24: "Marcas, culpa y amor"

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El primer día que llegaron al pueblo no hicieron más que pasar el día en la casa y acomodar sus cosas hasta que anocheció y ambos cayeron rendidos en las garras del sueño. Pero ahora no pudo evitar despertarse debido a los golpeteos en la puerta del cuarto. No quería levantarse, aún no, pero sabía que ese era el llamado de Carly para que fueran a desayunar. Abrió sus ojos y se dio con la oscuridad de su cuarto, iluminado por la poca luz que dejaban pasar las cortinas.

Sentía el calor del cuerpo de Harry junto a él, que aún permanecía dormido, pero que no duro mucho de esa forma, porque al intentar salir de la cama, lo había despertado. Decidió prender la lámpara que estaba en la mesa del costado de la cama, mientras que con una mano acomodaba un poco su cabello. No se sentía maravillosamente bien, de hecho, se sentía como la mierda, y aunque su abuela no lo hacía con mala intención, los golpeteos en la puerta lo habían cansado. Se levantó y camino hasta la puerta, cuando la abrió su abuela, acababa de terminar de dar el último golpe, ella le sonrió alegremente, el intento hacerlo, pero solo resultó en una simple mueca.

—Buen día, cariño, les quería avisar que el desayuno está prácticamente servido, si no lo quieren comer frío, recomiendo que se apresuren a venir a la cocina —su abuela no le permitió contestar siquiera, ella apenas terminó de decir aquellas palabras dio media vuelta y se fue a la cocina.

Suspiro, resignado, y cerro la puerta. Se acercó otra vez a la cama, desde donde Harry lo observaba con detenimiento y no sabía el porqué, no había nada interesante en él en ese momento. Estaba vestido con una remera sin mangas blancas y unos shorts casi del largo de unas bermudas, además, sabía que aún tenía cara de dormido, así que le causaba intriga la mirada, y ahora sumada una sonrisa, que tenía Harry. Se quiso acercar más, pero Harry lo detuvo con un gesto de la mano, indicando que no avance más.

—Harry, realmente no estoy de humor, dime ¿Que es lo que quieres? —fue directo con su reacción, realmente desde que había abierto los ojos hace unos minutos solo se había empezado a sentir cada vez peor, con un calor y molestia extraña que sabía que era por culpa de la proximidad del celo, pero para calmarlos debía de ir a buscar más inhibidores.

La noche anterior se los había acabado a todos, los síntomas cada vez eran mayores y no quería saltar sobre Harry de repente, por lo que apenas se había podido dormir luego de sus últimas dosis de medicamento.

La expresión de Harry no cambio ni pareció afectada por el tono en que se habían expresado sus palabras, pero aquel gesto que lo había detenido en avanzar hace unos minutos se había convertido en uno que le invitaba a acercarse, y así lo hizo, hasta que terminó acostado en la cama nuevamente junto a Harry. Pero el pelirrojo no le había revelado sus intenciones, y cuando de repente un movimiento brusco que lo sorprendió termino con Harry sentado encima de él, supo que no eran inocentes.

—Jett, puede que la marca se haya desvanecido, pero puedo reconocer con facilidad lo que te sucede —fue lo primero que escucho decir por su parte, mientras que sentía tortuosos movimientos por su parte, de su cadera moviéndose lentamente sobre ese lugar en específico, dando leves y casi imperceptibles saltos, no pudo evitarlo, cerro los ojos a la vez que con sus manos agarraba a Harry de su cintura y lo obligaba a detenerse, pero lo único que logro fue sentir la respiración de Harry tan cerca de su rostro que podía mezclarse con la de él— Jett, no intentes negarlo, pero te lo he dicho antes, no hace que soportes lo que te causa el celo, no cuando me tienes a mí para ayudarte.

Esas palabras culminaron en un beso tranquilo, pero apasionado, donde le permitió a Harry llevar el control, mientras que él, inconscientemente, incentivaba con más fuerza el moviendo de caderas que hacía el menor sobre él. Toda la situación le había provocado una erección, y tal vez recién lo percibía, pero su malestar tal vez se debía a que necesitaba de su Omega y la contención que podía darle.

Un alfa sin suerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora