Sucesos inesperados

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Sucesos Inesperados





Todo el camino a Hogwarts, Harry no dejó de apretar fuerte la mano de Severus, y aunque éste caminaba a paso firme y con la cabeza en alto, tampoco soltaba al chico.


Harry volteó a mirarlo cuando salieron del Bosque prohibido, notó que la respiración de Severus se mantenía contenida y miraba hacia el colegio con aprensión, en ese momento pudo sentir que su aferre se intensificaba casi dolorosamente.


Draco y Remus tampoco lucían muy alegres. El licántropo se detuvo abrazando al rubio, susurrándole algo al oído. Harry los miró en silencio, observó que las manos del rubio temblaban ligeramente cuando se posaron en la cadera de su pareja, suspiró comprobando que él también debía estar sufriendo por la partida, aunque su actitud fuese la más fría de todas.

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Llegaron hasta el despacho de Dumbledore sin ningún contratiempo, Harry y Draco supieron resguardarse bien bajo la capa de invisibilidad, y Remus y Severus caminaron a distancia para no llamar la atención de quienes pudieran toparse en el camino.


Un Slytherin y un Gryffindor juntos no era una buena señal, mucho menos esos dos alumnos en particular.


Dumbledore cerró su despacho cuando todos estuvieron reunidos. Había preparado lo necesario para hacer el rito del viaje de regreso sin que nadie los interrumpiera. Prefirió no hacer ningún comentario ante la evidente tristeza de los cuatro jóvenes, sin embargo, se relajó al notarlos decididos a obedecer.


Tal vez Harry no tanto, miraba aprensivo hacia la puerta, como tentado a salir huyendo y llevarse consigo a Severus, pero éste se mantenía firme, con el pecho en alto como si estuviese dispuesto a ser sacrificado.


Dumbledore les pidió que lo siguieran y aunque los cuatro jóvenes se tomaron un par de segundos para obedecer, fue la decisión de Draco al avanzar lo que hizo que los otros tres fueran tras de él. Entraron a una habitación contigua, mucho más pequeña que el amplio despacho, sin cuadros que pudieran atestiguar, tan sólo con cuatro sillones antiguos colocados uno al lado del otro.


Un par de candelabros se encendieron ante un tenue movimiento de varita que realizó el Director antes de cerrar la puerta, así evitó que se quedaran a oscuras pues ese sitio no poseía ni siquiera una ventana al exterior.


— ¿Trajeron sus tareas, jóvenes?


Harry y Draco asintieron, el rubio dejó sobre una pequeña mesita la poción que tanto trabajo de había costado realizar. Harry ni siquiera se soltó de Severus, tan sólo le entregó el pergamino con el hechizo al rubio, éste se encargó de ponerlo en la propia mano de Dumbledore.


— Bien, hemos de empezar entonces. —prosiguió el anciano cuando él mismo dejó un giratiempo idéntico al original de Harry sobre la mesa, a un lado del frasco con la poción—. Me parece conveniente primero hacer el rito, posteriormente yo me haré cargo de Remus y Severus.

— No. —se negó Draco con firmeza—. Prefiero irme cuando esté convencido de que ellos no recuerden nada sobre nosotros.

— Yo preferiría que se hiciera como menciona el Director. —intervino Severus—. Quiero estar consciente hasta el último minuto.

— Yo no quiero nada. —musitó Harry entristecido.


Dumbledore suspiró, comprendió que no sería tan fácil como hubiese deseado. Y por lo pronto decidió complacer a Draco, después de todo era el más lúcido en ese momento.


— Haré el Obliviate. —afirmó ante el beneplácito del rubio—. Remus y Severus, ocupen un lugar cada uno.


Severus se soltó de Harry obedeciendo de inmediato, no permitió que el ojiverde le siguiera reteniendo. Remus fue más lento, miró a Draco a través de un brillo en sus ojos.


— Te juro que te habría amado hasta el último día de mi vida. —le susurró cariñoso.

— No hagas esto más difícil. —le reprendió el rubio, aparentemente sin importarle las amorosas palabras, pero sólo él sabía lo que estaba sintiendo—. Ve a sentarte y acabemos pronto con esto.


Remus asintió y aún en contra de su voluntad, ocupó una silla junto a Severus. Ninguno de los dos se miró, sus ojos se mantuvieron en Dumbledore, observando como el Director sacaba su varita encaminándose hacia ellos.


— Esto no te dolerá en lo absoluto. —dijo dirigiéndose a Severus.


Al ver que sería el primero, el ojinegro miró a Harry por última vez, éste quiso correr hacia él pero Draco lo impidió y abrazándole con suavidad le mantuvo en su lugar, intentando no mirarlo, las lágrimas del ojiverde le abochornaban.


— Entraré en tu mente, Severus, tendré que seleccionar cada recuerdo que hay que borrar.

— ¡No permitiré que vea mis pensamientos! —bramó Severus indignado, y al mismo tiempo sonrojándose al saber cuáles situaciones tan preciadas para él iba a tener que mostrar al anciano.

— Tienes que confiar en mí. No es que los vea directamente, tan sólo me guiarás hacia tus pensamientos emocionales, es ese afecto por Harry lo que he de borrar. No se eliminarán del todo sus momentos juntos, pero sí desaparecerán aquellos en los que están sólo ustedes cuatro, sin más testigos, incluyendo por completo su estancia en la cueva... sobre todo olvidarás cualquier relación sentimental con Harry, tendré que convertirlo en desinterés. Los que permanezcan los rememorarás con indiferencia, y de esa forma, con el paso del tiempo le irás olvidando como probablemente olvidarías a cualquier otro compañero a quien dejes de ver en definitiva.


Severus se guardó su comentario sobre lo horrendo que le parecía el hechizo. Draco le había contado que su relación con Harry no sería buena en el futuro y no podía imaginarse odiando a quien ahora amaba con locura.


De pronto sintió la intromisión en su mente, instintivamente opuso resistencia.


Dumbledore sonrió para sus adentros al comprobar la habilidad de Severus para resguardar sus pensamientos, pensó que su alumno tenía habilidades innatas en artes tan elaboradas como la oclumancia. Quizá sería buena idea llegar a entrenarlo para que las desarrollara.


Por espacio de unos veinte minutos no hubo más ruido que las respiraciones contenidas de los presentes, y uno que otro callado sollozo de Harry.


Severus cerró los ojos al final de la sesión, su respiración era apenas perceptible, y Harry se acercó cautelosamente mientras Dumbledore hechizaba el asiento para que se reclinara proporcionando un mejor descanso.


— ¿Está bien? —quiso saber Harry, asustado por la piel extremadamente más pálida de Severus, llevó sus manos a su rostro, acariciándole tembloroso.

— Sí, Harry, no te preocupes... el despertará en unas horas y su vida volverá a ser la misma que hace unos meses.


Esas sencillas palabras dolieron mucho. Sin importarle lo que pensaran los demás, se acomodó sobre el reposa brazos atrayendo la cabeza de Severus a su pecho. Por unos segundos acarició su rostro antes de llevar su mano en busca de la de su amante, enlazando sus dedos con los suyos, sintiendo frotar los anillos que llevaban.


— Te recordaré toda mi vida... Eres mi esposo, aunque jamás lo llegues a saber


Dumbledore se acercó y apartando la mano que Harry sostenía, retiró el anillo del dedo de Severus ante la mirada angustiada del ojiverde.


— ¿Porqué?

— No tiene caso arriesgarnos a que llegue a preguntarse algún día el porqué lleva esa sortija, Harry.

— Usted es cruel... muy cruel.


Dumbledore no se ofendió por las tristes palabras de Harry, dejó el anillo sobre la mesita antes de dirigirse a Remus. Harry continuó junto a Severus, disfrutando de sostenerlo en su pecho, esperando grabarse esa sensación por toda su vida... que probablemente no sería muy larga, sin él no iba a tener mucha motivación para abrir los ojos cada mañana.


El licántropo volteó a mirar hacia Draco cuando Dumbledore se apostó frente a él, no le dio importancia al hecho de que el rubio continuaba impávido, él dejó salir una dolorosa lágrima. Deseó con toda su alma poder tatuarse la imagen de su pareja en sus ojos, mirarlo por siempre... Se preguntó si cuando el hechizo terminara también iría a abrazarlo con tanta dulzura como Harry hacía con Severus.


— Remus, mírame a mí. —pidió Dumbledore, y el ojimiel le obedeció con pena—. Vamos a comenzar.


