—Jett ¿Cuándo será el día que entre a esta cocina y no estés comiendo?.
—Edna, siempre me verás comiendo, porque mis ratos libres son para eso. Si como lo que debo, seguiré siendo lo suficientemente alto y fuerte para ayudarte con las compras.
Escuchó a la mujer reír mientras asentía y pudo notar como se achicaban los ojos al hacerlo. Siguió con su almuerzo hasta acabarlo, ese día lo había preparado él mismo antes de salir de su hogar, y la verdad, es que le había quedado delicioso. Su abuela le había enseñado las cosas suficientes como para no necesitar de otros para sobrevivir.
—Jett, además de ser un alfa con principios decentes y una buena moral, amable y que siempre estás feliz, —recitó Edna de la nada—... por lo que se ve también cocinas, ¿Me explicas como es que nadie ha ido en cacería por ti?.
Ahora él soltó una risita.
—No es que no lo hayan hecho, Edna, desde que terminé mi última relación hace años, no estoy interesado en otra —explicó mientras se levantaba y tiraba los restos del descartable en que había empaquetado su inexistente comida—, tampoco me es facil aceptar a alguien nuevo en mí vida.
Si hubiera sido por él, seguían charlando sin drama, pero su teléfono sonó avisándole que algún miembro de aquella familia lo necesitaba. Se despidió de Edna y se dirigió hacía el garage, segundos después, ya estaba dentro del auto esperando. Suspiró mientras que veía su reflejó en uno de los espejos de afuera, una semana entera había pasado desde que inició aquel trabajo, una semana y Don Nathan siempre se olvidaba de decirle a quien de toda la familia Forest debía llevar a algún sitio.
Una semana desde el suceso del joven Harry y todavía no olvidaba su embriagante aroma. ¿Cómo era posible sentirlo con tal intensidad si ni siquiera él estaba aquí?. Abrió los ojos, que no supo cuando cerró, al escuchar el sonido de la puerta cerrarse y a una persona acomodándose en el asiento de atrás. Observó por el retrovisor, ya entendía por qué el aroma que recordaba se sentía a cada instante más fuerte.
Harry Foster le sonreía desde su lugar.
—Oye, sé que estoy hermoso como para que me devores completo con tus lindos ojos, pero necesito que le des duro al acelerador porque ando llegando tarde, y esos perros que tengo de hermanos después se andan con sus puteríos de lo irresponsable que soy.
Por la santísima, pensó, todos en esa casa realmente eran así de descarados. Le había tocado experimentar situaciones con cada miembro de los Foster para ese punto, desde los hermanos hasta los padres, cada uno era de esta manera. Sonrió asintiendo, ignorando sus pensamientos y enfocándose en su trabajo.
—¿A dónde debo llevarlo, joven Harry?
—Solo dime Harry, guapo Parker, no hace falta tantas formalidades después que me restregué sobre ti.
¿Cómo podía soltar algo de este modo, tan tranquilamente? Él nada más recordarlo le hacía revelar un leve sonrojo. De reojo, miró por el retrovisor, la sonrisa de Harry no se borraba, pero su expresión era amigable después de todo. Cuando por fin el Omega le dio el nombre del destino al que se dirigía, pudieron emprender camino sin más problemas.
Hubiera deseado que Harry Foster se quedara callado un rato más, porque se conocía la boca suelta que el mismo era.
Si le pagaran por cada vez que la había cagado únicamente con sus palabras, no necesitaría trabajar nunca más en su vida, de eso estaba seguro.
—Oye, puede que ese día estaba medio en la luna por culpa del celo, pero recuerdo que te hice algunos chupetones —soltó de repente, justo había parado en un semáforo— ¿Todavía lo tienes?
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Un alfa sin suerte
General Fiction¿Qué tan mala podía ser la suerte de Jett Parker para que en su primer día de trabajo se encontrara con un Omega en celo? Muy mala, sin duda alguna. ... Los empleos de Jett Parker habían cambiado tanto en los últimos meses que el concepto de estabil...
