Llámame el sábado

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 Solo me quedó el folio en blanco

y todo aquello que callé.

Ni siquiera quedaban ya

las ganas de escribir.


La misma canción de siempre,

la dejo de fondo mientras miro por la ventana.

El mismo chico de todos los jueves,

sentado en el banco,

espera a aquel chico que le hacía sonreír

hace un par de meses atrás.


Está cabizbajo,

y solo observa sus zapatos.

Como si ellos tuvieran la culpa

de que él huyera por el miedo a equivocarse.


Se marcha hacía las 8,

suele ser la hora en la que

acaba cansada su esperanza.

Aun así remira el reloj un par de veces,

como si el tiempo se hubiera parado

aquella vez que él le dijo te quiero.


Los viernes suelo lanzar

el bolígrafo contra la pared,

mi paciencia me abandonó la misma noche

en la que nunca llamaste.

Al menos me sirvió para reprocharte

y poder escribir:

"No me llames esta noche...

Hoy no tengo fuerzas para colgarte."


Así que suelo abrir la ventana,

y encender cualquier cigarro

que me queme tanto

como tus mentiras.

Al asomarme veo a un chico de lento caminar,

como si todavía esperara que lo detuviesen.


Se sienta en otro banco,

y deja que tiemblen sus manos,

como si supiese que la ausencia de otras

están pasándoles factura.


A veces apuesto todo al destino,

y en una de esas noches de poca voluntad

pienso en que el próximo jueves

o el siguiente viernes

le diré a cualquiera de los dos

que el otro le quiere.


Les explicaría que he estado viendo

cómo vuelven con el deseo de encontrar

al otro casi sin querer.

Y les pediría que se esperaran

en los días contrarios.


Como si yo pudiera escribir

por una vez un final feliz,

aunque sea en una historia

que no es la mía.


Yo,

que nunca he tenido el valor

de decirte como me sigue doliendo tu mirada,

a pesar de lo mucho que ha llovido

desde la última vez que te vi.


No sería capaz de reunir a dos personas

que siguen dándose la vuelta

en busca de la sombra del otro.

Creo que haré como contigo,

cuando dejo sonar el móvil

hasta que desaparece tu nombre de la pantalla.


Ya sabes que lo hago por precaución,

no vaya a ser que un día te conteste

y se me escape que te esperaría mil noches más.

Si algún día lees esto,

aparece por el banco de debajo de mi ventana,

un sábado,

hagámoslo nuestro.

Quererte en el desamorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora