9: Colisión

6 2 2
                                    

A Estella no le resultó excesivamente complicado adaptarse a la vida allí abajo. La enorme caverna subterránea se había convertido en el primer lugar donde se sentía refugiada desde que huyó de casa. Estaba segura de que nadie la encontraría en La Guarida. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía segura, aunque no tranquila. Aún le quedaba un largo camino por recorrer.

Había forjado un único objetivo que se disponía a ejecutar a toda costa, aunque fuera lo último que hiciera: matar a Devrob. Repetía aquel mantra frente al espejo día tras día antes de abandonar su habitación y dirigirse a entrenar.

Mientras se observaba en el espejo aquella mañana, pensó en la primera noche que pasó allí. Hab agotada, asustada y llena de dudas. El brazo aún le dolía y tuvo que ser Nile quien empujó la puerta de lo que sería su habitación mientras estuviera viviendo con ellos . No era un espacio muy amplio y las limpias paredes desnudas suponían un gran cambio en comparación al abarrotado espacio del que venían. La cama, vestida con unas finas sábanas blancas ocupaba la mayor parte de la estancia.

Cuando se despertó a la mañana siguiente, se sorprendió al encontrar varias prendas negras similares a las que vestían el resto de los habitantes de La Guarida. Se puso la ropa limpia, agradecida de poder deshacerse de los harapos rotos y sucios que llevaba vistiendo desde su vuelta del desierto.

Se topó con Dana en el enorme habitáculo en el que se habían juntado con Nile y Seline la noche anterior.

—Buenos días—saludó Dana con una media sonrisa.

Parecía descansada y algo más tranquila, a pesar de las ojeras que rodeaban su mirada.

—Buenos días—respondió ella.

—Ven, sígueme—le ordenó mientras se acercaba hacia una de las puertas metálicas incrustada en las paredes—. Voy a enseñarte un sitio donde vas a pasar mucho tiempo.

Estella no supo cómo interpretar las palabras de la mujer que la había rescatado del sífago. Tras la pesada puerta que cedió nada más entrar en contacto con el anillo de Dana, se encontraron con una estancia tan amplia como la anterior.

Una enorme sala de entrenamiento les dio la bienvenida. Las paredes, cubiertas de espejos, reflejaban la infinidad de armas y herramientas que aguardaban ansiosas a la espera de que alguien las empleara.

—¿Qué es esto?—fue lo primero que preguntó aún asombrada por lo que sus ojos estaban viendo—¿Dónde estamos?

—La Guarida—prosiguió tras una breve pausa—se trata de un lugar que se encarga de proporcionar ayuda a gente como nosotros que está en apuros.

Pese a tratarse de una explicación bastante vaga, Estella comprendía a la perfección a qué se refería Dana al referirse a la gente como nosotros. Ella también era capaz de hacer cosas inexplicables que no lograba comprender. No estaba segura de cuántos como ellos habría, pero lo poco que había visto le había hecho suponer que eran muchos. Y todos ellos vivían escondidos sin que nadie se percatara de que vivían puerta con puerta.

—La gente viene aquí para encontrar refugio o auxilio. Somos pocos y estamos cada vez más divididos—siguió explicando Dana—. La mayoría de gente se queda aquí temporalmente, pero dada la situación actual, nosotros decidimos quedarnos y utilizar este lugar como centro de investigación.

—Entonces, esto es una especie de refugio, ¿no?

Dana asintió.

—¿Por qué has dicho que estáis cada vez más divididos?—preguntó, aunque creía conocer, al menos, parte de la respuesta.

EstellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora