6: "El precio de la cercanía"

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A este punto de su vida, estaba más que seguro que su suerte era una mierda, y no le faltaban razones para creerlo. Aun así, tenía que acreditarse un poco de lo que le estaba pasando en ese momento exacto, ¿cómo es que las vueltas de la vida lo habian convertido en niñero de un chico de veintiún años?. Eran las cuatro, casi cinco, de la mañana y él estaba esperando que Don Nathan le contestara. Sabía que llamarlo a esas horas no era la mejor de las ideas, pero no tenía el número de nadie más que viviera en esa mansión.

Si era sincero, no sabía que hacer con un Harry medio ebrio que se negaba a soltar su brazo, le resultaba algo incómodo por la falta de confianza que había de parte de él al menor, porque el pelirrojo ya le había hecho notar que inhibición no tenía en lo más mínimo. Suspiró rendido al escuchar nuevamente el buzón de voz de Don Nathan, claramente no iba a atender a esa hora, o al menos lo suponía, porque él no lo haría, de hecho, estaría en el décimo sueño.

Observó a su alrededor, hace unos veinte minutos que habian salido del club y se encontraban en el estacionamiento, él apoyado en su moto y Harry en su brazo, como si fuera algún tipo de almohada.

Habian llegado a esa situación luego de no poder escapar a la invitación de Harry sobre bailar un rato con él, y sobre que cada trago que él tenía en mano, su acompañante se lo arrebataba con una sonrisa y se lo bebía. No intercambiaron muchas palabras, solo miradas. El pelirrojo no perdió oportunidad en mostrarle que su objetivo era él y nadie más, en más de una ocasión había sentido su aroma tan embriagador intensificarse, como advertencia a los demás y más comodidad entre ellos. Cosa que no logró, que solo le sirvió para que notara que ese omega no iba en broma, que parecía del tipo posesivo y celoso en lo que ponía sus ojos.

Y cuando había intentado regañarlo, no tuvo oportunidad de hacerlo.

—Harry ¿eres capaz de subirte en la motocicleta? —cuestionó en el mismo instaste que decidió que haría, el chico se separó un poco y con su rostro algo adormilado, frunció el ceño confundido.

—¿Dame una razón lógica para subirme en esa máquina de muerte? —dio un paso atrás, por fin despegándose de su brazo—, Sumándole lo dudosa que se ve..., no, absolutamente no, me niego. Está bien que tú no le temas a morir, querido y bello Jett, pero yo valoro mi vida.

No pudo evitar soltar una leve risa ante aquella divagación, no le molestaban sus comentarios, pero esperaba que accediera lo más rápido posible, tenía sueño y quería irse a dormir. En un par de horas más debía levantarse para empezar a prepararse para empezar sus funciones como chofer hasta las cinco de la tarde. Y es que él había planeado las cosas para que esa noche la diversión terminara máximo tres y media de la madrugada. Dulce Jett, tus planes nunca funcionan, suerte para el próximo intento iluso.

—Está bien Harry, entonces dime, ¿en qué piensas irte si no es conmigo en mi máquina de muerte?

—Llamaré a mi chofer, él vendrá a buscarme —lo observó sacar su teléfono y marcar uno por uno los números, hasta empezar a llamar.

Apenas segundos después, sintió su celular vibrar en el bolsillo de su chaqueta, no sabía si esto le daba gracia o que, pero admitía que le parecía algo irónico lo poco que la actitud del pelirrojo cambiaba cuando el alcohol dominaba parte de sus acciones a diferencia de cuando estaba sobrio. Lo notaba, porque aunque era poco el tiempo que lo conocía, era más que obvio que era alguien perspicaz que no se le escapaba nada, siendo que ahora se mostraba totalmente despistado.

Sacó su teléfono de su bolsillo y noto el número sin registrar, que le pertenecía a Harry, brillando en la pantalla. Descolgó al tiempo que se lo llevaba a la altura de su oído, sonriendo, casi soltando una carcajada.

Un alfa sin suerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora