11: Cierres y reencuentros

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No paraba de repetir las palabras de su abuela en sus pensamientos. No dejaba de darles vueltas, sabiendo que ella tiene razón. Suspiró, cansado, estaba harto de pensar, sentía que no servía para eso. Levantó la mirada ante lo que otra vez, volvía a ser su rutina; el estacionamiento de los Foster, los autos, la familia millonaria. Harry, él también es parte de tu rutina.

No podía creer lo veloz que había pasado aquel fin de semana, sentía que no lo había disfrutado lo suficiente, pero al menos logró servirle para aclarar un poco su cabeza. La charla con Carly fue una forma de sacarse un peso de encima que no sabía que cargaba, y luego de eso solo prosiguió a pasar el siguiente día como si nunca se hubiera ido del pueblo, como si Rodie Blue siguiera siendo el lugar al que volvía Luego de una extensa jornada.

Disfrutó de aquel sitio como años atrás lo hacía con sus viejos amigos, o al menos, con los que se habían quedado en el pueblo. Él fue último en irse, dejando atrás a Logan, el único que decidió permanecer en su sitio de origen. Y realmente no lo juzgaba, él era uno de esos "niños ricos", que al final terminó obteniendo su herencia hacía unos años, cuando su abuelo falleció y había dejado todo a su nombre. Logan era una persona que disfrutaba ver cuándo volvía, pero solo era eso, era alguien con quien compartir momentos que se quedarían en lo pasajero, en anécdotas, pero que siempre tenían un inicio inesperado, y un final demasiado cercano...

-¿Piensas entrar en algún momento, jirafita?, Digo, tal vez quieres quedarte ahí parado esperando una invitación.

Edna lo trajo a la realidad, una de la que en ese momento, no estaba entusiasta de volver. Volteó a verla, ella cargaba con dos bolsas llenas de mercadería para reponer la despensa de la cocina de la mansión, pero fuera de eso, le estaba dando una mirada de aburrimiento, como si el simple hecho de estar ahí parada fuera un total desperdicio de su tiempo.

-Dame las bolsas, te ayudo.

-No necesito ayuda, jirafita...

-Ed, simplemente quiero ayudar -la interrumpió, de inmediato, con una sonrisa calidad. Ella solo asintió, dudosa, y le entrego una de las bolsas. Realmente si estaban pesadas.

Entraron directamente a la cocina y ambos dejaron las bolsas sobre la mesada, y prosiguió a sentarse y observar a Edna sacar las cosas y empezar a guardar cada una en su lugar. Notó el perfecto sistema de orden que mantenía la mujer; especias por orden alfabético; heladera organizada por color; alacenas ordenadas basándose en el tamaño de la vajilla.

-Me produce paz visual el cómo tienes todo acomodado.

-Sin el orden correcto, todo puede volverse un caos, y para eso, mientras cocino, ya estoy yo.

-Que profundo, Ednita, que profundo -irrumpió la voz del menor de los Foster-, Eres tan buena con las palabras como con tu comida, mujer, realmente mereces mi admiración.

-Joven Román, si tiene hambre, solo dígalo, no hace falta su usual intento de coqueteo barato en el medio.

-Joder, está bien, lo admito, vengo porque el hambre lidera mis acciones, pero mi coqueteo es parte de lo que soy -ni Edna ni él dijeron nada más ante esas palabras de Román-, También vengo porque creo que este es el único lugar donde no se escuchan los gritos de papá.

La mujer volteó, curiosa ante esas palabras, y él solo miro más detenidamente al alfa, parecía haberse dado cuenta que querían que siguiera hablando. Foster sonrió ante eso.

-Que cabrones, eh, les llama más el chisme que mi reclamo de hambre.

-El chisme es más interesante, así que habla, para que lo que te prepare, está más rápido -contestó Edna, sin dar vueltas al asunto-, Además, mira la cara de jirafita, se ve que también quiere saber.

Un alfa sin suerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora