Admítelo
Severus creía que debía sentirse agradecido de que el castigo no incluyera volver a soportar la presencia de Black, pero no podía, la compañía ahora impuesta no aportaba nada nuevo. Decidió obedecer las indicaciones del Director y les llevó mostrándoles las áreas del colegio, sin embargo ellos no mostraban mucho interés en aquello y a veces los sorprendía cuchicheando a sus espaldas.
— Me parece que esto no es más que una pérdida de tiempo. —aseguró cuando no hicieron ningún comentario sobre la majestuosa biblioteca del colegio—. Será mejor regresar y ya mañana se las arreglarán para localizar sus clases.
— No te enfades, Severus. —respondió Draco acercándosele—. Lo que pasa es que conocer el castillo no es muy entretenido para nosotros... ¿porqué mejor no vamos a los patios?
Severus dudó un poco antes de asentir y cambiar su camino, ahora hacia los patios. No le entusiasmaba esa idea en lo absoluto, pero no tenía pensado decirles que no estaba de humor para esquivar Gryffindor, y esa era precisamente la hora en que los rojidorados salían a disfrutar de la libertad del domingo. Tan sólo esperó no encontrárselos por ningún lado.
Harry intentó abrocharse la capa que Dumbledore les había enviado a cada uno de ellos, pero tenía un broche en forma de serpiente semi enroscada y le fue difícil hacerla entrar dentro del ojal. Draco se burló de él y aunque el ojiverde decidió que lo mejor siempre sería usar la magia, de inmediato cambió de opinión cuando un desesperado Severus se apresuró a ayudarlo.
— Pareces un niño de tres años al que hay que vestir. —le susurró perversamente.
Apenas iba a defenderse cuando Severus terminó rápidamente su trabajo y continuó su camino. Draco de inmediato se apresuró a alcanzarlo mientras Harry aún sentía que si daba un paso trastabillaría como un potrillo recién venido al mundo. La cercanía de su ex Profesor había perturbarlo hasta el punto de no saber lo que sentía ni porqué lo sentía.
— ¿Practicas quidditch, Severus? —le preguntó Draco cuando atravesaron el campo.
— Lo odio. —respondió sinceramente.
— A mí me gusta, soy un excelente buscador.
— ¿Es en serio?... tal vez sea un golpe de suerte que hayas aparecido. El buscador de nuestro equipo se lesionó en el último partido, están haciendo audiciones para encontrar un suplente lo suficientemente bueno para enfrentarse a Potter.
— Vaya, eso sí es irónico. —rió divertido—. Pero creo que gustoso haré la prueba, me encantaría ver a un Potter vencido.
Severus no entendía porqué eso debía ser irónico, de todos modos no le interesó lo suficiente como para preguntarlo. En ese momento Harry había logrado alcanzarlos luego de sobreponerse un poco.
— ¿De qué hablan? —preguntó intrigado al ver reír a Draco.
— Haré la prueba para buscador del equipo. Slytherin no tiene uno por el momento.
— ¿De verdad?
— Ni te emociones, Potherie. —adelantó Draco procurando no olvidar aquel apellido—. No tienes porqué seguir todos mis pasos siempre.
— ¿Yo... a ti?
— Claro, consíguete tu propio entretenimiento.
— Pueden hacer la prueba los dos. —intervino Severus—. Obtendrá el puesto el mejor, de cualquier forma a mí eso no me interesa.
Harry miró fijamente a Severus y supo que decía la verdad, y de pronto, de manera inexplicable dejó de tener interés en ese juego. Decidió dejar que Draco disfrutara de aquello, que él ahora ya parecía tener otro objetivo más importante que el Quidditch.
El ojinegro los invitó a seguir caminando, descendieron hasta la escalinata que conducía hacia el lago.
— Ten cuidado. —advirtió Severus girándose hacia Harry—. Los escalones están algo resbaladizos.
