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Luego de la conversación con la señora, Soraru subió hacia el cuarto que compartía con Mafumafu, para encontrarlo solo con los pantalones de pijama e hizo señas con enojo al verlo entrar sin tocar.
El azabache no detuvo su paso hasta abrazarlo, apretando al chico contra sí, intentando borrar de su cabeza la idea de que su amigo había estado muerto.
Mafumafu estaba confundido, pero dejó el abrazo porque le gustaba cuando el mayor lo abrazaba así de bien.
Hizo una seña con la mano para preguntar qué le pasaba.
Soraru se avergonzó cuando reaccionó en lo que había hecho, e intentó apartar la mirada del pecho desnudo de Mafumafu.
—Eh... No, no, nada es que... — no podía decirle lo que había pasado, sabía que a Mafumafu no le gustaba hablar del tema. — soy muy afortunado de tenerte.... — murmuró, ocasionando que el rubor subiera a la mejilla de ambos.
Mafumafu se colocó la remera del pijama y le hizo una seña a Soraru para que él se agachara un poco, quedando con el rostro a su altura.
Un poco confundido, Soraru se inclinó hacia él.
Un poco más confundido cuando Mafumafu se acercó para dejar un beso en sus labios, no supo qué decir durante varios segundos.
—Mafu... — el menor colocó un dedo sobre los labios de Soraru, haciéndolo callar.
El azabache lo vió llevar otro dedo a sus gruesos labios, que tenían una pequeña sonrisa, haciendo el movimiento de "Shh" pero sin el sonido.
Y como si nada, se metió a su cama, dándole la espalda a Soraru, dejándole a entender que no hablarían del tema.
Soraru suspiró, tragando todo lo que quería decirle, tocó gentilmente sus labios, pensando que había sido bendecido.
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