Estaba tan cansado. A punto de darme por vencido y activar el modo piloto automático de mi vida nuevamente. ¿Qué sentido tenía? Ella se había ido hacían 731 días, 2 años y un día… muchas horas pensando, pensando en ella.
A veces me sentía miserable por no haber dicho todo. Y otras, muy furioso. Ella no había hecho lo que se suponía que haría esa tarde. Su vida no habría dado unos tres giros de 180° si sólo hubiese sido apegada al plan.
Era fácil: salir de la Universidad tomar el subterráneo y caminar dos cuadras hasta mi edificio.
Ella decidió ir por el lado difícil: tomo un bus, bajo unas siete cuadras antes de su parada habitual “para ejercitarme”, me dijo mientras conversábamos por el celular. Fue en el momento en que le iba a explicar que tenía una caminadora en casa, cuya función era juntar polvo cuando lo escuché.
Un ruido brusco, de metales retorcerse, y su grito. ¡Oh por Dios! , si sólo intentar rememorarlo me destruye. Supe que las cosas no iban bien cuando escuché mujeres llorando y una mujer de voz decidida dar órdenes en un inglés con un marcado acento extranjero.
-Sujétenla por la cabeza y voltéenla de costado - ordenaba – es una convulsión, de seguro por el impacto.
Sólo unos meses después me di cuenta de que esa voz ordenaba con mucha seguridad. De seguro era doctora.
Aunque me hubiese gustado encontrar a la mujer que ayudo a mi hermanita a no darse por vencida tan pronto. En los meses posteriores al accidente sólo tuve cabeza para encargarme de Stacy. Ya no se podía mover y probablemente se la declararía un vegetal en cuestión de semanas. Un milagro que se hacía esperar, era la única esperanza de mi pequeña niña.
Cuando finalmente S descanso en paz, mi vida se apago.
Tuve una fuerte crisis. Me había hecho cargo junto con la abuela de la crianza de S, era mi hermana del alma, del corazón, y no por compartir sangre y ADN. Realmente era una hermana.
Nunca tuve tiempo para relacionarme con nadie más que mis compañeros del Instituto para señoritos al que me mandaron desde los 10 años por su mal comportamiento, y en el que me mantuvieron hasta los 18 años para que no molestara.
Cuando salí del Instituto, mis amigos me visitaban a menudo, pero ocupado con las cosas de la Universidad sólo tenía tiempo para volver a casa.
De vez en cuando me hacía tiempo para una cita. Pero eso era todo. Las mujeres me atraían, y mucho. Sin embargo nunca conocí a una que mereciera la pena un gran esfuerzo.
Una vez recuerdo que S me hablo de la pelea que tuvo con Annie, su mejor amiga. Dejo de hablarle porque Annie dijo que “estaba bueno”.
Teniendo en cuenta eso, se podría decir que era afortunado de tener a las chicas que quería.
Pero sólo ha habido dos chicas en mi vida. S, y la abuela.
Grany había sido mi soporte. Cuando decidió tomar a su nieta de 12 años, ignorada por mamá y mi fabuloso padre, para llevarla a vivir con ella a 30 minutos del campus, fui el hombre más feliz en toda Europa.
Estuvieron en mi primer examen. Y en el último. Estuvieron en la graduación, y cuando recibí el doctorado.
La abuela dejo de estar para cuando llego el tercer examen de S en la Universidad. Ese día S dijo “no podría haberle pedido que aguantara hasta mi doctorado, hizo demasiado por ambos.”
La última vez que sucedió esto, mi crisis. Mi amigo Mike me obligo a elegir, entre trabajar en el negocio familiar, que por cierto, tenía bastante desatendido. O por tomarme unas vacaciones en Ibiza y conocer algunas mujeres para distraerme.
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El sonido que me trae de vuelta a la vida. © #Parte1
Romance#PARTE1 #TERMINADA Ania y Jared se conocen por casualidad en momentos dónde sus vidas son grises y planas. Ambos representan un reto para el otro. Jared cae rendido cuando la risa de Ania lo trae de vuelta a la vida, pero esto no termina ahí. En el...