Capítulo 35: El mejor despertar (2)

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Cuando salí vencida del tocador, mi pelo era un desastre, Jared estaba en la cocina. Estaba haciendo café, y buscaba algo en la alacena.

Todo el mundo dice que la conciencia es esa voz interna que te dice lo que está bien y lo que está mal. La mía en cambio, es como una entidad de la ironía que se ha propuesto torturarme.

Habla en los momentos menos oportunos, y la perra, es graciosa.

Mientras Jared se ponía de puntitas de pie para alcanzar una caja de cereales en el estante de arriba su camiseta se levanto, revelando dos huequitos tan sexy por arriba de sus nalgas que...

Dios si tu no vas ahí, iré yo...!

Esa, señores y señoras, era mi conciencia. En mi mente la imaginaba un poco perra como Natasha, atrevida como Amy y arrebatada con July. No me juzguen, son las cosas que admiro de ellas. Incluso lo perra... un poco.

Jared se bajo sobre sus pies descalzos y se giro, cuando me vio me regalo una sonrisa de esas que....

Bajan bragas!

Si bueno, yo iba a decir que "enamoran", pero doña C tenía razón, también estaba teniendo injerencia en el departamento de abajo. Ok, no voy a mentir, por supuesto no soy virgen, pero...

...pero ha pasado tanto tiempo que ya nos "revirginizamos"

No iba a agregar nada a eso. El punto es que, de vez en cuando, yo sola no podía conmigo misma. No quiero entrar en detalles.

Vamos a morir de deseo sexual por este buenazo sino haces algo!!!

Me grito mi conciencia.

Bien, ella no era la única invitada en la conversación. También estaba este participante mudo y anónimo. Cada vez que Jared me miraba, me sonreía, me hablaba, o incluso, estuviese presente, este participante empezaba a tirar de una cuerda invisible entre mis pulmones y mi estomago que hacía un efecto "paro-respiratorio vs. Vómito inminente".

Era mudo, claro, pero sabía cómo hacerse escuchar. Si estas eran las "mariposas en la panza" de las que mi mamá alguna vez hablo, supongo que lo hizo como cuando hablo sobre la existencia de Santa...

Bastante diferente, Ma...

- Bien tenemos café negro, cereales, jugo y seguramente queda una manzana en el refri - me dijo con una sonrisa en su cara- ¿te duele la cabeza? Puedo conseguir un analgésico.

- Gracias - respondí tímidamente- ya no tengo resaca, el agua la saco del sistema - le informo. Bueno, ese era algo así como un don. Mis resacas más fuertes se iban con un baño y algunos mimos.

- Debo decir que te envidio - me confesó - y... ¿dónde está la pequeña bola de pelos?

- Oh... estaba en la habitación... - le informo

- La voy a buscar - me dice y va a la habitación silbando.

Jared vuelve con Stephanie en sus manos y la deposita en el sofá. Desayunamos y compartimos el periódico. Charlamos sobre las novedades en el mundo. Un silencio cómodo se instala entre nosotros, y nuestras respiraciones se sienten acompasadas.

A pesar de que estamos con la barra del desayuno entre nosotros, la cercanía es desgarradora, cuando no quieres acercarte.

- ¿Por qué dormiste en un saco de acampar?, y en el suelo - le pregunto a Jared, cortando la comodidad

- Porque te habías aferrado a mi mano, y parecía que de eso dependía tu vida. - hace una pausa - no quise soltarla en realidad, y dormir en la misma cama que tu era una oferta tentadora, pero me temo que... quizás era demasiado tentadora - me dice levantando una ceja, con una sonrisa nostálgica.

El sonido que me trae de vuelta a la vida.  © #Parte1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora