Su mente estaba en blanco mientras miraba un punto fijo de su apartamento, hace media hora que se había terminado de cambiar para ir a trabajar luego de dos semanas. Dos semanas desde que su celo había comenzado. Ese día debía volver a enfrentarse con la realidad que había desechado al haber estado todos esos días en las fantasías y delirios que le producía el celo. Debía enfrentarse a Harry Foster, quien le había provocado la entrada en aquel ciclo, hacerle cara luego de haberle puesto un alto a sus acciones, porque realmente había sobrepasado todos los límites.
Ese chico logró notar su vulnerabilidad, y siendo consciente de ella, abusó de su estado.
Y eso, no era algo que se olvida fácilmente.
Miraba la puerta del departamento, mientras que ahora, pensaba en lo mal de la cabeza que estaba. Detestaba las actitudes que Harry había tenido aquel día con él, le molestaban tantas cosas que hacía, pero aun así, su alfa lo deseaba, deseaba a ese pelirrojo caprichoso.
Y eso era una constante lucha mental, porque no quería que eso fuera así, su lado racional buscaba que no lo fuera.
Suspiró pasándose una mano por el cabello, que esa mañana no se había molestado en peinar, se levantó de la silla en dónde estaba sentado y observó la mesada, allí estaban los por si acaso; dos supresores de alfa. Nunca estaban de más, y como él apenas había salido del celo, lo más seguro era llevarlos. Se suponía que ya no tendría que invadirle ninguna nueva ola de calor, y eso esperaba, porque guardar los colmillos y volver al color natural de sus ojos, era algo que jamás había dominado.
No dio más vueltas y agarró las llaves de su motocicleta y salió del lugar, listo para encaminarse en un recorrido bastante extenso hasta la mansión Foster. En ese rato no pensó en nada, solo disfrutó de la tranquilidad que le daba conducir por la ruta hasta la mansión, en la paz que le generaba el viento a toda velocidad que chocaba contra su cuerpo. Ese día iba a vestir un traje, pero al final se arrepintió al salir de entre sus sábanas y notar el frío que hacía.
Terminó colocándose una camiseta mangas largas, sobre eso un buzo verde oscuro y el pantalón que si era parte de su traje, con un cinto negro y sus botas. Y por si no fuera poco, sobre todo eso se había puesto un tapado negro grueso que le llegaba hasta los tobillos; así que sí, hacía mucho frío ese día en Marvil. Cuando llegó al portón de la mansión tuvo que esperar unos minutos hasta que don Nathan le abriera, y cuando por fin lo hizo, agradeció a todos los santos que no estaba seguro si existían.
Si era sincero, sentía que sus manos pronto pasarían a ser cubitos de hielo si no las colocaba en los bolsillos pronto.
—¡Edna! ¡Gracias por tener el horno prendido! —exclamó, apenas entró en la cocina después de aparcar su motocicleta— ¿Cómo has estado, mejor cocinera que he conocido?
—Me sorprendería que conocieras otras, jirafita —gruñó ella, en respuesta, mientras servía en una taza lo que parecía ser un buen café o chocolate caliente—. Ten, entra en calor, que don Nathan me dijo que hoy te toca pasar todo el día con el Joven Harry, y a ese chico, ni el frío lo detiene.
—Tan pronto me ves y ya me estás notificando mi trabajo, Edna, ni hola me dijiste —respondió, fingiendo estar ofendido, para luego cambiar su expresión a una espléndida sonrisa, había extrañado un poco trabajar— ¿sabes cómo sería más cálida la mañana? Si sonríes, anda Ed, dame una sonrisa por mi reincorporación al trabajo.
—Mister alto, tuviste el ciclo de celo, no un accidente, no molestes tan temprano con tu actitud alegre.
—Oye, eso no fue muy amable.
—¿Y?, Agradece que te preparé chocolate caliente en vez de un batido energético.
Largó una pequeña risa, a pesar de que no llevaba tanto tiempo trabajando allí, ya se había acostumbrado al especial carácter de Edna, que al menos se comunicaba más que Don Nathan, que parecía ser un hombre de pocas palabras. Decidió aceptar el chocolate de una vez por todas y tomarlo de forma tranquila, esperando unos minutos más hasta darle comienzo a su turno. Todavía le quedaba una semana más siendo el guardaespaldas personal de Harry, siete días más en los que debía estar a su total disposición e intentar aguantar su imponente presencia y determinada idea de que estaban hechos el uno para el otro.
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Un alfa sin suerte
General Fiction¿Qué tan mala podía ser la suerte de Jett Parker para que en su primer día de trabajo se encontrara con un Omega en celo? Muy mala, sin duda alguna. ... Los empleos de Jett Parker habían cambiado tanto en los últimos meses que el concepto de estabil...
