Capítulo 25

533 39 15
                                        

Frankie se había subido al estrado. Había hecho el juramento. Había llegado la hora de testificar.

¿Y qué si hacía un calor sofocante? ¿Y qué si su maquillaje se derretía y su piel verde quedaba al descubierto? ¿Y qué si sus costuras estaban tan tirantes que le hacían daño? Nada de eso importaba. Limpiar su nombre delante de los RAD y de los normis que abarrotaban la sala del tribunal era lo única importante.

Pediría disculpas a sus padres por traicionar su confianza. Por haberlos desacreditado frente a los RAD y por no haber prestado atención a sus advertencias. Les explicaría a Lala, Blue, Clawdeen y Cleo lo mucho que su amistad había significado para ella, y que nunca había tenido la intención de ponerlas en peligro. Le diría a la señora J lo mucho que agradecía sus consejos. Pediría perdón a Brett por perder la cabeza, y a Bekka por besarse con su novio. Le daría las gracias a Billy por rescatarla y a Claude por llevarla a casa en coche. Admitiría que no merecía una segunda oportunidad; pero, en caso de que se la ofrecieran, nunca volvería a fallarles. Después, haría una última petición a los normis, suplicándoles que dejaran de temer a los RAD; que le permitieran al padre de Frankie compartir su genialidad con el mundo abiertamente; que valoraran el excepcional sentido de la moda de sus amigas, así como su excesivo crecimiento de pelo; que les permitieran salir del ataúd y vivir con libertad...

Pero cuando llegó el momento de hablar, las palabras se negaron a salir. Rechinó los dientes, soltó chispas y gimió como una zombi. Con cada nuevo intento por explicarse, su lamento iba subiendo de tono. Las mujeres y los niños empezaron a gimotear. Los hombres se subieron a los bancos y se pusieron a dar pisotones para ahuyentarla. Pero no funcionó. La frustración creciente provocaba que gimiera más alto, que rechinaran los dientes con más fuerza y soltara chispas más refulgentes. Por fin, una multitud furiosa se apresuró hasta el estrado y empezó a descuartizarla. Sus extremidades verdes empezaron saltar de un lado a otro, como cuando se mezcla una ensalada. El dolor era insoportable, Frankie soltó un chillido capaz de reventar el cristal y...

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
- ¡Despierta! ¡Despierta! – alguien la zarandeó.
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
- Tranquila, sólo es un sueño. ¡Despierta!
Frankie parpadeó y, poco a poco, abrió los ojos. La habitación estaba oscura y silenciosa.
- ¿Qué parte? – consiguió preguntar a pesar de su garganta reseca.
- ¿Qué parte qué? – preguntó un chico.

- ¿Qué parte... fue un sueño? – Frankie bajó los ojos. << ¡Ay! ¿De veras llevo puesto un camisón de hospital? >>.

- Todo fue un sueño.
Frankie se incorporó de un salto, desdeñando la sensación de mareo.
- ¿En serio?
- Sí, Dinamita – susurró él con ternura-. En serio.

- ¿D.J.? – Frankie se secó el sudor de la frente. Aquellas mantas electromagnéticas daban mucho calor-. ¿Está aquí alguna de mis amigas? ¿Cuánto tiempo estuve dormida? – examinó la estancia en busca de pistas. Nada estaba como recordaba. El diván había desaparecido. Las brochas de maquillaje y los brillos de labios ya no ocupaban los vasos de laboratorio. Y las fashionratas ya no estaban cubiertas de purpurina -. ¿Dónde están mis cosas? ¿Qué haces tú aquí?

- ¡Eh! Vayamos por partes – repuso él -. Primero, estuviste durmiendo nueve horas. Segundo, tus amigas no están aquí. No las dejan salir de casa. Puede que te hayan llamado, pero tu papá te confiscó el teléfono. Tercero, tus padres han guardado en cajas todas tus cosas porque (son sus palabras, no las mías) llevan mimándote demasiado tiempo y eso tiene que cambiar. Y cuarto, me subí al coche con Billy y Claude después de ese bodrio de baile. Cuando te dejaron en casa, me bajé me escondí y...

Monster High - LISI HARRISONHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora