39. Cuentas que saldar

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El resto de mi día se había ocupado limpiado el laboratorio. Casi no teníamos personal para eso. Años atrás, cuando mi padre dirigía y financiaba Transalterna, teníamos un equipo grande, conformado por científicos, investigadores, especialistas en diferentes áreas, seguridad armada e incluso un grupo que se ocupaba del recojo y eliminación de cadáveres, tanto de entes como de sus víctimas. Con la reducción de presupuesto tras el coma de mi padre, la mayoría de mis hermanos estaban en Londres, y apenas teníamos un equipo pequeño de científicos en Scielo1. Ya había firmado una orden para que todo el personal de Londres llegara donde nosotros, le encomendé a Sam el localizar a mis hermanos faltantes y convencerlos de ayudar, por lo que me tocaba quitar los inciensos de los ductos de aire.

—Alice debería ser quien venga a sacar esto. —Me reclamó Daniel, quien me ayudaba con la tarea.

—Ve y pídeselo. Yo luego voy a recoger tus restos.

Bajó de la escalera con una bolsa llena de polvos, con un fuerte olor a malaquita y esas flores que hallaba en el espacio interdimensiones.

—Oye... ¿qué le dijiste a Solange?—me preguntó lanzando los inciensos al bote de basura.

—Nada importante, que no esperaba que tengamos una relación madre e hijo... ¿tú cómo te sientes al respecto?

—Estaba mejor sin saberlo—se sinceró. —Y en cierta forma, me da igual, no puedo verla de manera diferente a como la veía antes, creo que si lo hubiésemos sabido siempre, todo hubiera sido igual.

—Siento lo mismo, pero ya lo sabemos y eso responde muchas preguntas. Sabes que en cada dimensión que viajé, el único hermano que veía era a ti. Los demás era como si no existieran o no estuviesen nunca relacionados conmigo.

—Tal vez porque nosotros sí somos hermanos completos y no medios hermanos.

—O los otros no existen en otras realidades, son singularidades. Además, en muchas eres hermano de Sophie. Eso sí es raro.

—Añádelo a la lista de futuras investigaciones para nuestra amada madre. Así la mantenemos ocupada.

Sophie y mi hijo debían estar limpiando otras zonas del laboratorio, sin embargo llegaron a donde estábamos tomando un cono enorme de helado.

—¿Ya acabaron?— tuvo la desfachatez de preguntarnos.

—Sí, ¿qué hay de ustedes? se ve que trabajaron mucho.

Nicky asintió y acercó su mano al basurero, tirando un pequeño puñado de malaquita.

—No hay mucho que limpiar y la verdad ya empiezo a sentirme un poco cansada, debe ser por el embarazo—dio una lamida a su helado sin dejar de sonreír con cinismo. Ya intuía que Sophie usaría la carta del embarazo para librarse de todo lo que no quisiera hacer—. Por cierto, hablé con mi papá, Alice regresó a su casa. Parece que ya todo estará bien con ella, solo... hay alguien que me preocupa...

—¿Leonardo?—adiviné. Nuestro chofer y niñero de confianza había ayudado a Alice a tomar el lugar por la fuerza y no lo habíamos vuelto a ver.

—Leonardo me ayudó porque yo lo obligué—inesperadamente Alice apareció a nuestro lado.

Ya me estaba poniendo muy nervioso con eso. Iba a poner la norma de no aparecerse o anunciar cada llegada.

—Hay algo raro con él...—empezó a decir Sophie.

—Hay algo raro con todos nosotros. Solo... déjenlo fuera de esto ¿sí? Todo fue mi culpa. Creo que exageré un poco con eso de querer matar a Solange e incendiar el laboratorio.

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