La Historia Cambiada
Harry odió no poder contener las lágrimas, pero más odiaba saber que todo había sido en vano.
— Harry, abre los ojos y dinos que estás bien, por favor. —suplicó Hermione.
— Dime que no está muerto. —imploró él a su vez, sin obedecerle, no quería ver de nuevo ese mundo sin él—. Dime que sí pasó todo y pude salvarlo... que no fue producto de una alucinación luego del accidente.
— ¿Te refieres a Severus?
Harry instintivamente abrió los ojos ante la pregunta que había hecho Ron. Nunca en toda su vida se habría imaginado que su amigo nombrara a Severus por su nombre y con tanta tranquilidad.
— ¿Severus? —repitió confundido.
— El mismo ¿no?
— Ron, sé más sutil ¿quieres? —le reprendió Hermione—. Harry no tiene ni diez segundos de haber despertado.
Ron guardó silencio obedeciendo a su novia, permaneció sentado del lado izquierdo de Harry mientras Hermione hacía un preparado con unas pociones colocadas en el buró a su derecha.
— ¿Qué está pasando? —preguntó confundido—. ¿Dónde estamos?
— Es una habitación que preparamos especialmente para ti. —dijo Hermione sin distraerse de su labor—. En Hogwarts, por supuesto.
— ¿Porqué me trajeron para acá?... Estábamos en tu casa, ¿no, Hermione?
— No, Harry, ahí fue donde desapareciste, pero decidimos que era mejor para tu regreso que lo hicieras en el castillo, estamos en pleno verano y no hay nadie que nos interrumpa.
— No entiendo... por favor, explíquenme.
— Primero bebe esto. —pidió Hermione tendiéndole un vaso con un líquido rosado—. El Profesor Snape pidió que te lo diéramos cuando despertaras, te ayudará a recuperar fuerzas.
— ¿Severus? —repitió temiendo haber escuchado mal.
— Así es... él está bien, puedes quedarte tranquilo. Bebe, y enseguida te explicaremos todo.
Harry asintió y vació el contenido del vaso casi de un solo trago, le emocionaba saber que Severus estaba vivo en algún lugar y necesitaba urgentemente ir hacia él.
— ¿Te sientes mejor? —preguntó Ron rompiendo su silencio cuando Harry terminó de beber.
— Sí, gracias... Por favor, explíquenme ya qué ha sucedido.
Hermione movió la cabeza aceptando. Se tomó unos segundos intentando ordenar sus ideas y saber cómo empezar, no eran fáciles las explicaciones.
— Escucha, sabemos que tú y Draco Malfoy emprendieron un viaje al pasado a causa de un accidente en mi casa muggle.
— ¿Cómo se enteraron que Draco fue conmigo?
— Sabemos casi todo lo que pasó. —le respondió Ron—. Tú y Severus nos los han contado.
— Ron, volviste a adelantarte demasiado.
— Lo siento. —musitó el chico apenado—. Es que ya quiero decirle todo.
— Pues entonces permíteme continuar a mí.
Ron bufó pero aceptó, él estaba demasiado ansioso para poder relatar los acontecimientos en un orden lógico.
— Bien, Harry... —prosiguió Hermione—... sé que nos ves y tú ves a tus amigos, con los que pasaste los últimos siete años de tu vida, pero no lo somos.
— ¿No?... pero, son iguales, y me conocen. —titubeó cada vez más confundido.
— Porque hemos sabido de ti a través de sueños inducidos.
— ¿Sueños?
— Así es. En tu viaje al pasado hiciste algo que cambió el futuro, nosotros hemos vivido en una época de paz y tranquilidad, pero aquí tú no existes como Harry Potter.
— ¿Cómo que no existo?
— Este ya no es tu presente... Es tu futuro, Harry, el futuro del Harry que quedó varado en el pasado. La línea del tiempo, siempre recta, realizó una espiral cerrada y retomó una nueva dirección en el momento en que arribaste al pasado.
Harry se llevó las manos a la cabeza, si esa era una manera fácil de Hermione de explicarse, quizá debería intentar escuchar a Ron, porque continuaba sin entender demasiado.
La castaña sonrió al notar la confusión de su amigo, pero no se dio por vencida, tomó aire y volvió a su narración.
— El periodo comprendido del doce de enero de mil novecientos setenta y ocho, que fue cuando llegaste al pasado, al veinticinco de julio de mil novecientos ochenta y ocho, que fue cuando emprendiste ese viaje, todo ese tiempo, quedó encerrado en una elipse que empezó y terminó el mismo día.... En ese doce de enero el tiempo tiene dos caminos, el que escribió la primera historia de esos veinte años que se trazó en forma de espiral y que termina con tu viaje, y el segundo camino, es éste, que continúa en línea recta, hasta donde sabemos, claro.
