bien!– protestó, su voz más alta de lo habitual. Pero, casi de inmediato, el rojo de su rostro se desvaneció, dejando un tono pálido y enfermizo que alarmó aún más a Louis.
–¿Sí? Pues yo no lo creo. Ahora estás pálido.
–Sí, sí, yo... estoy bien. No debes preocuparte, solo me golpeé en los brazos, nada grave– respondió Harry, su voz titubeante, mientras apartaba la mirada, como si intentara convencer más a Louis que a sí mismo.
Louis, sin embargo, no se dejó engañar. Con una mezcla de paciencia y preocupación, lo tomó suavemente del brazo para revisarlo. Al girarlo y observar las palmas de sus manos, su rostro se transformó de concentración a asombro.
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January melancholy
FanfictionLouis dirige un hospital reconocido por su labor con pacientes de cáncer, pero la carga de su responsabilidad lo ha convertido en un hombre reservado y solitario, un maestro en el arte de ocultar sus emociones. Harry, en cambio, arrastra un pasado t...
