20: "Entre el instinto y el corazón"

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—Hijo, cálmate...

—No me voy a calmar una mierda, joder, la próxima que hagan un evento, verifiquen que los apellidos de mis malditos acosadores no estén en la lista de invitados.

—Harry, no creo que esa sea la forma de hablarle a papá, él no tiene la culpa.

—Ya lo sé, calum, porque tú eres el que organiza todo, tan preocupado estabas en mi comportamiento, lo que hacía y no hacía, que no te importo nada más que invitar a los grandes apellidos de la industria.

—Harry..., nunca haría algo así apropósito, eres mi hermano.

—Joder que lo sé, pero eso no deja de lado, que no lo tuviste en cuenta, yo se los dije, les nombre uno por uno a quienes me drogaron aquella vez en la universidad, ¡Uno por uno, calum!, les puse hasta una puta orden de restricción.

—Entiendo, yo soy el que estuvo mal, no hace falta que recalques todos mis malditos errores.

—¿Qué no hace falta? Estoy haciendo lo mismo que tú me haces a mí cada vez que la cago, y tú lo hiciste en grande esta vez... Si Jett no hubiera estado allí, sí... El no me hubiera seguido...

—Eso no interesa, lo que importa es que el joven Jett estaba allí y pudo solucionar todo.

Lo estaban nombrando, pero él estaba sentado en el sofá en una esquina de la habitación. Lugo de todo el suceso y que terminara el desfile, le notificaron al señor Cameron todo lo ocurrido con los otros alfas, Harry y Jett. Ellos se encontraban en la planta superior de la galería, Harry estuvo abrazado a él por horas hasta que calum ingreso junto a su padre al cuarto, y allí, empezaron los gritos y peleas. Pero él se había quedado allí, en su lugar, todavía intentando calmar a su alfa, cosa que nunca se le había hecho fácil. Hasta ese momento, cada vez que veía su reflejo para averiguar si sus colmillos y ojos dorados habían desaparecido, se frustraba al ver qué no era así.

Su alfa seguía alerta, alerta a Harry y cada pequeño cambio que lograba percibir de él. Cuando el Omega se quiso separar para poder hablar con su familia, no lo quería soltar, quería seguir protegiéndolo, aunque ya no existiese peligro alguno. Suspiró, agotado, nunca se le había hecho fácil lidiar consigo mismo, ni con demasiadas emociones, porque siempre las intensificaba demasiado. Ese tipo de días, ese tipo de momentos, solo lo hacían desear volver al pueblo y correr a los brazos de su abuela, ella siempre sabía cómo actuar, que decir y dar buenos consejos.

Sumado a todo lo que vivió ese día, estaba procesando sentimientos y sensaciones que nunca antes había tenido. Sentía una conexión con Harry, pero ni siquiera le había dado la mordida. Siguió divagando en sus pensamientos, aislándose de su entorno y cerrando los ojos, intentando ignorar lo que le pedís su alfa, debes marcarlo, nadie se va a meter con un Omega con la mordida, ese pensamiento no lo dejaba en paz, le estresaba, porque sabía que esa no era una solución.

Empezó a escuchar su nombre, volvió a abrir sus ojos y lo vio allí, era Harry quien se encontraba a su lado hablándole, estaban solos otra vez, los otros dos alfas se habían retirado de la habitación en algún momento.

—Realmente no me quiero separar de ti hoy después de todo lo que pasó —escuchaba duda en su voz, pero el ambiente olía a nervios—, pero creo que en el estado en que te encuentras, vayas a casa para aplacar al alfa.

No objetó ante ello, el menor tenía razón.

—No me quiero alejar de ti, ¿Seguro que estarás bien? —Harry no respondió—, Me iré, llamaré un taxi, no creo que manejar de esta forma sea algo bueno.

Se levantaron después de aquellas palabras y quedaron frente a frente, se acercó a Harry hasta que la distancia era mínima, tenía los sentimientos a flor de piel, realmente se le iba a complicar irse.

Un alfa sin suerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora