42 ¬narrado

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— ¿Qué ocurre? —La suave voz de Tzuyu hizo que apartará la vista rápidamente de su teléfono para bloquearlo y guardarlo en su bolsillo, tomando la botella de agua que había ido a comprar y que ahora le extendía.

— ¿Por qué? —preguntó de vuelta, arrugando la nariz brevemente.

— Tu expresión —mencionó señalandola— parece que algo te molesta...

Explicó sin mucho detalle para tomar asiento a su lado, seguían estando en alguna zona de espera del aeropuerto, sentadas sobre sus maletas esperando a que la madre de la menor apareciera.

— Oh... —vaciló tomando una gran bocanada de aire— sólo estoy algo cansada bebé, y creo que la batería de mi teléfono morirá pronto...

Le sonrió y se relajo cuando vio cómo Tzuyu le regresaba la sonrisa, apoyando su cabeza en su hombro.

— Lo siento que tengamos que esperar, no sé qué ocurre... —murmuró con preocupación, suspirando al aire con pesadez y empezando a morder la uña de su dedo pulgar. Un mal hábito que había desarrollado cuando tenía ansias.

— Esta bien... Es divertido...

La solución al tiempo de espera y el ambiente aburrido no fueron más que juegos tontos, o pláticas simples y algunos chistes que las hacían carcajear y llamar la atención de otros a su alrededor, Tzuyu se encontraba verdaderamente abrumada de que la situación no le agradará a Sana. En verdad no quería incomodarla o que le molestara estar sentadas en el suelo, sentadas y viendo como un montones de gente pasaban delante de ellas cada cierto tiempo.

— Tranquila —escucho a su lado, inclino un poco la cabeza para ver a Sana, quien le sonreía con ternura— llegará pronto...

— ¡Ahí están! —un grito hizo que ambas voltearan a la dueña de esa repentina interrupción, Sana entreabrio sus labios al ver a la mujer delante suyo.

Era una versión mucho mayor de Tzuyu, sin duda se trataria de su suegra.

Tzuyu se puso de pie y se acercó a la mujer que con una gran sonrisa abría sus brazos para recibirla, Sana volvió a sonreír cuando vio cómo el gesto era correspondido con algo de intensidad. Sabía que su novia la extrañaba demasiado, y justo ahora lo confirmaba.

— Mamá, ella es...

— ¡Minatozaki Sana! —exclamó con alegría, abrazándola con la misma fuerza que con su hija, la japonesa ni siquiera sabía como reaccionar esperaba algo diferente— Es un gusto conocerte.

Rio bajito por el marcado acento en su voz, así que sin más envolvió sus brazos de la misma manera y sonrió en dirección a Tzuyu que las observaba a tan solo unos pasos de distancia, con cariño desbordando de su mirada y una brillante sonrisa.

— Tzuyu me habló maravillas de ti, vamos... —la invito a caminar a su lado, por lo que asintió.

La menor camino a su otro lado, arrastrando las dos maletas para darle la oportunidad de que continuarán hablando y conociéndose.
El camino a su casa fue algo lento, pero no podía quejarse, no cuando veía la emoción en el rostro de la mayor.

Estaba muy feliz de todo lo que estaba ocurriendo, las cosas simplemente estaban marchando a la perfección al lado de Tzuyu.

Tan mágico y hermoso, incluso nuevo. Como si estuviera viviendo un cuento de hadas.

— Ponte cómoda, yo dejaré esto en la habitación...

— Oh, bebé... ¿Podrías conectar mi teléfono a su cargador? —preguntó extendiendo el aparato a ella— te alcanzo en un segundo...

— Esta bien.

Tzuyu camino a través del pasillo, sonriendo con nostalgia por el lugar.

Tenia cerca de un año sin visitar a su madre, la extrañaba y a todos esos recuerdos que llevaba con ella.

Llegó hasta su habitación y soltó una risilla.

— No recordaba mi cama tan pequeña —susurro para sí misma, sentándose al borde de la misma.

Suspiro buscando algún enchufe en el cual conectar el teléfono de Sana. Justo había uno a su lado, así que agradecía el no tener que moverse tan lejos.

Conecto el aparato y miró como este se encendía, frunció las cejas ligeramente y torció sus labios cuando la pantalla de inicio se iluminó, dejando ver las notificaciones de algunas aplicaciones que tenía. Entre ellas, la de mensajes y llamadas. Supuso que Sana no había atendido ninguno de ellos por la batería agotada.

No quería divagar más en ello e irrumpir en la privacidad de Sana, ya que ella no se consideraba de ese tipo. Confiaba plenamente en su novia.

Pero justo en ese momento, una llamada entrante hizo que su mirada volviera al aparato, como si se tratara de un imán.

Su puño endureció y una creciente tensión se instaló en su pecho cuando vio el nombre del contacto a quien pertenecía no sólo esa llamada, sino que también las demás.

Dejó el teléfono en espera.

Por otro lado, Sana escucho el ya conocido tono desde la sala, fue por eso que se disculpo.

Tzuyu ya se había tardado así que uso eso en excusa de ir a buscarla y de paso ver quién la había llamado, seguramente sería Mina, preguntando si todo estaba bien.

Lo que no espero al entrar a la habitación fue ver a Tzuyu con un semblante neutro.

— Tzuie —la llamó con suavidad, por alguna razón podía percibir que algo no andaba bien.

— ¿Vas a regresar la llamada? —preguntó después de unos segundos, su tono de voz siendo firme y rudo, lo que hizo estremecer a Sana en su lugar.

— ¿Eh?

Ver a Tzuyu ponerse de pie y acercarse la intimido por completo, permaneció rígida y levemente asustada por el cambio tan brusco de actitud.

— Te llamo, y tienes mensajes de él.

Mordio su labio con nervios, no podía pretender que no entendía a lo que se refería. Su mirada vaciló por todo el lugar, tratando a toda costa de evitar a Tzuyu, pero le fue imposible.

— Puedo explicarlo... —dijo en un hilo de voz.

— ¿Que me explicaras? —su voz tembló, Sana la miró con temor y un nudo se formó en su estómago cuando logró visualizar lágrimas formándose en los ojos de la contraria— ¿Qué soy tú premio de consuelo porque él te engaño? ¿Una simple chica de la que te aprovechaste? ¿Eso me dirás?

— No... —contestó rápidamente— No eres nada de eso, Tzu... Por favor, no se que hace llamándome...

— Dijiste que lo habías bloqueado Sana, dijiste que ya no tenías comunicación con él, maldición —balbuceo cerrando sus ojos con fuerza, ocasionando que las primeras lágrimas cayeran por sus mejillas.

— Él me pidió que nos reuniéramos, y sucedió... Pero mi única intención al hablarle era para decirle que dejara de molestar a mis amigas y a mi, me pidió una oportunidad que jamás volverá a tener... Ahora estoy contigo, y eres la única a la que amo —explico nerviosa.— No te lo dije porque no quería que tuvieras una mala reacción o que pensaras otra cosa de mi...

La mente de la menor era como un acertijo, todas sus ideas no lograban llegar a un buen desenlace.

— ¿Cómo sé que eso es verdad?

— ¿No confías en mi?

Guardo silencio por unos segundos los cuáles se hicieron eternos para la mayor que no sabía que hacer. Todo estaba jodido, había traicionado la confianza de Tzuyu y le dolía.

— Ustedes estuvieron juntos... No se que creer...

— Tzuyu... —susurro.

— Dejame sola Sana, quiero pensar...




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Lloren pues

desconocido. [satzu] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora