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Narrador: Protagonista

Di pasos en retroceso, cavilando por un buen momento. ¿Debería abrir la puerta?

No sé exactamente a qué ha venido, aunque sé que con el simple hecho de permitirle entrar significaba concederle un permiso a la concupiscencia y dejarle las puertas abiertas a la zafaduría de Na JaeMin.

No hay mucho por hacer, he accedido a todas sus acciones en mi contra, y con esto quiero decir que me es irresistible y no puedo evitar querer tenerlo cerca, aun cuando mis preocupaciones se rebosan a JeNo.

Decidí por abrirle, ¿Qué más daba? Caminé hacia la puerta de nuevo y la abrí. JaeMin estaba de espaldas y en cuanto giró de nuevo para encararme no tuve la fuerza de eludir el estúpido sentimiento de nerviosismo cuando me sonrió. ¿Cómo podía verse de tantas maneras solo sonriendo?

Tierno, lindo, sexi, coqueto, atractivo... la lista es muy larga para describir a la persona que tengo enfrente mío. No es que me esté enamorando o algo parecido, sería muy forzoso el querer ignorar el adonis que posee.

—RenJun —salí de mis casillas en cuanto murmuró mi nombre, parpadeé muchas veces e intenté ofrecerle una tímida sonrisa, aunque apuesto a que mi rostro debió haberse visto horrible—. Vine para darte esto —levantó un objeto que trae en manos frente a mi y arrugué mis cejas, ladeando la cabeza,

Un táper.

—No recuerdo haberte dado eso —pensé en voz alta—. ¿Es mío? —JaeMin se encogió de hombros.

—No lo sé, lo encontré en mi alacena y puedo jurar que no me pertenece. Pensaba que era tuyo porque la vez que fuiste a verme y me diste lasaña...

—¡Es cierto! —exclamé en un tono divertido al que a JaeMin pareció agradarle pues seguía mirándome con una gran sonrisa—. ¿Cómo pude olvidarlo? Soy un tonto. —reí.

—No eres un tonto, eres muy lindo.

Me quedé callado. Oh, apuesto a que ahora mismo estaba ridículamente sonrojado por su halago. Oprimí mis labios en un acto de no soltar algún ruidito por la emoción al haberme dicho lindo y medio sonreí.

—Gracias.

—No es nada, toma —me devolvió el traste—. La lasaña estuvo deliciosa, ¿Sabes cocinar?

Esto se estaba poniendo raro. Es decir, ahora que recuerdo nunca me tomé el tiempo para crear una conversación larga con él y supongo que era el momento. En los otros encuentros solo andaba de caliente. Jesús, ¿Qué pensará de mi?

Tomé el traste y asentí. —Sí, mi madre me enseñó a cocinar desde los... ¿Trece? No recuerdo, solo sé que era muy joven.

—Eso es lindo.

—¿El qué?

—Que tu madre te haya enseñado a cocinar, la mía... era diferente. —su sonrisa desapareció para mostrar una mueca.

No quería cuestionarle las razones, así que sencillamente le pregunté: —¿Quieres entrar? —le invité a pasar a mi departamento, él asintió y entró detrás mío. Coloqué el táper en la meseta de la cocina y volví hacia la sala donde JaeMin se situaba.

departamento 119    [renmin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora