Nueva vida

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Nueva vida





Ni Sirius ni Severus comprendieron como de repente se vieron separados como jalados por una cuerda y de pronto ya no podían moverse. Ambos miraban intrigados al desconocido frente a ellos que no dejaba de apuntarles con su varita. Tanto los ojos grises como los negros permanecían entornados ante el personaje tenuemente iluminado por las antorchas encendidas de los pasillos.


Harry comprendió de pronto su error, pero ya no había marcha atrás, se había dejado ver.


— ¿Quién eres tú? —preguntó Sirius desconfiado.

— Nadie... yo, ya me voy.


Harry quitó el hechizo y salió corriendo de regreso a la enfermería.


— Supongo que esta es otra de sus tontas bromas. —gruñó Severus.


Sirius ya no pudo responder porque Severus se marchó indignado, e incluso olvidándose de su castigo. El animago bufó al ver que se había quedado solo con todo el trabajo, hubiera querido irse también pero prefería evitar otro regaño por parte de McGonagall, así que mejor se dispuso a continuar hasta terminar, ya no quiso pensar más en aquel extraño que tenía un aire tan familiar con uno de sus mejores amigos.



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Harry llegó hasta la enfermería y se metió bajo las sábanas. Cerró los ojos y volvió a recordar su encuentro con Snape y Sirius, era algo realmente extraño, una mezcla de emoción, alegría, miedo... no sabía bien quién le provocaba qué, pero ahora quería volver a verlos.


Ver también a sus padres... a Remus. No pudo evitar sonreír recordando que ahora todos ellos estaban ahí. Y ya no pudo volver a dormirse, era demasiada la excitación.



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Harry se mordía las uñas mirando por la ventana de la enfermería, intentaba controlar su ansiedad de salir en busca de todas aquellas personas que quería ver... Estaba demasiado confundido de darse cuenta que Snape ubicaba un lugar primordial en su lista.


De acuerdo, admitía que el viaje había sido precisamente para hablar con él, y aún quería hacerlo. ¡Pero ahora estaban sus padres tan cerca!


Un ruido a sus espaldas le hizo girar y olvidarse momentáneamente de sus pensamientos. Draco ya se había puesto de pie y arreglaba su ropa y cabello con lo que tenía a la mano, lo cual no parecía tenerle muy contento. Sin embargo, Harry no pudo evitar sonreír, por lo menos ya no veía en él la angustiosa desesperación que le habían hecho descontrolarse.


— Parece que te sientes mejor. —le dijo acercándose.

— Mejor dicho, más dispuesto a irme de aquí cuanto antes... ¿ya encontraste cómo hacerlo?

— No, Dumbledore dijo que hablaríamos hoy. —le informó, mirándole detenidamente en busca de cualquier reacción negativa por la mención de ese nombre, pero Draco permaneció indiferente, aunque no estaba tan seguro de la sinceridad de esa pose—. Si quieres, puedo ir a hablar yo solo con él.

— No, aunque odio admitirlo tenías razón anoche. —respondió frunciendo el ceño, como si aquellas palabras le provocaran náuseas—. Ese viejo chocho no sabe nada y no tiene porqué enterarse... Además, aunque lo supiera tampoco importa, porque no me interesa lo que tenga que decir, yo no hice nada malo.

— Bueno... así como decir que no hiciste nada malo, pues tampoco exageres.

— ¡Potter!


Harry rió. Tal vez era que ahora estaba en el mismo lío que Malfoy, pero hasta le provocaba gracia verlo enfadarse tan fácilmente. Sin embargo, parecía que el rubio no tenía el mismo sentimiento, pues salió de la enfermería sin esperarlo siquiera. Dejando de reír, el ojiverde fue tras de él.


— ¿Ya vas a dejar de ser tan simplón? —preguntó Draco cuando tuvo al Gryffindor caminando tranquilamente a su lado.

