No quiero irme

1.1K 123 9
                                        




No quiero irme




Harry admiró el hermoso lobo blanco que había aparecido entre ellos, ya no quedaba rastro de Draco, hasta sus ojos plateados se habían transformado en dos iris de oro que destacaban notablemente. Por un momento contuvo la respiración esperando una reacción de su parte, después de todo, no podía olvidar que ahora era un animal medio salvaje.


Sin embargo, éste los miraba a ambos sin mostrar ni una señal de querer atacarlos, por lo que se atrevió a acercarse un poco. Al ver que Draco puso toda su atención en él, le sonrió, sintió cómo parecía que su saludo era correspondido, y entonces se animó a tocar el suave y largo pelaje.


— Por Dios, nunca pensé en decir estas palabras, pero... eres hermoso.


El lobo se acercó más a Harry, lamiéndole amigable la cara, por lo que el ojiverde correspondió abrazándole, hundiendo sus dedos en el abundante pelo blanco.


Harry reía sin darse cuenta que Remus se había mantenido apartado, y en sus ojos de miel luchaba su acostumbrada dulzura con el demonio de los celos. Apretaba fuertemente sus puños esforzándose por no lanzarse al cuello del ojiverde.


De pronto, Draco se apartó con suavidad, miró al licántropo tan sólo un breve instante antes de concentrarse para volver a la forma original.


— Te felicito, Draco, lo conseguiste. —exclamó Harry.

— Gracias, pero... ¿podrías salir un momento? Tengo que hablar con Lupin.


Harry asintió sin darle importancia, y lo hizo justo a tiempo pues apenas había atravesado el umbral y desaparecido de la vista de los otros dos, cuando el ojimiel se abalanzó hacia él, Draco alcanzó a atraparlo jalándole por la cintura, aunque ambos cayeron al suelo sobre sus traseros. Aún sí, el rubio no soltó a Remus, lo mantuvo aferrado cercándole por el cuello, escuchando la respiración jadeante del licántropo en su oreja.


— Tranquilo... no pasa nada. Relájate, Remus.


La voz pausada de Draco, así como su calor irradiando a través del abrazo, y el hecho de llamarle por su nombre consiguieron su objetivo. El ojimiel pareció retomar su control casi como por arte de magia, dejó de mirar hacia la salida para fijar sus ojos en los grises que le observaban expectantes.


— Draco... ¿sabes lo que me está pasando? —preguntó preocupado.

— Parece que sí, puedo verlo y sentirlo como si me pasara a mí.


Draco aflojó un poco sus brazos pero no se soltó, en cierta forma le agradaba sentir el cuerpo de Remus junto al suyo y no quería dejarlo alejarse.


— No quiero forzarte... yo no sabía, Draco. —admitió afligido.

— Yo tampoco, pero por algo pasó.

— ¿Y lo aceptas?

— Lo más lógico sería rebelarme... pero en realidad creo que me siento cómodo con esto.

— Pero tú no querías estar conmigo.

— Lo sé, tan sólo te pido algo de tiempo para irme haciendo a la idea ¿de acuerdo?

— Sí, por supuesto.

— Y no le digas a Harry, prefiero que no esté enterado.

— No lo haré. Me avergüenza haberme sentido irritado por él, pero cuando te abrazó... ¡Cielos, jamás sentí algo parecido!

— Te entiendo. Soy un lobo también ¿lo olvidas?... y si alguien te toca, Remus, reaccionaré igual, pero recuerda que no soy tan dócil como tú, no creo que puedas controlarme.

— Nadie me tocará, después de todo, tan sólo tengo ojos para ti.

— Es bueno saberlo ¿ahora, me besarías?

— ¿Quieres que lo haga?

— Es un buen modo de aceptar que eres mi pareja y yo la tuya ¿no te parece?


Remus asintió, sentía el corazón a mil por hora, no sabía por qué había pasado aquello, pero en cuanto empezó la transformación de Draco pudo sentirlo en toda su plenitud... era su lobo, era su pareja para siempre.


Con un poco de nerviosismo ante la felicidad que sentía, Remus se acercó hasta tocar los labios de Draco, y nunca se imaginó que un beso supiera tan bien.

*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*+*




Harry se encontraba en ese momento sentado a la entrada de la cueva, en sus manos tenía un trozo de pergamino con un hechizo escrito. Hacía un par de días que por fin había recordado el conjuro para viajar en el tiempo, y eso no lo hacía feliz.


— ¿Qué haces?


El chico brincó sobresaltado, no había sentido a Severus llegar. Éste rió con la reacción de su novio y lo hizo a un lado para sentarse él sobre la piedra y poner a Harry en sus piernas. El ojiverde aprovechó la ocasión para esconder el pergamino en su bolsillo y abrazarse de Severus, disfrutando de la comodidad de esa posición.


— Te quiero, Sev. —susurró Harry escondiendo su rostro en el cuello de su pareja.

— Hey, ¿Qué pasa contigo? —preguntó Severus al sentir algo de humedad en su piel, apartó a Harry con suavidad descubriendo que ésta provenía de unas inesperadas lágrimas—. ¿Porqué lloras?

— Porque no quiero irme. —respondió volviendo a refugiarse y apretándose fuerte contra el cuerpo de Severus.

— Pero ya quedamos en que no te irás, tan sólo espérame un poco, Harry, la graduación no está demasiado lejos y entonces podemos irnos juntos a donde quieras.

— Sí... lo sé, eso haremos.


Harry apretó sus labios sintiéndose mal por mentirle, aunque en realidad ansiaba con todo su corazón que sus palabras pudieran ser una realidad por la que soñaba.

Destellos de ternuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora