Los ánimos estuvieron demasiado caídos una semana previa al eclipse. Esperábamos que el jet privado proveniente de Londres aterrizara, trayendo consigo al resto del equipo de Transalterna.
De los veinte hermanos Key, pertenecientes al proyecto, ocho ya se encontraban en Scielo1 y otros siete saldrían del avión. Al resto no los habíamos encontrado o convencido de ayudar.
Un grupo de cuatro guardias de seguridad privada fue el primero en descender, seguidos de algunos especialistas. Luego aparecieron los niños, acompañados de las dos tutoras que se encargaban de su cuidado.
Loid intentó mantenerse estoico, mas noté cómo de pronto empezó a balancearse con nerviosismo al ver a sus dos hijas: unas niñas de cabello negro y ojos rasgados, tan idénticas que era imposible distinguir a simple vista quién era Amara y quién era Siena. Bajaban las escaleras con cuidado, abrazadas entre sí, dándose seguridad.
Cuando Miley se asomó por la puerta, Sam no pudo evitar acercarse. Ella retrocedió un paso al encontrarse cara a cara con su padre biológico, sin conocer su identidad. Sam intentó ganarse su confianza bajándola los últimos escalones, decidiendo si alzarla o solo tomarla de la mano y optó por ofrecérsela. Buscando la aprobación de la mujer que la cuidaba, la niña aceptó y caminaron juntos el resto del camino.
El último niño en bajar fue Adrien, el mayor de todos. Un niño de seis años, cabello muy corto y castaño, ojos profundos y oscuros. Era imposible no distinguir los marcados rasgos de Marcus en sus facciones. El destino de ese pequeño era una preocupación para mí y para Ian; si ninguno de sus hermanos quería adoptarlo, nosotros tendríamos que hacernos cargo de él.
—Estaremos dispuestos a ayudar en todo, como acordamos —Phelps, el encargado del proyecto en Londres, se dirigió directo hacia mi novio. En el fondo, que uno de los hijos menores de Anthony fuese ahora quien lo manejara, no le agradaba en absoluto. Lo disimulaba mejor que los hermanos mayores de Ian, quienes pasaron de largo hacia los autos que esperaban para llevarlos al laboratorio. Solo tres de ellos permanecieron vigilantes.
—¿No soñabas tú con heredar todo esto? ¿Qué pasó? ¿Por qué lo dejas en manos de Ian?—Raphael, el segundo mayor, se dirigió a Loid. No ocultó lo poco que le agradaba el asunto.
—No es el momento para pelear por el control. —Lo cortó en seco. Raphael nos sonrió con sarcasmo, colgó la mochila en su hombro y siguió su camino.
Los que permanecieron con la mira fija en nosotros fueron Sebastián y Elora. De todos los hermanos que conocía, ellos siempre me habían causado más escalofríos.
Nunca sonreían, podía jurar que tampoco parpadeaban con la misma frecuencia que un ser humano común y hablaban lo necesario. La singularidad de ellos estaba en su memoria fotográfica. Mientras que a Ian lo usaban en el proyecto para pasar información visual mediante sus dibujos, ellos memorizaban todo. Los datos de una dimensión los llevaban a la otra con la misma precisión que una computadora. Por lo que sabían todo de mí, absolutamente todo, desde mi vida personal, hasta mi historial médico.
Dejé que se fueran y se encargaran de todo. Ian y yo teníamos mayores preocupaciones. Nicky iba a ser entregado al Círculo esa noche.
***
—Repíteme en qué momento vas a venir al laboratorio—Ian le preguntó por cuarta vez a Nicky. Él ya estaba cansado. Por días habíamos realizado el mismo ejercicio. Lo dejábamos en diferentes lugares de la ciudad, incluso los más alejados y hacíamos que regresara solo al laboratorio, para asegurarnos que no importara dónde se lo llevaran, pudiera teletransportarse de regreso.
—¡Cuando el eclipse empiece! ¡Ya lo dije!—le gritó de vuelta.
—Necesito que lo repitas.
—¡No! ¡Ya no quiero!
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Shifting
FantasyCuando mi hijo me advierte que hay un monstruo debajo de su cama... sé que dice la verdad. Porque él mismo trae esas criaturas a nuestra realidad mientras viaja de una dimensión a la otra. Como hacía yo, como hacía su madre, como hacían sus otros pa...