El rostro de Harry enrojeció notablemente cuando Severus le sujetó de la mano para ayudarlo. Estaba todo tembloroso, le fue imposible ofenderse al ser tratado con tanta delicadeza mientras Draco le miraba con burla.
— No sería bueno que tuvieras un accidente en tu primer día. —agregó Severus provocando que el corazón del ojiverde palpitara descomunalmente—. He notado que eres algo torpe y Dumbledore me culparía de inmediato.
Draco ya no se contuvo y estalló en carcajadas mientras Harry volvía a sentir que algo se rompía en su interior. Suavemente se zafó de la mano de su ex Profesor.
— Dumbledore jamás lo culparía, y puedo ser torpe, pero no débil ni idiota... Deje de serlo usted.
Severus entrecerró los ojos, más no era por sentirse ofendido ante aquella respuesta, más bien era curiosidad ante la forma de hablarle de usted, eso tan sólo lo hacían los Profesores. Draco había dejado de reír al escucharle, se preocupó de que la torpeza de Harry les pusiera en un aprieto mayor.
— Eres muy extraño. —aseguró Snape.
— ¿Porqué? ¿Porque no me agrada que se burle de mí?
— Yo no me burlaba, y jamás te ofendí, en cambio tú respondiste con agresividad.
Harry no sabía si disculparse o no, reconocía su ofensa, pero había sido en defensa propia, sin embargo, antes de poder decir algo, Severus volvió a darle la espalda para continuar andando. Más de pronto, alguien en una escoba pasó tan cerca que le hizo resbalar. Ahora fue el turno de Harry de sostenerlo para que no cayera.
Al mirar hacia arriba vieron que se trataba de Sirius, éste descendió entonces aterrizando junto a ellos para enseguida unírsele James, y varios alumnos más, que al ver lo que pasaba, acudieron gustosos de presenciar un enfrentamiento entre Gryffindor y Slytherin, algo que siempre prometía un buen espectáculo.
— Vaya, ¿qué hacen con Snivellus? —preguntó Sirius dirigiéndose a los recién llegados.
— ¡Largo de aquí, Black! —increpó Severus, furioso con el animago.
— ¿Qué pasa contigo, ordinario? —preguntó burlón—. ¿Ahora andas intentando conseguirte cómplices?
— ¡Eres un idiota, Black!
— Tranquilos. —pidió Harry—. No hay necesidad de pelear, Snape nos mostraba el colegio, nos quedaremos a estudiar aquí.
— ¿En Slytherin?
Harry asintió, por un momento se sintió un traidor al notar la sombra de decepción de su padrino y su padre, sin embargo, ya había tomado una decisión y no cambiaría. Severus se apartó de él en ese momento, y estaba recomponiéndose la túnica cuando nuevamente Black atacó.
— ¡Ni creas que se me ha olvidado que anoche abandonaste el castigo!
— ¡Caramba, ya basta! —intervino Draco interponiéndose con hastío—. ¡Déjale en paz, él no te está haciendo nada y no eres capaz más que de buscar pretextos para pelear!
— ¡No son pretextos, y tú no te involucres que esto no te incumbe!
— ¡Me incumbe cuando yo quiera que me incumba y no te pediré permiso!
— Pareces muy interesado. —comentó malicioso—. Vaya, Snivellus, parece que te has conseguido una novia.
— ¿Celoso acaso? —respondió Draco evitando que Severus se lanzara a golpes contra el Gryffindor—. Si ese es tu problema, Black, deberías aceptar que mueres por Severus y ya.
— ¡Estás idiota, eso es asqueroso!
— ¡Sí como no! —rió Draco—. Pareces un niño que no sabe cómo llamar la atención de quien le agrada más que molestándole.
— ¡Mentira!
— ¡A Black le gusta Severus! —cantó el rubio entre risas.