— Es confuso. —admitió esforzándose por entender.
— Lo sé... y siento mucho tener que decírtelo, pero hubo cosas que no pudiste modificar. Una de ellas fue la muerte de tus padres. Ellos fallecieron el treinta y uno de octubre de mil novecientos ochenta y uno, en un accidente automovilístico, tu padre estaba curioso de manejar esos autos muggles y le faltó destreza... Nuevamente, lo siento mucho.
— Está bien, yo... bien, es algo con lo que crecí, creo que hubiera sido lindo tenerlos conmigo pero siempre debe haber un motivo para que algunas cosas no puedan ser, supongo que deberé aceptarlo.
— Es bueno escucharlo.
— ¿Pero y Severus? ¿qué pasó con él?
— Paciencia, hay más cosas que tienes que saber antes.
Harry guardó un gruñido para sí mismo, siempre le había exasperado la manía de Hermione de irse hasta por incisos, ¡él necesitaba saber de Severus nada más!
— Te complacerá saber que Sirius, Remus y Draco también están bien. —prosiguió la castaña consiguiendo ganarse la atención de su amigo.
— ¿Y dónde están?
— Sirius en su casa, él no conoce toda la historia, no fue a Azkaban, se casó con Tonks, y ahora tienen un hijo hermoso. En cuando a Remus y Draco, ellos en estos momentos están viajando por la India. Querían saludarte pero Severus no se los permitió, era demasiado riesgoso que te relacionaras de más con la gente de esta época, tú debes volver.
— ¿Volver? ¿Pero cómo?
— Eso a su debido tiempo. Por lo pronto te hemos traído aquí para salvarte.
— ¿De qué?
— En el momento en que destruiste a Voldemort hubo un choque errático en el tiempo, eso te iba a hacer desaparecer del mundo, pero había una manera de evitarlo... traerte de regreso a este tiempo, aunque no fuese el mismo que el tuyo, pero así se evitaría que el Harry del pasado perdiera su esencia. Estando con nosotros has podido sobrevivir.
— ¿Y cómo lograron eso?
— Con ayuda de Severus, por supuesto. Draco y Remus también ayudaron mucho, pero ninguno podía estar presente en el momento en que arribaras, por eso nos han estado adiestrando para recibirte.
— ¿Adiestrando?
— Desde que ingresamos a Hogwarts. Severus nos mandó llamar el primer día de clases.
— ¡¿Severus está aquí?! —le interrumpió mirando a su alrededor, como queriendo encontrarlo en cualquier momento.
— Harry, concéntrate en lo que te estoy diciendo.
Harry se sonrojó por el regaño de su amiga y dócilmente volvió a quedarse quieto. Ron, a su lado, ahogó una risilla, ahora sabía su amigo lo que se sentía estar al mando de Hermione.
— Como te decía... —dijo Hermione luego de aclararse la garganta—... Severus Snape ha sido nuestro profesor de pociones.
— ¿También mío?
— ¿Acaso no me has estado escuchando? —preguntó irritada para volver a respirar hondo y proseguir—. Lo lamento, pero no Harry, a ti no... Tú no existes como Harry Potter. En aquel accidente en el que murieron tus padres, también falleció un bebé de un año con ese mismo nombre.
El impacto de la noticia le dejó mudo, no supo cómo reaccionar a eso. Buscó a Ron en busca de una explicación más coherente, pero el pelirrojo tan sólo se encogió de hombros, no tenía pensado arriesgarse a que nuevamente su novia le gritara.
— Tú existes, pero no como Harry Potter, sino como Harry Snape... Eres el esposo de Severus Snape, nuestro profesor de Pociones. Y tú, nos enseñas Defensa.
Harry se sonrojó, pero aquello le cambió totalmente el ánimo. Su corazón latía con fuerza al saberse aún en compañía de quien tanto amaba.
— Creo que no podía haber dos Harry Potter en el mismo tiempo, Harry. —meditó Hermione—. Esa ha sido la explicación a la que hemos llegado todos. Tú estuviste muy mal de salud durante todo el año de vida de ese niño... Severus no se separó de tu lado ni un momento, según tenemos entendido, y casi creían que morirías cuando de repente tu salud se recuperó por completo, pero ese niño murió precisamente ese día.
— Oh, vaya... ¿Y Draco?
— No tenemos conocimiento. Bueno, por lo menos no oficial. El matrimonio Malfoy tiene ahora tres hijos, ninguno de ellos es llamado Draco... Suponemos que murió al nacer y simplemente no quisieron darlo a conocer al mundo. Pero eso explicaría el hecho de que Draco jamás sufrió por la presencia de otro Draco.
— Es... todo tan extraño.
— Pues sí. Lo admito. Cuando el Profesor Snape nos lo contó en nuestro primer año no le creímos nada, pero nos dio una poción para que bebiéramos... A partir de ese día, cada noche soñamos contigo.
— ¿Qué soñaban?
— Nuestra vida a tu lado, fuimos recuperando los recuerdos paulatinamente. Te íbamos conociendo cada noche en la que vivíamos nuestras aventuras de ese día en el otro universo.
— No entiendo.
— Por el día vivíamos en esta época, por la noche en sueños, vivíamos el mismo día, pero lo que nos sucedía en el tiempo escolar que tú recuerdas. —explicó Ron.
— ¿Entonces... sí pasó?
— ¡Claro que sucedió, Harry! —afirmó Hermione—. Nosotros te conocimos en sueños, pero era algo real, por eso los recuerdos vinieron paralelamente al día que correspondía... Esos sueños corresponden a la espiral que surgió, nadie recuerda nada de lo sucedido en esos veinte años, tan sólo unas pocas personas, como Ron y yo, que hemos recuperado las memorias.
— Y teníamos muchas ganas de conocerte en persona. —dijo Ron emocionado—. Aunque los sueños eran muy reales, queríamos verte también en nuestro mundo.
— Pero yo... —musitó bajando la mirada—... de verdad me alegra verlos, pero...
— Siempre supimos que sería sólo un día. En realidad nos agrada el Harry de este tiempo. —aseveró Hermione—. Y ahora que ya estás a salvo, tienes que volver. Empezaremos con los preparativos para que puedas lograrlo.
— ¿Cómo?
— Déjanos eso a nosotros... Ahora hay alguien que quiere verte.
— Severus. —susurró extasiado.
— Así es. Está en su despacho, supongo que sabes el camino... Pero tienes que regresar en un par de horas, Harry, es el tiempo máximo que puedes permanecer en este mundo sin que tu presencia afecte a nuestro Harry.
Harry asintió, y ya no quiso hacer más preguntas, apenas escuchó cuando Ron le gritó que a su regreso le esperaba una sorpresa. Él corrió lo más rápido que le permitieron sus piernas, bajó las escaleras brincándose escalones, resbalando en los pasillos y conteniendo la respiración.
Jadeó emocionado cuando estuvo frente a la puerta del despacho donde pasó tantas detenciones. Estaba temblando de pies a cabeza, el corazón en la garganta, no sabía cómo reaccionar cuando tuviera a Severus Snape frente a él.
— Pasa, Harry. —se escuchó una voz grave del otro lado de la puerta.
Un nudo se formó en la garganta del ojiverde, se armó de valor y giró la perilla para enseguida adentrarse al despacho. Mordió sus labios cuando se encontró la figura alta y elegante de su ex profesor.
Severus Snape lucía tal como lo recordaba... no, ahora le parecía más bello, sus ojos negros le observaban en silencio, y por unos segundos se sintió amedrentado, esperando que en cualquier momento le restara puntos por estar a deshoras fuera de la Torre.
— ¿Se va a quedar mucho tiempo observándome, Señor Potter? —le increpó Severus con el mismo tono de voz frío, pero con sus labios empezando a curvarse en una dulce sonrisa.
— ¿Realmente eres tú? —preguntó llorando de alegría.
— Lo soy... y te estás tardando en venir hacia mí.
Harry no esperó más, corrió hacia el hombre que amaba abrazándole con fuerza. Le resultó extraño sentirlo tan alto, había crecido unos centímetros más, y su cuerpo era más fuerte y maduro. Adoraba sentirse pequeño en sus brazos, pero era el mismo olor, era el mismo calor el que lo estaba envolviendo.
— Eres hermoso, Harry... siempre lo has sido.
— Y tú... tú... ¡Dios, y ahora confirmo que me seguirás gustando hasta el último día de mi vida!
Severus rió suavemente. Dio un paso hacia delante y sujetando a Harry por la cintura le elevó para sentarlo en el escritorio a sus espaldas.
— ¿Hay alguna pregunta que quieres hacerme?
— Un millón... pero ahora sólo quiero verte. —respondió Harry palpando el rostro de Severus con profunda adoración.
— Deja de llorar, no es motivo de lágrimas ahora. —le dijo secándole las mejillas.
— ¿Eres feliz?