— Eres un malhumorado, hurón. Pero de acuerdo, hablemos seriamente entonces... ¿no crees que deberíamos usar la capa? Estos pasillos van a llenarse de estudiantes de un momento a otro.

— No pienso andar escondiéndome a todas horas, y sigue caminando, que ya quiero regresar a mi casa.


Harry asintió, pero no dejaba de mirar a todos lados mientras avanzaba. Y no era precisamente como precaución para no ser visto, más bien volvía a sentir esa ansiedad por encontrarse de nuevo con...


— ¡Potter, pon atención por donde caminas!


La advertencia de Draco llegó demasiado tarde, por andar mirando hacia atrás, Harry se dio de frente contra la lanza de una armadura que se encontraba atravesada en el camino.


— ¡Pero como eres torpe, Potter! —exclamó Draco cuando el ojiverde cayó al suelo golpeándose fuertemente el trasero.

— ¿Potter?


Harry y Draco voltearon a donde provenía la voz, a unos metros de ellos se encontraban cuatro jóvenes observándoles intrigados mientras iban acercándose. El estómago de Harry se contrajo dolorosamente, un nudo se formó en su garganta al fijar su mirada en el joven de anteojos con su mismo cabello rebelde.


— ¿Te apellidas Potter? —preguntó Sirius—. Eso es extraño.

— No, escucharon mal. —aseguró Harry poniéndose de pie, algo titubeante aún—. No es Potter... es... es Potherie.

— ¿Eres francés?... No tienes acento. —cuestionó Remus.

— Sólo ascendencia. —dijo esforzándose por aparentar normalidad—. ¿Y porqué había de ser raro?

— Hey. —intervino ahora Draco ya notando el apuro de Harry—. ¿No crees que esto es una pérdida de tiempo? El director nos espera.

— Es cierto, nos vemos luego.

— Espera, Potherie... ¿cuál es tu nombre?


Harry permaneció en su lugar, pero se sintió más tranquilo de ver que la voz de Sirius era amigable, supo que el animago simplemente no creyó que hubiera algo extraño en su conducta. Ante eso, el resto de los merodeadores también sonreían y se acercaron hacia ellos.


— Harry. —respondió el ojiverde mientras estrechaba la mano de cada uno, sintiéndose profundamente emocionado cuando tocó el turno de James, quien le sonreía al igual.

— Somos Sirius, Remus, James y Peter.


La sonrisa de Harry titubeó al ver al traidor, no supo cómo pudo quedarse sin lanzarle un maleficio que lo dejara fuera de sus vidas. A su lado, Draco no disimulaba su impaciencia y bufaba intentando hacer que Harry cortara esa conversación. Sirius fijó sus ojos grises en él y entornó su mirada al verlo tan arisco.


— ¿Tú quién eres?

— Su nombre es Draco. —respondió Harry cuando el rubio sólo miró al animago como si le molestara que se atreviera a involucrarlo—. Y deben disculparnos, pero ya deberíamos estar reunidos con el Profesor Dumbledore. Espero verlos después.

— Sentimos que hayas caído en la broma de la lanza, la habíamos dispuesto para algún Slytherin. —aseguró James.

— No hay problema.

— ¿Se quedarán por aquí mucho tiempo?


La pregunta de Remus no pudo ser respondida, Draco sujetó a Harry y lo jaló para continuar su camino o de lo contrario el presente los sorprendería en ese mismo pasillo ante tanta distracción.


— ¡¿Se puede saber qué demonios pretendes?! —increpó Draco, ya soltándole cuando estuvieron lejos de los otros chicos—. ¡El hecho de que estemos a veinte años de casa no significa que tengamos todo el tiempo del mundo para andar platicando!

— Ellos eran...

— ¡Era obvio quienes eran! —gruñó elevando los brazos al cielo, desesperado por la actitud de Harry—. ¡¿Acaso me estás viendo tomando el rumbo hacia mi casa para ver a mi familia?!

— Es diferente... tu familia sigue viva.