Sirius enrojeció hasta las orejas cuando la risa de Draco fue contagiada hacia los demás, el tumulto se hacía cada vez más grande y no había quien no tomara a gracia ver que ahora el Gryffindor no podía ni articular palabra. Harry no sabía qué hacer, no podía defender a Sirius frente a todos, pero tampoco podía unirse a Draco apoyando a Severus.
— Dime, Black... —continuó Draco—... ¿Te masturbas pensando en Severus?
— ¡No! —gritó Sirius demasiado vehemente lo que consiguió aumentar la risa a su alrededor.
— ¿Te excita cuando se enfada contigo?... ¿Sueñas que te folla mientras te insulta?
— Ya fue suficiente. —intervino James al notar que su amigo no era capaz de defenderse ante la inesperada estrategia del rubio—. Vámonos, Sirius, no hagas caso de eso.
— ¡Pero no es cierto! —bramó todo tembloroso de rabia, sin embargo nadie le escuchaba, las risas sólo dejaban escuchar la cancioncita de Draco "A Black le gusta Severus".
— Nosotros lo sabemos, déjalos.
Mientras sus amigos se lo llevaban, Sirius fijó su mirada furiosa en los ojos claros de Draco, pero a éste no se impresionaba, seguía sonriendo con cinismo, disfrutando de haber salido triunfador.
Poco a poco la gente fue dispersándose. Harry miró detenidamente la expresión de Severus, pero ésta no demostraba nada, tan sólo veía a Draco sin siquiera parpadear. Al volver a quedarse solos, el rubio le sonrió amablemente.
— Espero no estés enfadado pero no pude controlarme ¡ese Black me crispa los nervios!
— No era necesario que lo hicieras, pero...
— Lo sé, lo sé... Perdona. —se disculpó preocupado de haberlo dejado de lado.
— No te disculpes, en realidad estuviste genial.
Draco acentuó su sonrisa al ver que Severus también lo estaba haciendo, recordaba muy pocas ocasiones en que lo había visto sonreír sin ironía, y ahora estaba feliz de haberlo conseguido. Harry notó dolido como se olvidaban de él y ambos chicos continuaban su camino hacia el lago bromeando sobre la cara que había puesto Sirius con las burlas.
El ojiverde dudaba si debía ir tras de ellos, se sentía muy mal, solo y culpable. Al cabo de unos minutos finalmente se decidió a alcanzarlos, y cuando llegó hasta donde Draco y Severus se habían detenido, éstos ni siquiera voltearon a mirarlo, continuaban enfrascados en su conversación.
— Lo juro, te pareces mucho. —decía Severus—. Lucius era un buen amigo mío, y aún me sigue escribiendo ocasionalmente, parece que ya está planeando su boda con su novia de siempre, y no creerías de quien se trata.
— ¿Quién? —preguntó fingiendo desconocimiento.
— Narcisa Black, familiar de ese odioso que ya conoces.
— Espero que no sea como él.
— Narcisa es algo altanera, pero jamás a esos niveles, incluso me agrada.
— De seguro que tú también le agradas a ella.
— No sé, puede ser.
— Claro que sí... A mí me agradas, Severus.
Harry notó como las mejillas de Severus se teñían de rosa haciéndole bajar un poco la mirada. En ese momento algo se transformó en su interior, sus ojos se dirigieron hacia Draco.
El rubio también le miró en ese momento, y notó intrigado como las irises verdes mostraban un sentimiento que jamás le había visto, estuvo seguro que era algo más que furia, algo mucho más intenso que el odio. No pudo contener una placentera sensación en el estómago ante aquello, sin querer había conseguido lo que no pudo durante años... vencer a Harry Potter.
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Destellos de ternura
FanfictionLa guerra ha terminado, pero el mundo no puede considerarse agradable, por lo menos no para Harry quien aún no ha logrado sobreponerse a una de las pérdidas humanas que jamás pensó que lloraría. Tenía algo que decirle, pero no lo hizo. Eso lo lleva...
