Extra 1

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Recuerdos de Harry - capítulo 13

–No es tu culpa lo que sucedió.

Las palabras salieron de los labios de Harry casi por inercia. Sabía que la culpa era una de las mayores debilidades de Louis, siempre cargándola sobre los hombros, incluso cuando no le correspondía.

Pero Louis no respondió. No devolvió el abrazo. Simplemente se quedó allí, de pie, inmóvil, con la mirada perdida en algún punto indescifrable de la habitación.

–¿Entonces a quién debería culpar? –su voz sonó áspera, rota. –Era yo quien estaba encargado.

–Louis, nadie es culpable. No siempre puedes salvarlos.

Harry lo abrazó con más fuerza, intentando que, al menos por un segundo, sus palabras lo alcanzaran.

–Tú no lo entiendes –susurró el mayor, frío, casi como si estuviera muy lejos de él.

Un silencio espeso se instaló entre ellos antes de que Louis exhalara con frustración.

–Tenía seis años, Harry –su voz se quebró–. Seis años. Aún le quedaba tanto por vivir, tanto por descubrir... Y yo no pude salvarla. Ese es mi trabajo, mi propósito. Todo se complicó porque el maldito cáncer se expandió demasiado rápido. No lo extraje a tiempo.

Harry sintió el dolor en cada una de sus palabras.

–Louis, haces lo que puedes. La vida y la muerte están fuera de tu control. No puedes decidirlas.

Pero aquello pareció encender algo en el mayor.

–Suéltame, Harry –su tono fue cortante, distante–. Vete, por favor. Necesito estar solo.

Harry sintió cómo algo dentro de él se comprimía con fuerza. Quería ayudarlo, hacerlo sentir mejor, pero Louis solo lo alejaba. Su dolor se manifestaba en enojo, en rechazo.

Con delicadeza, Louis lo tomó de los brazos y lo apartó con firmeza. Harry no tuvo más opción que soltarlo. Lo observó en silencio, buscando algún resquicio de apertura en su expresión, pero lo único que encontró fue agotamiento y culpa.

–Te espero en casa –murmuró finalmente, derrotado.

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Salió de la oficina con la cabeza gacha, sintiendo un nudo formarse en su garganta. Cerró la puerta tras de sí, sintiendo el peso de la distancia que Louis había impuesto entre ellos.

Se dirigió al ascensor, apoyando la espalda contra el acero frío mientras observaba los números de los pisos descender. Su pecho dolía.

¿Cómo se ayuda a alguien que está roto?

Tal vez necesitaba otra perspectiva.

No sabía exactamente lo que estaba haciendo. Su mente estaba nublada, pero por primera vez, su corazón hablaba más fuerte que su razón.

Presionó el botón del ascensor, el número seis brillando en la pequeña pantalla. Hacía mucho que no hablaba con alguien mayor, y esperaba que eso no fuera un problema para ella.

Cuando las puertas se abrieron, salió al pasillo solitario, tratando de recordar el número de la habitación. Caminó con pasos vacilantes hasta que sus ojos se posaron en la puerta que buscaba: 610.

Piso seis, habitación 610. Allí estaba May.

Su pecho se sentía pesado, un nudo le oprimía la garganta. Contuvo las lágrimas, limpiándose con el dorso de la mano, aunque era inútil. Solo tenía que golpear, eso era todo... aunque sabía que no estaba pensando con claridad. Su cuerpo se movía por instinto, buscando refugio en medio del caos.

January melancholyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora