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Creí haber vivido la pesadilla de mi vida al tener aquella pelea con Adonis y haberme dedicado a llorar un mes por ello.
No sabía que gracias al hombre que se hacía llamar mi padre, me haría conocer una verdadera pesadilla.
Cuando tenía ocho años, mi adorada madre me avisó que ya no estaría más sola. Tendría un pequeño hermano o hermana, el cual ella esperaba.
Mi felicidad fue inmensa, pensaba que si tenía un compañero, pasaríamos juntos todos las duras clases de papá y no sería tan difícil para mí, solo pensaba en las cosas maravillosas que me podría dar tener a alguien para mí.
No vi a mi madre por semanas cuando nos enteramos que el bebé estaba por nacer, se había planeado que el niño naciera en Roma como yo, pero ella viajó a visitar una amiga en el último mes de su embarazo y por temas de complicaciones del embarazo, mi madre tuvo que quedarse en Medellín lo que hizo que un veintiocho de junio del año mil novecientos noventa y nueve, naciera el segundo hijo del capo italiano Vladimir Leblanc.
Angelo Leblanc.
Nació como un bebé sano, pequeño y tierno, solo me llegaban fotos ya que para la época estaba en Italia mientras mi mamá estaba con él en Colombia.
Conocí a Angelo a los diez años, él ya tenía un año de edad y era un niño muy despierto, pero también sensible, emocional y asustadizo. Apenas me vio, se acercó para abrazarme repitiendo las palabras: "mi hermana"
Estuve allí cada vez que Vladimir le gritó, cada vez que lloraba porque su arte no era apreciado por nuestro estricto padre, cuando perdió su primer materia, cuando se alegró de recuperarla, cuando se enamoró por primera vez, cuando su corazón fue roto por primera vez...
Desde que lo vi supe que me dedicaría a cuidarlo.
No permitiría que aquel ser de facciones dulces recibiera el mismo trato que yo recibía de nuestro padre.
Angelo nunca tocó un arma en su vida, si lo hizo habrá sido por error. Siempre estuve para protegerlo, acompañarlo y amarlo de todas las formas en que una hermana puede amar a su pequeño hermano.
Angelo era la luz de mis ojos. Era el motivo por el que respetaba a Vladimir y nunca me atreví a dispararle ya que por irónico que suene, Angelo amaba a nuestro padre y obviaba a toda costa el trato que nos daba solo dirigiéndole su amor.
Ahora, gracias al hombre que más nos hizo sufrir de dolores físicos y emocionales, Angelo estaba muerto.
Después de que la Cosa Nostra se enterara de la muerte de Vladimir y de que asesinó a su propio hijo sin motivo alguno, no hice más que recibir llamados y comunicados de su parte diciendo que necesitaban verme. Los conocía, me llamarían para matarme por haber dejado que mataran a su capo.
Estuve toda la semana llorando, es lo único que expresa cómo me sentí. Solo quería devolver el tiempo y matar a Vladimir a golpes justo antes de que pudiera hacerle algo a Angelo, a mi Angelo...
Adonis estuvo ahí en cada momento, viéndome llorar mil veces al día, incluso llorando en silencio conmigo, ya que trataba de hacerse el fuerte, pero yo amaba de él su sensibilidad, me escuchaba culparme por no haber actuado antes, solo abrazándome cuando me quejaba de que me habían quitado ya todo lo que tenía. Cuando tuve fuerzas para levantarme de nuevo, cuando sentí que la herida de perderlo todo estaba un poco mejor, ordené que se hiciera el funeral de Angelo.
Fuimos justo al cementerio donde estaba enterrada mi madre, la cual murió de la misma forma, por una bala de un enemigo de Vladimir quien iba a dispararle a mi presunto padre, pero por venganza, le disparó a mi madre en la cabeza.
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Crímenes De Verano.
ActionLos Leblanc siempre han reinado en la mafia italiana, un linaje donde la destreza, la inteligencia y el peligro se entrelazan. Angel Leblanc es una mujer poderosa, decidida y capaz, bajo su fría corteza, aún late un corazón que alguna vez conoció el...
