Tuyo

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Tuyo





Draco se había esforzado mucho por escuchar todo lo que Harry le decía, aunque en ocasiones era demasiado difícil y eso lo enojaba consigo mismo. No se sentía con derecho de sentirse celoso, él mismo había sido quien les hiciera olvidarse de los inconvenientes para que Harry y Severus decidieran estar juntos. Pero al final se sintió mejor cuando pensó que quizá era demasiado pronto para olvidarse de la dulce ilusión que ya había nacido en su corazón.


— ¿Y qué quieres que haga yo, Potter? —preguntó sentándose junto a Harry sobre la que fuera su cama hasta hacía poco tiempo—. No puedo entrometerme y cambiar tanto el destino.

— Ya te entrometiste y no sé porqué no has pensado que mi relación con Severus no estaba escrita. Ya hemos modificado mucho.

— Pero no es igual. Eso se puede solucionar con un simple obliviate cuando nos vayamos. En cambio, conseguir que Severus no sea mortífago, sí daría un cambio demasiado drástico.


Harry bajó la mirada, la perspectiva de hacer que Severus se olvidara de él le dolía mucho. Sabía que era la única opción que quedaba, pero eso no evitaba resistirse a aceptarla. Además, estaba el hecho de permitir que el futuro de Snape continuara tal como lo conocía.


— ¿Qué te pasa? —preguntó Draco cuando notó que Harry se mordía el labio inferior y apretaba los párpados—. Por lo menos debes enorgullecerte de haberlo hecho feliz un tiempo... ¿O es que eres tan vanidoso como para llorar porque Severus se vaya a olvidar de ti?

— Duele... ¡No quiero que muera, Draco!


Draco se arrepintió de sus palabras al percibir la angustia de Harry. Él tampoco quería que Severus viviera lo que le tocó, pero no sabía qué más podía hacer. El ojiverde ya no pudo contener el llanto cuando a sus recuerdos regresó la imagen de Severus desangrándose y él sólo mirando cómo moría.


Inquieto por los sollozos de Harry, Draco no tenía idea de cómo reaccionar ante eso. No encontraba palabras de consuelo para quien tenía que renunciar a quien amaba, no las encontraba para sí mismo, tampoco para Potter.


La puerta se abrió en ese momento, y Harry rápidamente se limpió las lágrimas aunque ya era demasiado tarde, Severus las notó y fue a acuclillarse frente a él sosteniéndole del mentón, obligándole a mirarlo.


— ¿Lloras porque te pedí que salieras de la habitación? —preguntó suavemente—. Vamos, no es para tanto, pero necesitaba hablar con Mulciber.


Harry asintió e intentó sonreír, pero no pudo, y se abalanzó sobre Snape abrazándole tan fuerte que el ojinegro cayó sentado al piso con el otro chico aferrado a él como lapa.


— Tranquilo. —le susurró acariciándole la espalda—. Vaya, sabía que eras más sensible de lo normal, pero no me imaginé algo como esto.

— Creo que si fuera mujer, diríamos que está en sus días. —bromeó Draco consiguiendo una sonrisa de Severus, pero ni eso hizo reaccionar a Harry quien se rehusaba a separarse.

— Ya, Harry, mira que si no dejas de llorar me voy y te dejo aquí con Draco. —advirtió Severus, aunque sin ser duro—. No me gusta la gente que llora tanto.

— ¿Pero quién llora? —cuestionó alejándose y sorprendiendo a los otros dos al ver su rostro limpio, tan sólo Harry podía saber el esfuerzo que hacía para no mostrar esa angustia que tenía en el alma—. Tan sólo busco un pretexto para abrazarte.


Severus sonrió abrazándole cariñoso. Draco les miraba desde su lugar, comprendiendo que Harry estaba convirtiéndose en algo importante para el ojinegro, le veía muy emocionado por tener a quien proteger y cuidar, sin saber que Harry hacía lo mismo con él.


Suspiró resignado. Severus se estaba olvidando muy rápido de él, así que era el momento de hacer lo mismo, lo malo es que no contaba con alguien que le confortara como hacía Harry con su pareja.


Esa noche, la joven pareja durmió fuertemente abrazados, con dulces sonrisas en sus rostros.


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Un par de días después, Draco interrumpió su lectura cuando sintió una insistente mirada sobre de él. Al otro lado del aula, Remus se encontraba sentado observándole fijamente, pero cuando se supo sorprendido quiso disimularlo infructuosamente.


— ¿Porqué me mirabas?

— Por nada. —respondió nervioso—. Sólo esperaba instrucciones, llevamos casi una hora aquí y aún no hacemos nada.

— Pues si tienes mucho qué hacer, puedes irte.

— No, para nada, al contrario. Me gusta estar aquí. —le dijo mientras se acercaba, y Draco, rápidamente cerró el libro para esconderlo tras de él—. ¿Puedo saber qué es lo que lees que te mantiene tan distraído?

— Nada que te incumba, Lupin.


Remus asintió, pero armándose de valor no hizo caso del comportamiento hostil del rubio y fue a sentarse junto a él. Quiso sonreírle aunque los labios le temblaron tanto como lo hizo el resto de su cuerpo.


— ¿Qué pasa contigo? —preguntó Draco intrigado por el evidente nerviosismo del licántropo.

— Nada... O bueno, sí. Es que, quería preguntarte algo.

— Pues pregunta, ya sabré yo si te contesto o no.

— Sí, tienes razón. Bien, yo sólo quería saber si tienes con quien ir al baile de San Valentín.

— ¿Porqué? ¿Es que acaso piensas invitarme? —rió.

— Pues... sí.


Draco se puso serio de inmediato, no creía que Lupin quisiera ir al baile con él, sobre todo cuando su relación era tan fría e impersonal, más al verlo esperando ilusionado su respuesta, supo que esa no era la misma impresión que tenía el licántropo sobre ellos.


— ¿Tú conmigo?

— Me imagino que te deben haber llegado varias invitaciones, pero si no has aceptado alguna, quizás pudieras tomarme en cuenta.

— ¿Y qué crees que piense tu amiguito al respecto?

— ¿Sirius?... pues no sé, pero a mí me interesa más lo que digas tú.


Draco guardó silencio un minuto, no le llamaba mucho la atención ir a ese baile, mucho menos con Remus, pero tan sólo de imaginar el coraje que tendría que tragarse Sirius, optó por sonreír y aceptar la invitación.


Remus sintió su corazón volcarse en alegría y se propuso no desaprovechar la ocasión para acercarse más al rubio.

Destellos de ternuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora