27. Confrontación

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Tal vez fue el momento más patético de mi vida porque había terminado en el suelo, con los músculos de brazo palpitando de dolor y sin la fuerza suficiente para levantarme.

Daniel tenía la mano sobre su mejilla así que al menos mi puño se había estrellado con su cara. Se lo merecía. Me había ayudado a regresar, pero ya estaba seguro que él y Sophie tenían algo.

—¡¿Qué mierda te pasa?!—me gritó levantándome del suelo por el cuello de mi camiseta. Sophie quiso intervenir.

Si no hubiese sido porque me era físicamente imposible agredirlo más, que habría descargado todo lo que se merecía en esa carota pretenciosa. El padre de Sophie lo salvó, obligándolo a soltarme y devolviéndome al sillón.

—¿Que está pasando? —quiso saber.

—Pregúntale al imbécil ese. —Daniel me señaló con descaro.

—¡No le pegues! —Nicky corrió hacia nosotros, directo a defender a Daniel. Mi propio hijo.

—¡Ya cálmense! —Sophie se acercó a revisarle la cara a Daniel.

Por un segundo me arrepentí de haber regresado.

—¿Te vas a poner de su lado?—le reclamé, con el dolor en mi corazón.

— ¿Su lado? Tú lo atacaste o algo así, ¿qué pretendías?

—¿Qué pretendía? Ambos lo saben. Y la cosa no es contigo, Sophie, es con él. Mi hermano, en quien confiaba y quiso arrebatarme lo más preciado para mí. Pero estoy de regreso y no se lo voy a permitir.

—Uy, drama familiar, me encanta—Alice nos miraba desde la puerta de la cocina, rellenado su copa de vino. Nicolás la incentivó a regresar y dejarnos a solas.

—¡Habla claro! ¿Cuál es tu maldito problema? —Daniel reclamó entre dientes.

—Que ya sé lo que pasaba entre ustedes, aunque todavía no tuvieron el valor de confesarlo. No puedes solo meterte con la novia de tu hermano y pretender reemplazarlo como padre de su hijo. —lo dije, de manera clara y esperaba sus excusas; si se disculpaba y me prometía alejarse lo iba a perdonar... tal vez.

—¿Reemplazarte?—preguntó indignado—. ¡Yo he criado a tu hijo! ¡Yo acompañé a Sophie todo su embarazo! ¡yo la acompañé al hospital y sostuve a Nicky cuando nació! ¡Se dice gracias! ¡maldito imbécil!

Intenté levantarme de nuevo, Sophie lo notó y con un brazo me detuvo. Jamás, jamás me había sentido tan humillado y débil.

—Chicos, basta. Ian ¿qué te molesta? ¿Que Daniel me haya ayudado con Nicky? Porque tiene razón, todo este tiempo él fue mi mayor soporte emocional. Se comportó como el mejor hermano que se puede tener y deberías estar agradecido.

—Papá no te enojes—Nicky seguía ahí, con los ojos vidriosos y eso me rompió el alma más de lo que ya estaba—. Te prometo que no vuelvo a jugar con él, pero no te enojes.

—¿Qué? ¡Pequeña rata traidora! —Daniel se apresuró a reclamarle.

—Perdón—el niño bajó la cabeza y su madre lo abrazó para consolarlo.

—Ian, entiendo que no te sientas bien, que fue muy duro estar separados tanto tiempo, pero no voy a dejar que te comportes como un completo imbécil.

—Bien... si quieren decirme algo, adelante. ¡Para qué carajos me trajeron de regreso si quieres estar con él!

—¿Estar con él? Espera...—Sophie agitó la cabeza, como queriendo acomodar sus ideas—. Espero equivocarme pero tú crees que Daniel y yo tenemos algo, como...¿algo romántico?

ShiftingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora