42. La entrega

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Ignoré a Sophie mientras me reclamaba a gritos. Si la llevaba de regreso al laboratorio, insistiría en ir conmigo y no la quería cerca de ningún peligro. Me enfoqué regresar al helicóptero con mi hermano.

Loid se apoyó en mis hombros para sentarse en el helicóptero y me aproximé al asiento del piloto para activar nuestro regreso.

—Si es que sobrevivimos te espera una muy larga temporada durmiendo solo. —Loid me dijo con burla.

—No lo digas como si fuera una posibilidad. "Cuando sobrevivamos"—enfaticé la frase—. "Cuando salgamos de esto" dormiré mucho tiempo solo—. Lo corregí

—Aún tenemos unos segundos para que te arrepientas.

Las hélices comenzaron a girar, yo estaba firme con mi decisión.

—Sophie se mantendrá a salvo ahí. Ahora me odia y estará enojada por días, pero se le pasará eventualmente.

Despegamos y en pocos minutos estuvimos de regreso en la torre, el equipo médico ya esperaba a Loid y yo me adelanté hacia el laboratorio.

El corazón me latía rápido y con fuerza mientras atravesaba las puertas, ¿Nicky había llegado? Tal vez había llegado antes y luego se había vuelto a ir al no encontrarme. Tal vez lo habían descubierto, tal vez no lo dejarían irse...

Llegué justo cuando apareció en el lugar acordado, junto al generador que debía llevar a la torre del Círculo. Vestía un pantalón y una camiseta blanca, prendas sencillas y holgadas. Se abalanzó hacia mi con el rostro lleno de angustia y en cuanto sus brazos me rodearon nos transportamos a un sótano.

Automáticamente el inhibidor de señal que traía conmigo bloqueó las cámaras de seguridad. Debía transportar el generador de pulsos electromagnéticos lo más cerca posible del portal, en el piso más alto que pudiera, de preferencia cerca del altar donde realizaban sus rituales. El aparato era pesado y algo difícil de maniobrar ya que se trataba de una esfera negra y lisa, equipada con un cañón de medio metro y dos soportes que permitían mantenerla erguida, apuntando hacia el cielo. Se necesitaban dos personas para moverlo, mas debía hacerlo solo.

—Tengo que volver, les dije que iba al baño y ya tardé mucho—Nicky explicó con temor.

—¿Encontraste un lugar cerca de la habitación donde los tienen y que sea oculto como te indiqué? Él asintió.

Sentí una punzada de orgullo, para ser tan pequeño, comprendía muy bien lo que debía hacer y hasta el momento, había ejecutado nuestro plan a la perfección.

Escondí el aparato en un punto ciego de las cámaras de seguridad que funcionarían en cuanto me marchara, y dejé que Nicky me transportara de nuevo. Esta vez no había luz, me encontraba en un armario y una fina línea de claridad se filtraba por la rendija de la puerta. A lo lejos escuché una voz femenina llamando a Nicky.

—Ve —le indiqué en un susurro y me asomé a mirar por la puerta. Delante del armario había un baño. Nicky fingió que se lavaba las manos cuando una mujer de vestido rojo abrió la puerta.

—Ya es hora—le dijo con amabilidad y le extendió la mano.

Mi hijo la tomó y miró de reojo hacia mí antes de salir.

Me mantuve quieto y en silencio unos segundos, salí del armario hacia el baño y nuevamente espié hacia afuera. Había una habitación muy grande, con mesas pequeñas de colores y sillas, seis camas bajas acomodadas contra las paredes. Era la habitación donde tenían a los niños. Ya ninguno se encontraba ahí. Seguro se los habían llevado al último piso para abrir el portal.

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