— ¡Infinitamente feliz!
Harry suspiró y se inclinó a apoyar su frente en la de Severus, elevando una plegaria por esa respuesta.
— ¡Te amo, Severus, te amo muchísimo!
— Yo lo más a usted, Señor Potter.
Harry rió pero enseguida dejó de hacerlo.
— Hermione y Ron recuerdan... ¿Tú también?
— Así es, quise saber qué había hecho contigo, y...
— No lo hubieras hecho, yo quería que no vivieras esa vida, Severus.
— No tienes nada de qué preocuparte, mi vida real es la que tengo contigo a mi lado... esos son sólo recuerdos, como si fuera algo muy lejano.
— Me alegra saberlo. —confesó suspirando y volviendo a abrazarse de Severus—. ¡Que bien se siente saber que estás a salvo! Nunca en mi vida he agradecido tanto algo como verte y tocarte.
— Y besarme, puedes besarme si quieres.
— ¿Es correcto?
— ¿Y porqué no?... Eres mi esposo. —respondió mostrando su anillo.
Harry rió levantando su mano para mostrar el suyo, orgulloso de saber que a pesar de los años, seguía teniendo el mismo significado.
Severus tomó a Harry del rostro, acariciándole con el dorso de sus manos. Harry se sonrojó al sentir como Severus le observaba, y su respiración entibiándole hasta el alma. Era excitante saber que estaba a punto de ser besado por ese hombre que le estremecía de mil formas diferentes.
El sabor de sus labios era el mismo, aunque la intensidad de sus besos era más fuerte. Enseguida le permitió el paso a su boca mientras abría sus piernas dándole el espacio suficiente para que se acomodara, y sus manos se dedicaban a acariciar su cabellera oscura.
No protestó en lo absoluto cuando Severus le fue recostando sobre el escritorio y la mano del Profesor empezó a desvestirlo. Aquella mano más grande le agradaba, era imposible no gemir al sentirla deslizarse por su cuerpo, posarse en sus piernas, en su cadera.
Harry poco a poco fue sintiéndose más excitado, su miembro más endurecido. Se escuchó a sí mismo respirar agitado y suplicar por ser penetrado. Estaba algo temeroso, sería la primera vez con ese Snape, y si la mano era más grande, suponía que otras partes de su cuerpo también lo eran... aquello tenía que ser sorprendente pues su Severus realmente le hacía sentirse imposiblemente lleno.
Apretó los labios fuertemente cuando la mano derecha de Severus deslizó sus pantalones hacia abajo y pudo hacerse espacio para buscar entre sus piernas hasta que finalmente se sintió envuelto en una deliciosa calidez. Instintivamente le abrazó con más fuerza, ansiando más, pero disfrutando con plenitud aquella espera.
Fue sintiendo como era preparado, y cuando sintió algo duro posicionarse en su entrada, decidió arriesgarse, abrió los ojos y miró.
— ¿Complacido? —preguntó Severus al notar en dónde estaba puesta la vista de Harry.
— Tú siempre has sabido complacerme, pero... ¿cabrá? —preguntó inquieto.
— Ahora mismo lo comprobarás.
Harry jadeó en anticipación, y poco a poco fue sintiendo como el miembro de Severus iba adentrándose en él. Era doloroso, sus dedos se encajaron en la espalda del mayor, pero en ningún momento hizo el amago de retirarse pues el placer era aún más intenso que cualquier otra sensación.
Su cadera se alzó en el primer empuje, cuando creyó que no podía sentirse más pleno, y eso ayudó a que casi se convulsionara ante la descarga de éxtasis que se apoderó de su cuerpo y de su mente.
Una y otra vez se sintió arremetido, cada vez con más fuerza, cada vez más ruidosos ambos, dejando salir expresiones que delataban lo mucho que estaban disfrutando aquel momento, hasta que por fin Harry sintió que su pene explotaba de placer. Severus aguardó unos segundos.
— N-no... no te detengas. —suplicó Harry—. Descárgate dentro de mí, por favor.
Severus obedeció, continuó con sus embestidas dejándose escuchar el golpeteo de su pelvis contra la de Harry hasta que por fin éste percibió que su interior era profundamente humedecido y los labios de Severus buscaron los suyos, besándole casi con desesperación.
ESTÁS LEYENDO
Destellos de ternura
FanfictionLa guerra ha terminado, pero el mundo no puede considerarse agradable, por lo menos no para Harry quien aún no ha logrado sobreponerse a una de las pérdidas humanas que jamás pensó que lloraría. Tenía algo que decirle, pero no lo hizo. Eso lo lleva...
