Extra 1: Un adiós para siempre.

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Narrador

Y era que Emma no tenía nada que perdonar al coronel, ella amaba todas sus facetas. Incluso está, aún cuando ella decía odiarlo.

—Es hora de que te vayas, Emma —y es que el coronel tenía una barrera impenetrable a sus sentimientos.

Christopher lo sabía, que mientras él existiera y ella no estuviera más que a unas horas siempre serían uno, no le importaba el tiempo, los días, meses o incluso años que Emma estaría alejada de él y de todos a su alrededor.

—No quiero irme —solloza la sargento—. Por favor, no me alejes de tí.

—Vete —el coronel se mantiene firme ante su decisión.

Y es que la vida del coronel tiene dos grandes problemas.

1: preocuparse por ser ministro.

2: tener a la mujer que le pertenece con él, siendo la primera dama.

Alexander, el hermano menor de Christopher y por quien Emma guarda un pequeño rencor se encuentra ahí, esperando que Emma se despida del coronel.

El adiós nunca es bueno, pero esta vez es necesario. Si para salvar a Emma tuviera que hacer esto otra vez, él lo haría. Quizás aprendió a amar, pero si me lo preguntan… Christopher construyó un corazón en el que solo Emma pudiera gobernar, dónde se sintiera libre de expresar su dolor, su ánimo, sus pensamientos, porque si había algo que Christopher siempre haría sería escucharla.

—Vamos, Emma —Alexander intenta tomarla.

Emma solo sabe llorar pidiendo al coronel que la tenga con él, que ella promete jamás volver a fallar, jamás volver a imaginar cosas que no son, jamás sufrir. Solo pide su amor. Y es que el coronel quisiera decirle que sí, que se quede con él, que todo se puede juntos, pero sería egoísta, él es egoísta, pero negarle la felicidad y recuperación a Emma lo llevaría al borde de la locura.

Han pasado dos días desde la muerte de Rachel. Christopher ha vivido esos dos días como si fueran los últimos, la llevo a ver el atardecer, la llevo a cenar, volaron y saltaron de un avión. Nadaron, gritaron, corrieron, vivieron todo como si fueran los últimos días, y es que para el coronel si lo eran, quedaban dos días para que su corazón dejará de latir porque la dueña de tal lugar debía marchar, debía ser feliz. Quería ser egoísta, pero aprender a sentir solo por Emma lo había enseñado a ver su felicidad antes que la de él.

—¡Que te largues! —termina de gritar el coronel.

La sargento no hace más que sollozar, pide algo al más allá, si hay un Dios que por favor la escuché, si hay un demonio al cual vender el alma solo por estar con el coronel. No necesita otra cosa para ser feliz, solo a su coronel. Pero el amor no lo es todo en el mundo, y el amor no gana todas las batallas, el amor no sana, el amor no destruye trastornos, el amor no te hace vivir siempre, el amor no da el 100% de felicidad. Emma lo entenderá con el tiempo.

—¡Christopher! —su voz se quiebra, sus cuerdas vocales duelen—, por favor, no me dejes.

El coronel solo puede pensar en ella, en su dolor. Mira a su hermano menor, quien sujeta a Emma, detrás de ellos se encuentran Alex y Patrick. Ellos serán los encargados de llevar bien a Emma, y volver a sus respectivos trabajos.

Su hermano y él se mantiene las miradas. Dicen por ahí que las miradas dicen más que las palabras, pues parece que ellos son expertos en comunicarse de esa manera. Alexander puede ser más sensible que Christopher, pero él jamás renunciaría a su amor. Alexander es tan egoísta con quiénes ama, pero sabe que debe hacer. Supongo que ser psiquiatra no es lo suyo, pero es lo que le apasiona.

—Es hora, Emma —habla Alexander.

Y es que la clínica psiquiatra a la que va no es una cualquiera, es en realidad la mejor, dónde Christopher se asegura de tener ojos y oídos para su Emma, para la mujer que de una u otra manera con su dolor lo conquistó, con su mirada apagada le pidió ayuda, ahora él hace eso. Ayúdarla.

El coronel gira sobre su eje, dejando el jet de la familia ahí, es hora de volver a la central, es hora de ser un coronel, es hora de ser ministro, porque él también debe presumir algo para cuándo Emma vuelva.

Todo a su alrededor desaparece, llega a su oficina, encontrándose con la realidad que tanto odia. Dejar ir. Grita tan alto como lo logra, sin importar que otras personas escuchen, rompe y tira todo, las lágrimas caen por sus ojos con fuerza, recordando a su dueño como deja ir a su amor. Llora por ella, grita de furia por las personas que la dañaron. Odia a Luciana, odia a Rick, odia a Sam, odia a la muerte de Rachel. Él odia todo lo que hace daño a Emma, puede que se odie a si mismo. Porque él también la daño, él también ayudo.

Grita, rompe, destroza todo. Golpea las paredes, golpea los regalos, golpea sus cuadros. Golpea todo, el dolor no lo hace humano, es Emma quien lo hace humano.

—¡POR UN DIOS! —grita cayendo de rodillas.

Espera que un Dios lo escuché, espera no tener que vivir sin la persona que lo hizo sentir vivo, que lo hizo no querer acabar con todos. Espera hacer que Emma viva su final feliz, no un final abierto. Espera que si existe un Dios él lo escuché…

Nota.

Llorar por personajes es mi pasión</3

No me toquen, soy lágrimas.

Empher#1 (Christopher X Emma)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora