Capítulo 31

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Empiezo a retroceder lentamente sobre mis pasos sin despegar mi mirada de... aquello.

Si es que así puede llamarse.

Y luego ¡Bum! choco contra algo, un cuerpo, y no necesito girarme para saber quién es.

Alex. Por fin.

Me doy vuelta, aún contra su cuerpo, y susurro su nombre horrorizada. Y cuando estoy frente a él y miro sus ojos, sé que que él también está horrorizado, pero no me está mirando a mí, está mirando la pared.

-Tenemos que escapar de aquí. -Susurra, y puedo detectar un pequeño temblor en su voz. -Ella ya ha llegado.

Me toma de la mano y empezamos a correr de vuelta hacia la entrada del callejón y cuando estamos a punto de salir a la acera, algo explota frente a nosotros y hace que el callejón se llene de humo.

Apoyo mi cabeza contra el pecho de Alex para no aspirar el humo y él sostiene mi cuerpo contra el suyo. El sonido de materia cayendo al suelo y de gente gritando retumba en mis oídos y hace que apriete mi cabeza aun más contra Alex.

Alex me aparta rápidamente de su pecho y me obliga a abrir los ojos entre toda la tierra flotando en el aire. -Ven, ven aquí. -Me susurra dándome la mano y aún sin poder ver nada, volvemos a correr hacía el fondo del callejón. -Tenemos que escondernos.

Puedo escuchar como con la mano Alex tantea algo - Un contenedor de basura- Y rápidamente nos escondemos ahí.

No pasa mucho tiempo cuando la niebla se disipa y escuchamos pasos crujiendo sobre la tierra.

Está caminando lentamente.

Un pequeño gemido se escapa de mi garganta y Alex coloca su brazo sobre mi hombro, con la palma abierta.

Cuando ella se está acercando con su daga nuevamente y una mirada de lo más psicópata teñida de color sangre, Alex desliza su mano sobre mi boca.

Ella sonríe, no ví como fue que ella quedó frente a mí, no sé que pasó, sólo sé que me está sonriendo.

Y luego todo desaparece, como si sólo estuviera viendo un reflejo en el agua y con tan solo colocar mi mano rápidamente dentro de el, todo se deforma.

Sólo que ahora sin poder ver absolutamente nada, siento como si estuviese cayendo al vacío.

Cada vez más profundo, cada vez más lejos.

Y luego... mi cuerpo impacta contra algo duro y mis pulmones se quedan sin aire.

Abro los ojos y lo único que puedo ver son manchas rojas... sobre un techo de cemento.

Estoy acostada en el suelo. Un suelo sucio y de un pasillo al que yo ya conozco.

Sólo necesito girar mi cabeza unos milímetros a la derecha para confirmar dónde estoy...

Las paredes con gotas de sangre seca marcadas en distintas direcciones.


Estoy en la casa de Katherine, cuando ella era una niña.


Lentamente me paro y observo hacía adelante, la puerta de su cuarto está cerrada y tal como la recordaba: con esa marca de tres garras en la madera.

Empiezo a retroceder paso por paso, con la vista clavada en la puerta, por si algo pasa.

Y pasa, porque algo choca contra la puerta tan fuerte que puedo ver como la luz, de la habitación de Katherine, se cola entre la puerta y el marco de esta.

Tormenta (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora