The end

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Louis llamaba todos los días, tal como había prometido, pero por alguna razón, esta vez, Harry lo extrañaba más de lo habitual

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Louis llamaba todos los días, tal como había prometido, pero por alguna razón, esta vez, Harry lo extrañaba más de lo habitual. Tal vez era la costumbre de despertar con un beso de buenos días, sentir su calor por unos segundos antes de que se fuera y encontrar pequeñas notas de amor que aún guardaba en una caja, junto a muchas otras iguales.

Con el paso de los días, la distancia se hacía más difícil de sobrellevar y, con ello, la necesidad de enredarse entre sus extremidades hasta llenar ese vacío se volvía cada vez más fuerte.

No tenía idea de lo que Louis estaba haciendo ni de a dónde había ido. Cada vez que intentaba preguntarle, el mayor cambiaba de tema con una facilidad frustrante, desviando la conversación hacia cosas sin sentido. Harry confiaba en él, siempre lo había hecho, pero esa certeza se desmoronó después de una de sus llamadas en la mañana.

Escuchó una voz.

Una voz de mujer.

Tan clara y cercana que le erizó la piel.

Antes de que pudiera reaccionar, Louis colgó sin siquiera despedirse. Desde entonces, no había vuelto a llamarlo.

Harry se sentía estúpido por tener celos, pero era inevitable. Su mente no dejaba de darle vueltas al mismo pensamiento: ¿lo habría cambiado por alguien más? No estaba preparado para algo así. Pero al mismo tiempo, sabía que Louis siempre había sido leal. Lo había demostrado una y otra vez. ¿Debía desconfiar?

Suspiró, rindiéndose ante su propia inquietud, y se dejó caer contra el respaldo del sillón. Tomó su teléfono y revisó los mensajes en su grupo de amigos. Como ya era rutina, cada fin de semana se reunían para hacer actividades fuera del trabajo, algo que Liam había promovido con la excusa de que la amistad debía cuidarse. Y tenía razón.

Las salidas se volvieron recurrentes y, hasta ahora, una gran idea. Jugaban bolos, golf, Monopoly, Jenga y cualquier otro juego en el que, por alguna razón, terminaban ebrios.

Harry siempre era bueno en todos ellos. Niall solía bromear diciendo que era un don exclusivo suyo, porque todo lo que le enseñaban lo aprendía rápido y, la mayoría de las veces, terminaba ganando.

Pasar tiempo con ellos había fortalecido sus lazos, y no podía estar más agradecido por eso. Incluso, no hacía mucho, Nadia y Aurora se habían mudado juntas a un departamento cerca de la cafetería. Habían mencionado la posibilidad de adoptar a un bebé, lo que le llenó de alegría por ellas. Sin embargo, él no compartía ese deseo. No se veía como padre.

No era algo que le gustaría.

No era algo que creyera que se le daría bien.

Liam, al parecer, había estado viéndose con una chica a la que conoció en una de sus tantas partidas de bolos. Era tímida y poco sociable, casi el polo opuesto de él, pero, por alguna razón, parecía encantada con su personalidad enérgica. Se llamaba Oriana y, para sorpresa de todos, Harry había empatizado con ella al instante.

January melancholyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora