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Mafumafu continuó avergonzado por lo ocurrido, pero teniendo a Soraru junto a él las veinticuatro horas, sonriéndole, robándole besos y abrazándolo mientras le decía que no debía tener vergüenza, dejó de pensar en eso poco tiempo después.
Soraru estaba tomando lecciones de lenguaje de señas con la madre de Mafumafu, con menos regularidad que cuando quiso declararse con señas, pero ahora que vivía bajo el mismo techo que su maestra podía tomar lecciones diarias, siempre y cuando ella no tuviera nada que hacer.
Mafumafu solía acompañarlos, pero, según su madre, distraía mucho a Soraru cuando éste debería estar aprendiendo, así que lo mandaba a su cuarto, a que hiciera la tarea o algo.
Mafumafu, lejos de ofenderse o sentirse mal por eso, le hacía caso, aunque Soraru le lanzaba besos conforme iba subiendo las escaleras hacia su dormitorio, haciéndolo reír.
—Lo primero que haces mal Soraru, es que memorizas las señas —dijo la señora—. No tienes que hacer eso, debes pensar con ellas, así, por cualquier cosa que quieras decir, tendrás una seña automática, igual que cuando quieras entender lo que dice Mafumafu.
Soraru siempre le hacía caso a todo lo que la señora le decía, y se estaba esforzando en serio para aprender, aunque todavía no lograba seguir una conversación con Mafumafu, y el chico seguía escribiendo, ya sea en el cuaderno, o en el celular, para hablar con él, pero podía capturar señas para preguntar, saludar o despedirse, podía presentarse, pedir perdón y dar las gracias, y unas cuantas frases y cosas particulares.
Todo muy básico para lo que hablaba con Mafumafu.
Solía mostrarle a Eve lo que había aprendido, y el castaño aprendía los gestos más rápido que él, lo que hacía que no tuviera ganas de contarle nada.
—Creí que con dieciocho años no serías tan infantil como para enojarte por eso —le dijo Eve cuando Soraru se negó a enseñarle señas.
El pelinegro sólo lo miró con el ceño fruncido.
—¡Vamos, Soraruuuuuuu! —Eve lo sacudió hasta que el otro lo golpeó para que se quedara quieto—. Como si te fuera a robar a Mafumafu hablando en señas o algo, sólo quiero aprender cosas nuevas.
Soraru sabía que Eve no lo hacía con esa intención, pero sólo estaba molesto porque el chico aprendía más rápido que él.
—Además, Kashitaro nos invitó a un campamento con personas de necesidades especiales, si llega a haber alguien que es sordo no podré ser su amigo si no aprendo señas —Eve hizo un puchero.
—¿Que Kashitaro qué? — preguntó Soraru— ¿Por qué te invitó a ti a ese lugar? Eres especial pero no tanto.
Eve lo golpeó, aunque Soraru sólo rió.
—Invitó a Sou en realidad, pero le dije que también iría —explicó—. Dile a Mafumafu que vaya así vienes también.
Soraru asintió, interesado.
—¿Por qué Kashitaro sabría de ese campamento?
Eve se encogió de hombros.
—Creo que es parte de una organización para personas así —dijo—. Trabaja mucho con la inclusión en las escuelas, tiene un proyecto de eso, por eso Sou viene aquí. O eso me explicó.
Soraru asintió.
—Iré a molestar a Kashitaro para ir — habló con una sonrisa, caminando hacia la dirección.
No habla hecho ni diez metros cuando Eve volvió a aparecer a su lado.
—¿Alguien dijo molestar?
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