Remus asintió, y para el ojiazul fue mucho más fácil adentrarse en su memoria. Al contrario que con Severus, con quien no pudo ver demasiado, con el Gryffindor fue testigo de algunas escenas que le sorprendieron, no pensó que la relación entre él y Draco hubiese llegado tan lejos.


Por unos segundos Dumbledore detuvo su intromisión, empezó a sentir algo muy peculiar en los signos vitales de Remus, estaban disminuyendo demasiado rápido. Esperó un momento a que se estabilizara antes de continuar, pero en cuanto lo hizo, pudo sentir en carne propia un dolor tan inmenso que le hizo salir expulsado de la mente del licántropo de una forma tan brusca que trastabilló hacia atrás.


— ¿Qué sucede? —preguntó Draco alarmado.


Dumbledore no respondió, pero la falta de color en su rostro decía todo, mucho más cuando rápidamente hechizó la silla transformándola en un diván en el que recostó al joven ojimiel.


Aquello asustó tanto a Draco como a Harry, quien tuvo que abandonar a Severus para acercarse. Remus lucía una palidez casi cadavérica, su respiración prácticamente no estaba, y sólo se podía saber que vivía por el rictus de dolor en su rostro.


— ¡Por Merlín, dígame qué le hizo! —vociferó Draco enfurecido.


Nuevamente Dumbledore no le respondió, estaba demasiado concentrado formulando extraños hechizos sobre el licántropo. La aparente indiferencia que había mantenido Draco todo ese tiempo, desapareció, para dar paso a un angustiante terror en su mirada. Ahora fue el turno de Harry de abrazarlo para impedir que interrumpiera el procedimiento que Dumbledore hacía en ese momento.


Pasaron unos pocos segundos, pero para Harry y Draco fue toda una eternidad. El ojiverde miraba de vez en cuando a Severus, temiendo que en cualquier momento llegara a presentar la sintomatología de Remus, pero no, afortunadamente el ojinegro continuaba con un semblante relajado, no había en él el dolor que el licántropo representaba.


Un grave estertor surgió de repente de la garganta de Draco provocando que Harry sintiera el corazón paralizársele. Tuvo que sostenerlo con más fuerza porque las piernas del rubio se doblaron mientras jalaba aire desesperadamente. En sus ojos de plata se reflejaba el mismo dolor que consumía a Remus.


— ¡Profesor Dumbledore! —le llamó Harry, aterrado al ver que su amigo se desvanecía en sus brazos.


El Director giró a mirar, se mostró preocupado por el aspecto de Draco, pero no podía separarse de Remus aún.


— Tendrás que hacerte cargo de él, Harry... reanímalo.


Harry no tenía idea de a lo que se refería. No se sentía capacitado para hacerse cargo de alguien que parecía morir pero supo que no era una buena idea esperar a que Dumbledore tuviera tiempo. Con todo su esfuerzo llevó a Draco hacia otro de los sillones donde le recostó.


Sacó su varita sin saber qué hechizo formular pues tampoco tenía idea de lo que estaba sucediéndole a Draco, quien para entonces su débil respiración se escuchaba estertórea y casi agonizante.


Después del tercer Enervate, Harry logró que Draco reaccionara. Sus ojos se abrieron mostrando miedo mientras se esforzaba por hablar sin conseguir más que sonidos escalofriantes.


— No intentes decir nada. —le apremió Harry, intentando no demostrar que él también estaba muy asustado—. Pronto te sentirás bien.

— Re...


Draco no pudo concluir su palabra, pero giró su cabeza a la izquierda y con sumo esfuerzo extendió su mano hacia donde estaba Remus, aún debatiéndose en su inconsciencia.


Harry entendió lo que Draco pedía, no estaba seguro de poder sostenerlo en brazos pero tampoco quería someterlo a ningún otro hechizo para levantarlo con mayor facilidad. Rodeó a Dumbledore consiguiendo llegar al otro lado del diván y colocó a su amigo junto a Remus.


De inmediato Draco se aferró a él exhalando un suspiro de alivio. Dumbledore suspendió entonces sus hechizos, acababa de terminar y aparentemente sin los resultados que hubiese querido, pero con el abrazo de Draco, de inmediato el rictus de Remus se suavizó y el color fue regresando a su piel.


