Epílogo

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El tiempo parecía haberse parado, pero los primeros rayos de sol ya habían empezado a penetrar el boquete que Estella había abierto en el techo. Mason y Cynthia se mantuvieron al margen. Temían que cualquier gesto rompiera un poquito más a su amiga, si es que aquello era posible.

Lloraba con el cuerpo de su hermana sobre sus brazos. No se había separado de ella desde que Rey se desvaneció.

Ya era de día cuando, en silencio, Estella se levantó y abrazó a sus amigos. Tenía el cuerpo lleno de sangre, golpes y heridas. No obstante, su aspecto físico no era nada en comparación a los cráteres que había en su corazón.

—Volvamos a casa—susurró Mason.

—Yo ya no tengo casa—dijo Estella.

Se quedaron en silencio. Estella seguía llorando y no podía dejar de temblar.

—¿Cómo dices?—preguntó Cynthia, que no se atrevía a mirar a su amiga a los ojos.

—Ellos... El Consejo...—comenzó a hablar, pero las palabras no querían salir. Todo le daba demasiado miedo—han planeado todo esto. Ellos lo han hecho...

—¿Por qué dices eso?—dijo Mason sorprendido—¿Dónde está Nathan?

—Él me traicionó. Él me entregó a ellos, pero lo tenían todo planeado... El Consejo lo había hablado con ellos—Estella balbuceó débilmente. Estaba sin fuerzas—. Estaba todo pensado, que íbamos a huir, que íbamos a venir aquí... ¿Lo sabíais? ¡¿LO SABÍAIS?!

Agitó su cuerpo con violencia mientras gritaba las últimas palabras. No sabía si Mason y Cynthia estaban de su parte o si la iban a traicionar. Lo único que deseaba era que todo aquello terminara y se despertara en su cama.

—No...—susurró su amiga— ¿cómo íbamos a saberlo? ¿Cómo íbamos a permitir que esto pasara?

—Siento que ya no puedo confiar en nadie —lloró Estella—. Ya no sé quién está jugando conmigo y quién me quiere ayudar de verdad.

—Nosotros estamos aquí—susurró Mason.

Estella lloraba. Todo aquello era demasiado para ella. Quería desaparecer de allí. Quería dormir y no volver a despertar.

Abrazó a sus amigos intentando encontrar algo de consuelo entre sus brazos, aunque sabía de sobra que no había cura para aquel dolor.

—Tranquila, Estella. Todo saldrá bien.


FIN DEL PRIMER LIBRO

EstellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora