EXTRA: Instinto a primera vista

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POV Harry

Era temprano, demasiado para él. Odiaba madrugar, y levantarse a las siete de la mañana era una tortura. Pero no tenía opción, no podía faltar a la clase de taller de moldería ese día. Era la última antes de la entrega, y si no terminaba su proyecto, reprobaría la materia. Suspiró mientras bajaba del auto, despidiéndose con una sonrisa del viejo don Lucas. Sabía que no lo volvería a ver: ese era el último viaje que el señor haría antes de retirarse y dejar su puesto.

Cerró la puerta del coche y se dirigió hacia el edificio Honneur, donde apenas había movimiento. El lugar, elegante hasta el extremo, parecía siempre envuelto en una frialdad en la que nadie se molestaba en regalar una sonrisa, ni siquiera una falsa. Ese silencio le pareció agradable por una vez. Suspiró de nuevo mientras esperaba el ascensor. Las puertas se abrieron revelando, para su mala suerte, a los idiotas de siempre.

—Miren nada más al omeguita que nos encontramos, qué suerte la nuestra —se burló el más tarado de los tres alfas, provocando la risa de sus compañeros. Sintió sus miradas clavarse en él, y en ese instante supo que subir las escaleras sería una opción más saludable. Sin embargo, apenas dio media vuelta, una mano lo detuvo agarrándole del brazo.

—¿A dónde crees que vas? —dijo uno de ellos con una sonrisa burlona—. Sube, ¿o acaso temes no poder controlarte si estás rodeado de alfas?

Lo miró de arriba a abajo con desdén, y casi hizo una mueca de asco cuando percibió sus feromonas en el aire. El alfa era un rubio de ojos castaños que sonreía con arrogancia, como si su comentario hubiese sido ingenioso. Con calma, bajó la vista a la mano que lo sujetaba y, con un pellizco firme, se la apartó.

—Tócame o mírame otra vez, y lo único que olerás será el gas pimienta en tu cara, Rafael —respondió, pasando la mano por la manga donde lo había tocado, como si quisiera borrar cualquier rastro—. Y créanme, prefiero subir hasta el último piso por las escaleras antes que respirar el mismo aire que tres alfas tan insípidos como ustedes.

La risa burlona de ellos resonó en el vestíbulo, sabía que no había acabado con ellos, y eso le molestaba. Sentía su aroma en el aire, su frustración al descubierto.

—Foster, con ese aroma tan agrio dudo que cualquier alfa quiera estar cerca de ti. Deberías mejorarlo —dijo el moreno del grupito, con una sonrisa maliciosa. Se limitó a sonreír, ahora sí estaba harto, y la poca paciencia que tenía se había agotado.

—Pero mira quién lo dice, Darwin. Yo lo que veo aquí son tres alfas de rango medio desesperados por mi atención —respondió, y vio cómo las sonrisas desaparecían de sus caras—. Busquen a alguien de su nivel, chicos, soy demasiado Omega para unos idiotas que ni siquiera son dominantes.

Los alfas se quedaron en silencio un segundo, sus expresiones oscilando entre la incredulidad y la furia contenida. El ascensor estaba a punto de cerrarse, y Rafael, el rubio, estiró la mano para mantener las puertas abiertas.

—¿Sabés qué, Foster? —dijo, dando un paso hacia él con una sonrisa forzada—. Tienes una gran boca para alguien que está solo en este lugar.

Los otros dos se adelantaron, rodeándolo como si intentaran acorralarlo. Pero él no se movió, simplemente cruzó los brazos con un gesto de indiferencia, como si enfrentarse a tres alfas molestos fuera lo más natural del mundo.

—¿Y qué? ¿Van a hacer un escándalo en el vestíbulo del Honneur? —respondió con una calma que pareció descolocarlos. La tensión en el aire era palpable, pero él no tenía intención de darles el gusto de mostrar miedo. Sabía que con ese tipo de alfas, lo peor que podía hacer era retroceder.

De pronto, una voz resonó desde la entrada.

—¡Ey! ¿Algún problema aquí?

Los alfas se giraron al unísono, encontrándose cara a cara con uno de los supervisores del edificio, que cruzaba los brazos con una mirada inquisitiva. Su uniforme impecable y la expresión severa parecieron calmar, al menos por un momento, la arrogancia de los tres alfas. Observó como Rafael hacía una mueca de disgusto, liberando finalmente la puerta del ascensor, que se cerró con un golpe seco.

Un alfa sin suerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora