Una historia basada en "Lámpara Mágica" del juego Dress up time Princess. Que parte desde uno de sus finales. (Fanfic) • EN REVISIÓN.
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Ya han pasado más de doce días desde que nos enteramos de la muerte de Kahir, y el dolor no se desvanece. Scheherazade parece haber encontrado una forma de mantener su compostura, pero yo... no puedo dejar de sentirme vacía. Siento que la vida se ha detenido, que todo se ha desmoronado a mi alrededor. ¿Qué se supone que debo hacer ahora, si ya no está él?
Light me visita con frecuencia en mi habitación, donde me he refugiado desde la noticia. Él trata de hacerme sonreír, a veces lo logra, pero otras veces sus esfuerzos son en vano. Me siento desconectada de todo, y la sonrisa me parece un esfuerzo vano en este mundo que encuentro desolado.
A pesar de la tristeza que me consume, recibo cartas de las personas, y Simbad viene con dátiles, higos y muchas otras cosas de sus viajes. Aunque aprecio su compañía y las atenciones de los demás, por las noches... me hace mucha falta el calor de mi amado, el refugio de su abrazo, la paz de su voz.
No he olvidado que el pueblo y todos sus habitantes corren peligro, pero las predicciones de los astrónomos son aterradoras. La luna crece más y más cada día, y con ella, la sensación de que todo podría llegar a su fin. ¿Es este el destino que nos aguarda?
Una mañana, Scheherazade tocó en mi habitación, y al abrirle la puerta, vi una sonrisa en su rostro, algo que no había visto en días.
—Buen día, Gina.
—Buen día—le respondí con una débil sonrisa—¿Está todo bien?
—Tienes visita—Dijo, apartándose para dejar ver a la abuela Fatimah, quien traía una pequeña bolsita en sus manos.
Sorprendida por su visita, la invité a pasar. Se sentó frente a mí con su habitual calma y cariño.
—Puedo verlo a simple vista—dijo Fatimah con una mirada penetrante.
—¿Qué ves?—Pregunté, aunque no estaba segura de querer escuchar la respuesta.
—Tu valor. Estás llena de él, pero has dejado de aceptarlo.
—No tengo nada de valor, ni ánimos para demostrarlo—Mis palabras salieron casi sin pensar, el vacío que sentía me hubiera dejado sin fuerzas.
—Eres la reina, Gina... Sin ti, todo está perdido—La escuché con el corazón en la garganta. Su voz tan firme me paralizó por completo. Solo la familia real y algunos aliados cercanos saben del verdadero peligro que acecha, y Fatimah no debería saberlo.
—Nada está perdido—respondí, erguida para darle peso imperial a mis palabras.
—¿Nada está perdido? Faltan cerca de dos meses, y ¿dices que nada está perdido?—Fatimah meneó la cabeza, riendo suavemente.
—¿Dos meses?—Pregunté, haciéndome pasar por confundida.
La anciana no tardó en responder, con risa calmada mientras hablaba.
—La luna caerá, y tú debes hacer algo para que todos estén a salvo. No es la primera vez que alguien enfrenta esto. Las generaciones actuales lo han olvidado, pero tú... te lo han informador.
Sus palabras me empujaban a tomar acción, no rendirme, pero...
—No puedo hacerlo todo sola.
—No estás sola. Tienes el apoyo de todos. Tienes la admiración de todos—Fatimah dejo la bolsita que traía consigo en mis manos.
—De todos menos...—Mi voz se rompió antes de terminar la frase. Me faltaba Kahir, su presencia era el pilar que me mantenía en pie, y su ausencia era un agujero en mi alma.
Fatimah no dijo nada más sobre eso, pero su mirada fue suficiente. Sabía lo que sentía, y comprender eso hizo que sus palabras resonaron en mi corazón.
—Es difícil perder a un ser amado como tu esposo, Gina. Pero debes convencerte de que eres más fuerte de lo que crees—Se levantó y partió. Sus palabras, aunque simples, estaban llenas de la sabiduría anciana.
Cuando salió, me quedé allí, pensativa, con la bolsita en mis manos. Dentro de ella había cristales de sales y aromas, olfatearlos era relajante. Con ayuda de estos pude sentarme a meditar.
Los recuerdos de mi boda llegaron a mí como una marea. La risa de la niña que había dicho: "Cuando crezca, quiero ser como su alteza real". Las palabras de Fatimah tenían razón. Debía ser fuerte. No solo por mí, sino por todos. Kahir ya no estaba, pero mi deber como reina seguía intacto. Si realmente quedaban solo dos meses, debía actuar. Tenía que encontrar una solución, no solo para mí, sino para todos los que dependían de mí, por todos los que amo y aún quedan en esta tierra.
Me levanto de la silla, con una nueva determinación. No puedo seguir sumida en la desesperación. Si el destino nos ha puesto a prueba, debo enfrentar esa prueba con todo lo que soy.
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