El viejo Director dio un paso hacia atrás, dejándose caer exhausto sobre el sillón contiguo. Harry le vio una expresión demasiado seria, no le gustaba cuando veía a Dumbledore sin la chispa optimista en su mirada, pero decidió ignorarlo e ir a verificar que Severus continuara bien.


Afortunadamente el ojinegro parecía estar solamente durmiendo, así que Harry se concretó a acomodarle las manos sobre su estómago y despejar su frente de algunos mechones cortos.


— No han sido sinceros conmigo del todo, Harry. —recriminó Dumbledore con suavidad.


El ojiverde se giró a mirarlo, ya presentía de lo que hablaba, pero no se sentía culpable por eso, ni siquiera entendía bien lo que había sucedido.


— ¿Porqué se pusieron así? —preguntó sin responder al comentario del Director.

— Son pareja mágica, por eso. No podrán separarse, tuve que revertir el hechizo desmemorizante, lo único que estaba consiguiendo era matar a Remus Lupin... Debieron decirme que ellos habían formalizado su unión.

— ¿Formalizar? —preguntó sinceramente intrigado.

— Así es, ellos están unidos por siempre y para siempre, es imposible alejarlos, se han elegido como pareja.

— Pero... Sev y yo también y él está a salvo ¿verdad?

— No es igual, Harry. Las partes humanas de Remus y Draco hubiesen tolerado igual que como lo hizo Severus, pero el hechizo no puede ser incluido en un instinto primitivo y que además se ha fortalecido con la magia que intercambiaron durante el proceso de Draco para convertirse en lobo, es antinatural romper una unión que ellos ya consumaron, y como tal, morirían.

— ¿Se pondrán bien?

— Eso espero. Por lo pronto tendré que acondicionar este lugar para que terminen de reponerse.


Harry asintió y volvió a recostarse junto a Severus, abrazándole cariñoso.


— ¿Qué va a pasar ahora?

— Draco Malfoy tendrá que quedarse. Harás el viaje de retorno solo, Harry.


El chico se incorporó de inmediato, la noticia era un balde de agua helada, él no quería regresar, era el único que se resistía a abandonar esa época y ahora resultaba que se iría solo.


— Si él no va... tampoco iré yo. Y le pido, por favor, que revierta igual el hechizo de Severus.

— ¡Parece que no entiendes nada! —exclamó sin poder evitar levantar la voz, Harry se sobresaltó pero no bajó la mirada—. ¡No sé qué consecuencias suceden al permitir que Draco se quede, pero no hay remedio, su misión en el futuro parece estar cumplida y ahora tiene que quedarse para que Remus haga la suya!

— ¡Yo también cumplí lo mío, puedo quedarme!

— ¡Severus no, y él no te necesita para estropear todo!

— ¡Severus me necesita para ser feliz! —protestó lleno de rabia—. ¡Usted no tiene idea de lo que le espera, no sabe cuánto va a sufrir y le es tan fácil separarnos para siempre! ¡No es necesario que Severus se convierta en espía, no es necesario que se someta al terror de Voldemort para que yo pueda destruirlo en el futuro!... ¡Puedo hacerlo ahora, puedo destruir a Voldemort cuantas veces sean necesarias, pero no permitiré que Severus viva de nuevo las crueldades de ese monstruo!... ¡No volveré a verlo morir por su culpa!


Dumbledore tenía los ojos desorbitados, no podía imaginarse que ese chico pudiese significar la salvación del mundo mágico. Ya sabía que tenía un poder más allá de lo normal, pero hasta ese momento llegó a preguntarse de qué tanto podía ser capaz Harry Potter.


Además, enterarse que Severus, el chico en quien tenía grandes esperanzas, iba a tener una muerte temprana le llenó de profunda tristeza. Ahora entendía la renuencia de Harry por dejarlo solo.


Sin embargo, no podía cambiar más el futuro, ya había sido modificado demasiado.


— Yo lo cuidaré, Harry, impediré que sea usado por nadie... pero tienes que volver a tu tiempo. —aseguró paternalmente.

— ¡No! quiero cuidarlo yo, por favor.

— Eso no es posible, y es mi última palabra.


La voz de Dumbledore sonó categórica, y aunque Harry ya no debatió, pensó que faltaba que él también dijera su última palabra.

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