Draco frunció aún más el ceño, pero sus labios temblaban al comprender la imprudencia dicha, sin embargo, en un par de segundos logró recomponerse y volvió a sujetar el brazo de Harry para continuar caminando.


— ¡Ni pienses que me disculparé porque yo no tuve culpa de eso!

— ¡No es lo que pretendo, idiota!


Harry se zafó bruscamente y adelantándose se armó de fuerzas para no ponerse a llorar, eso era demasiado estúpido, había llorado por esas muertes en su respectivo momento, no volvería a hacerlo, y menos a causa de la rudeza de ese rubio tan despectivo. Cuando llegaron frente a la gárgola se detuvieron mirándola en silencio... nuevamente habían olvidado que no conocían la contraseña.


— Merlín... —bufó Draco exasperado—... menos mal que llegamos a Hogwarts y no a la guarida del Señor Oscuro, porque con tanta estupidez seríamos presa fácil.


Harry no pudo contener una risita que inevitablemente contagió a Draco. Al final terminaron sonriéndose y olvidando la pequeña rencilla de hacía unos momentos.


— Buscaré en el mapa, así podremos saber dónde está Dumbledore.


Draco asintió y luego de comprobar que el mago se encontraba en el interior de sus oficinas, decidieron sentarse a esperar a que saliera y ocuparon un lugar en el suelo, dispuestos a armarse de paciencia.


— Tu padre sí que se parece mucho a ti. —comentó Draco al cabo de un par de minutos de silencio.

— Como tú al tuyo, supongo. Por lo menos eso dijo Dumbledore.

— ¿Ah sí, cuándo?

— Cuando nos sorprendió en la oficina. Bueno, supongo que estabas muy afectado por verlo para recordar todo lo que dijo.

— Te propongo algo, Potter, olvida por completo ese momento.

— De acuerdo. —respondió, suponiendo que al rubio no le hacía mucha gracia haberse visto flaquear.


Unos pasos apagados les hicieron girar a mirar. El corazón de Harry volvió a acelerarse al mirar a Severus Snape, su capa ondeaba como siempre y su andar ligero casi daba la impresión de que se deslizaba sin tocar el suelo.


Draco también estaba impactado al verlo, tenía un profundo cariño por él, y en ese momento comprendió la actitud previa de Harry, le era tan difícil contenerse para no correr a abrazarlo, feliz de verlo de nuevo con vida.


— ¿Quiénes son ustedes? —preguntó llegando hasta ellos.

— Soy Draco. —se apresuró a responder el rubio—. Draco Malf...

— ¡Malfatti! —intervino Harry ahora, para evitar que su compañero de aventuras cometiera un error, éste le miró disgustado por aquello pero no pudo desmentirlo—. Y yo soy Harry Potherie. Necesitamos hablar con Dumbledore pero desconocemos la contraseña.

— Bien, eso hace suponer que él no los está esperando... Le diré que lo buscan.


Harry y Draco se pusieron de pie, contentos de saber que por fin hablarían con el Director, pero la impetuosidad del ojiverde le hizo trastabillar. Severus le detuvo a tiempo para evitar que cayera. Las mejillas de Harry se sonrojaron inevitablemente, jamás antes había sentido una mano posarse en su cintura de esa manera... y mucho menos hubiese esperado que tal cálida suavidad proviniera de Severus Snape.


— Tú eres el de anoche ¿verdad?

— Sí. —aceptó sintiendo como si una bola de fuego hubiera tomado su estómago como posada.

— Bien... para la próxima, no te metas en lo que no te importa.


Severus aprovechó que Harry se mostró muy perturbado por aquel comentario y que Draco riera a pulmón batiente para pronunciar entonces la contraseña y entrar al despacho del director. Cuando se volvieron a quedar a solas, Harry hizo una seña al rubio para que no se atreviera a preguntar nada. La bola de fuego que antes daba un calorcito agradable, ahora ardía demasiado.

Destellos de ternuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora