Final feliz

30 3 0
                                        

 Te escribí y nunca contestaste.

Tal vez no te quedó claro

que aquel poema era tuyo.


Ya no es que fuese para ti,

si no que estaba hecho de todas tus sonrisas,

puede que sea por eso que encuentres

tan cursiva la letra.


Aquí te dejo muchas de las cosas

que nunca te he dicho.

Como que me gustó que trajeras a mi casa

tu cepillo de dientes,

el mío dejó de sentirse solo

y de la nada yo también.


Tampoco te he contado

que no soporto tu estúpida costumbre

de dejar la ventana abierta

incluso en las noches frías.

Me ha costado entender

que es tu forma de tener una excusa

para que te abrace.


Esa es otra,

siempre debo adivinar

que pasa por tu cabeza.

Tú eres de hielo,

y llevas una coraza

que se defiende a base de miedos.


Creo que en todas las estaciones

en las que hemos vivido,

solo te he cogido una vez con la guardia baja.

Y después de aquella noche

donde te abriste en canal

supe que este era el tren de mi vida.


Al fin y al cabo te gusta poner difícil las cosas,

sueles decir que lo fácil acaba antes.

Los dos sabemos que el mérito contigo

no está en compartir cama,

como muchos creen,

si no que a la mañana siguiente tú sigas ahí.


Me gusta que te hagas el dormido

para que yo continúe pensando

que ese es el motivo

por el que no te has ido.

Pero no te engañes

no existe despertador

que consiguiera

que quisieras levantarte.


Por una vez habrá un poema

que no acaba mal.

Si todavía no me has leído

espero que sea porque has ido

a comprar el desayuno.

Date prisa,

que el olor a ti empieza a desvanecerse

de la almohada.


No te lo repetiré,

ni una vez más,

-te quiero-.

Cierra la ventana

que a los únicos que les permito

erizarme la piel son a tus latidos.

Quererte en el desamorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora