Una historia basada en "Lámpara Mágica" del juego Dress up time Princess. Que parte desde uno de sus finales. (Fanfic) • EN REVISIÓN.
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Camino con la cabeza erguida, pero el temor no me abandona. Ninguna de mis clases sobre liderazgo, etiqueta o protocolo parece suficiente en este momento. Toco la puerta con firmeza, esperando, y tras un breve silencio, escucho la voz de Scheherazade.
—¡Pase!
Las puertas se abren de par en par, y con ellas se desvanece mi risa nerviosa, reemplazada por una expresión seria. Avanzo con la mejor postura y dignidad que puedo, aunque por dentro todo es un infierno, nadie debe notarlo.
Recorro el salón con la mirada, evaluando a los presentes: algunos consejeros, representantes del pueblo y otros desconocidos.
Scheherazade me recibe con una sonrisa cálida, mirando a todos antes de hablar.
—Creo que algunos no la reconocen. Les presento con gusto a mi hermosa nuera y reina, Gina...
Todos me observan, algunos con curiosidad, otros con respeto. Les sonrío y hago una leve reverencia.
—El honor es mío, representantes.
Puedo sentir la duda en sus miradas: "¿Qué hace esta joven aquí?" No voy a dejar que se queden con la intriga. Me posiciono en una esquina superior de la mesa y comienzo mi discurso.
—Como todos saben, Luna Llena está en peligro. Al no estar el rey Kahir...—Mi voz se quiebra, bajo la cabeza y respiro profundamente antes de continuar— Al no estar el rey, la responsabilidad de proteger no solo a ustedes, sino a todo el pueblo, recae sobre mí. Y estoy decidida a cumplirla.
—¡Pero no hay salvación! - exclama un consejero.
—¡Siempre la hay! Tengo la solución.
Mi última frase viene acompañada de un latido acelerado, tal vez causado por mi rabia. La rabia de saber que no puedo quedarme de brazos cruzados.
El salón queda en silencio, los ojos de todos quedan fijos en mí. Scheherazade, con una expresión orgullosa, me toma por los hombros y señala el asiento principal.
Al sentarme, respiro profundamente y sigo hablando.
—Este es mi plan. Necesito que todos los secretarios, escritores y poetas, todo aquel que pueda escribir con fluidez, se presente esta tarde en el palacio. Serán los encargados de copiar un comunicado que yo misma dictaré. Todos los habitantes deben salir de la ciudad en una semana.
Pauso para tomar un nuevo aliento.
—Después, quiero que convoquen a los comerciantes, hombres fuertes y jóvenes de todos los alrededores. Deberán llevar materiales para construcción, comida y agua al lugar que les indique mi mano derecha. Deben pagarles por sus servicios.
Mientras hablo, veo cómo los hombres se miran entre sí, sorprendidos. Al finalizar, uno de ellos se atreve a preguntar:
—¿Qué planea hacer exactamente, su alteza?
—Ponernos a salvo.
—¿Consultó con alguien más?
—¿Por qué debería hacerlo? Soy la autoridad. Sé que parece una locura, pero no tenemos otra opción.
—Pero...
El consejero es interrumpido por Scheherazade, quien hace un gesto para callarlo. Él asiente, suspira, y se pone de pie. Los demás siguen su ejemplo y, uno por uno, aprueban el plan:
—¡Que se haga tal como la reina desea!
Al verlos marchar por la puerta, una sensación extraña me invade. ¿Así se siente dirigir? ¿Estoy haciendo lo correcto? Si no es así, ya no hay tiempo para corregirlo.
Recuerdo que mencioné a "una mano derecha", alguien en quien pueda confiar para ejecutar estos planes. Pero, ¿quién será esa persona?
Salgo apresurada del salón y llamo a Light.
—¿Qué puedo hacer por ti, Gina?—me responde con ceremonia, no estamos solos
—Quiero que seas más que mi mejor amigo.
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