36. Antes que se acabe el mundo

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—Tú eres la gatekeeper del Círculo de Almarzanera... por qué no me sorprende—le dije a mi hermana Coral... o más bien, la que había sido mi hermana mayor en mi vida como Maya.

—Un puesto importante, por supuesto —dijo con esa voz pretenciosa que tanto odiaba.

—Vaya, y solo tuviste que matar a tu hermana gemela para conseguirlo.

—Claro que no, el puesto ya me lo habían dado desde que entré al grupo juvenil del Círculo y empecé mi entrenamiento. Sacrificar a Daría fue solo... una prueba de fidelidad a la causa.

—Causa que va a matarte. Si lo que dices es cierto, que una dimensión absorberá a la otra, significa que tú y todos en esa realidad pueden morir.

—Claro que no... por algo fuimos elegidos.—Volcó los ojos, no había cambiado nada, seguía expresándose igual a cuando era una adolescente—. Los de los círculos más cerrados acompañaremos a los líderes a la otra realidad, mientras que los mundanos y traidores servirán de alimento. Tú perdiste tu oportunidad. Y tú también... supongo que eres Alice. Ya todos sabemos sobre tu traición y el Demiurgo no está nada contento. Tampoco estará contento de saber que andas por aquí...—nos amenazó.

Permanecí firme, no quería demostrarle a Coral que le tenía miedo, o que no tenía idea de lo que estaba ocurriendo y necesitaba que me contara la mayor información posible. La conocía muy bien. Le gustaba alardear. Solo por demostrar su superioridad contra mí era capaz de soltarme todo lo que iba a ocurrir.

La escaneé con la mirada y noté el anillo en su dedo anular. Alice me jaló ligeramente, como una señal para que nos vayamos de ahí. En respuesta la tomé de la mano y al apreté con fuerza.

—Al final sí te casaste, no terminaste siendo la hermana solterona de la familia. Por qué presiento que Steve fue el afortunado.

—¿Steve? —bufó y miró orgullosa su mano—. En cierta forma...

—Entiendo... Que lo hayan elegido para ser mi esposo primero no fue por su encanto. Él no pertenecía a una familia del Círculo, nuestro padre lo eligió para ser el nuevo cuerpo de uno de los líderes. Supongo que el status importa más para ti que el asco de estar con un deamon que ha pasado de cuerpo en cuerpo por años. Y también está el hecho de que fuiste la segunda opción.

—¿A qué viene todo eso? ¿Quieres hacerme enojar?—respondió burlona—. Tal vez cuando éramos niñas lograbas fastidiarme, siempre te salías con la tuya. Mamá fingía enojarse contigo y ser muy estricta, pero siempre fuiste la favorita. Por ser la niña portal, indispensable para el Estado Útopico. Quién diría que la verdaderamente útil fui yo.

—Sophie no tenemos tiempo de esto, debemos irnos ya —Alice me susurró al oído.

Noté un cambio en el ambiente. La energía se tornó densa, el cielo empezó a cambiar de color. Algo se estaba aproximando.

Retrocedí un paso, Alice tenía razón, el Demiurgo se acercaba.

—Antes de que te vayas —mi hermana me detuvo—. Ahora sí puedo confesarte algo que te va a hacer enojar. ¿Recuerdas ese carroñero que se metió a la casa y mató a tu gata? —se señaló con los dedos con arrogancia—. Fue mi primera invocación, la primer criatura que traje del espacio interdimensiones. Impresioné tanto a los del Círculo que me gané mi puesto como gatekeeper de inmediato. Me decepcionó cuando solo llegó a matar a tu mascota, esperaba más muertos; pero ver como sufriste lo compensó por completo.

Juró que lo pensé; agarrarla y lanzarla hacia el night crawler, mas no le iba a dar el gusto. Sus labios se curvaban esperando que reaccionara como quería reaccionar. Estaba ganando tiempo hasta que el Demiurgo llegara.

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