Al llegar a la central, todas las personas están en sus propios asuntos. La milicia no es una cosa normal, aún más cuando no eres un simple soldado, todo empeora cuando eres una fuerza encubierta. Milicia.
A mi lado derecho se mantiene Rachel, a mi lado izquierdo se mantiene Bratt (él es el ex novio de mi hermana, pero es un maldito asqueroso) frente está el ministro Alex Morgan, y a su lado se mantiene Christopher Morgan.
—¿Viviré con usted, teniente? —pregunto a mi hermana. El respeto es primordial en la milicia, ya que las pequeñas muestras de afecto no son bien vistas.
—No —se limita a responder.
«¿Dónde viviré?»
Bratt mantiene mis maletas, pero ya no camina a mi lado, ahora está dirigiendo mis cosas a las habitaciones militares. Ay no. No quiero vivir aquí, es horrible.
—A su puesto, teniente —ordena el coronel.
Rachel asiente, y se dispone a marcharse. Subimos al ascensor. En el cuarto piso está ubicada la oficina del coronel. Al llegar una mujer —supongo su secretaria— le da unos papeles, mientras habla sobre unas llamadas de medida urgente. El coronel la saca de su oficina en cuanto termina. Tomo asiento en la silla frente al escritorio, el ministro toma asiento en el sillon y el coronel toma asiento en su silla. Pone sus manos en el escritorio y las entrelaza.
—Muy bien, Emma James —me mira con indiferencia—. Por orden del ministros y los demás superiores seré yo quien lleve su entrenamiento a lo largo de cinco meses —su mandíbula se tensa—. No sé que espera usted de un coronel, pero es mejor que espere lo peor. Mis métodos de entrenamiento no son estupideces, mis métodos de entrenamiento son de sufrimiento, de superación día a día. Justo cuando vea que usted es incapaz de hacer una mínima tarea queda fuera de la central, ¿Entendido?
Trago con fuerza. —Entiendo.
—Por otro lado —suelta sus manos y presiona el puente de su nariz. Vuelve a entrelazar las manos—, vivirá en la central, ya que solo es un periodo de prueba, y, aunque participará en las misiones no requiero que salga de la central para nada más. Si la quiero en cinco segundos, en cinco segundos usted debe estar presente, ¿Entiende?
—Lo entiendo —me limito a responder.
Asiente, abro mi boca para pedir permiso de retiro, pero la voz del ministro me interrumpe.
—Ya sabes las reglas de la milicia, Emma. Es mejor que se hagan bien las cosas. No quiero tener que escuchar reproches del coronel por su culpa, aquí las cosas son blanco o negro, pero no gris.
—Si, ministro —Respondo sin mirar sus ojos—, permiso para retirarme.
—Fuera —quien responde es el coronel.
Me pongo de pie, me encaminó a la salida. En cuanto salgo, choco con la secretaria del coronel. Retrocedo.
—Disculpa —hablo.
—P-perdón, fue mi culpa —sus mejillas se tornan de carmesí suave.
Asiento. Me dirijo al ascensor, mi cabeza está hecha un lío. Se que puedo hacer esto, pero una parte de mi sabe que esto no es lo que deseo, pero la otra parte se niega a renunciar, necesito que Rick se de cuenta que yo también puedo...
En el ascensor me encuentro con Patrick Linguini.
—Capitán —saludo.
—Emma —sonríe—, ¿Cómo te encuentras?
—Bien, gracias —sonrío—. ¿Que tal tu?
—Estoy bien, gracias por preguntar —guiña un ojo.
Asiento. Patrick Linguini es el capitán de inteligencia, y un gran hombre. A veces hablo con él por mensaje, siempre es bueno alegrando a las personas.
—Cuando acabes esto iremos a tomar algo para celebrar, pequeña —ríe. Me abraza.
Acepto el abrazo. —Por supuesto, Pat.
Al llegar al primer piso, ambos salimos. Él es quien me indicara mi nueva habitación. Dejo que me guíe, mientras me cuenta algunas cosas. Mantenemos una distancia razonable, ya que… bueno, muestras de afecto.
Al llegar se despide. Me adentro a la habitación y no es la gran cosa. Hay una cama, un pequeño armario, una puerta —la del baño—, al lado de la ventana se encuentra un espejo de cuerpo completo, y por último una mesita de noche. Es bastante espacioso. Encima de la cama estan los uniformes. Empiezo a desempacar, ordeno todo. Al cabo de tres horas termino. Son las ocho de la noche, es hora de dormir. Tomo una ducha, en cuanto salgo tomo el móvil. Muerdo mi labio inferior debatiendo si hablarle o mejor esperar que él lo haga. Al final decido.
Emma
Hola, Alec:)
Dejo el móvil en la cama, me dirijo al armario, me pongo cualquier pijama, miro mi reflejo en el espejo. Alzo mi camisa al nivel de mis pechos, carezco de curvas, pero me gusta mi cuerpo. Mis pechos son pequeños, mi abdomen es plano y trabajado, mis piernas no son muy delgadas, mis facciones son marcadas, pero sin ser exageradas, mis ojos son herencia de Luciana…
Bajo mi camisa, y me acuesto. Tomo de nuevo el móvil, hay una mensaje de Alexander.
Alec
Me llamo Alexander, Emma.
Hola a ti también.
Emma
Alec, por eso<3
¿Estás ocupado?
Alec
Imposible lidiar con personas tercas.
0 ocupado, ¿Necesitas algo?
Emma
¿Podemos hablar por video?
Muerdo mi labio inferior esperando una respuesta, cuando creo que no va a responder… una vídeo entrando. Contesto. La pantalla se ilumina con su rostro, está en un sillón, sin camisa… vaya músculos.
—Hola —hablo luego de un largo silencio.
—Hola, Emma —responde— ¿Qué tal tu día?
—Pudo estar peor —sonrío— ¿Qué tal el tuyo?
—Estuvo bien —arruga la nariz.
—¿Seguro?
—Por supuesto —sonríe.
Rasca su nuca. Entrecierro los ojos haciendo que alce las manos en señal de rendimiento.
—¿Qué pasa?
—Me intimidas chica que me llega a la cintura —sonríe.
—¡Oye! —me quejo— soy alta, te llegó hasta abajito del hombro.
—Claro —rueda los ojos.
La charla continúa animadamente. Responde alguna de mis preguntas. La llamada termina luego de dos horas. Dejo el móvil en la mesa de noche. El vuelo me dejó cansada, así que me acomodo y el sueño no tarda en llegar.
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Empher#1 (Christopher X Emma)
Fanfiction🔥Fanfic de la trilogía pecados placenteros y la bilogia dominio. De Eva Muñoz 🔥 Emma James, la menor de la James. Ella sabe que su vida tiene un rumbo, rumbo que sus padres decidieron, no hay mucho que hacer. Aunque siempre llega alguien que te ha...
