El balde de agua helada me despierta como si me hubieran arrancado la piel. El frío me atraviesa hasta los huesos y, por un segundo, la garganta se me cierra: los ojos me pican, la ropa se pega a la piel y el sonido del agua golpeando el suelo retumba en una habitación pequeña que huele a óxido y detergente barato.
Todo me obliga a estar presente, despierta, alerta otra vez, aunque las cuerdas en mis muñecas me recuerdan que sigo siendo la presa.
—Miren nada más, ¿tu jefa quiso enviar a los más débiles?
Trevor sonríe amargamente, aún veo una venda cubriendo parte de su abdomen y se asoman algunos puntos de sutura, creo que mi disparo dio justo en el blanco.
Es la primera vez que él y Víctor se aparecen por aquí, ya que los otros dos gorilas no han conseguido información Rebeca debió enviarlos para que apresuraran el trabajo. Llevo una semana aquí y apenas pensó en eso, creí que sería más lista.
—Deberías verte, Rachel —se acerca Víctor tranquilo, sabiendo que no puedo lastimarlo—. Ya te han lastimado suficiente, privándote de agua, comida, golpeándote hasta que uno de los guardias se canse, ¿no quieres detener esto?
—Te recomiendo que hables, mocosa.
Me cuesta no reír. La carcajada se siente como una pequeña traición, todavía me queda algo de audacia.
—¿A qué juegan? ¿Al policía bueno y al malo? —digo, porque la risa me ayuda a disimular las ganas de gritar—. Ya les dije que no les diré dónde están los tubos. Llevo una semana repitiendo lo mismo.
Ellos me miran, como si hubieran ensayado cada diálogo. Y entonces aparece ella: Rebeca.
Sale de las sombras sintiéndose la reina del lugar. Camina firme y su tranquilidad me revuelve el estómago.
—Lo interesante es que ahora tenemos información valiosa para ti.
—Rebeca —incluso pronunciar su nombre es una tortura—. Hasta que te dignas en aparecer, ¿cansada de estos inútiles?
—La verdad es que sí. Igual que siempre el trabajo sucio tengo que hacerlo yo.
La detallo mejor cuando llega hasta mí, sosteniendo un cigarro entre sus dedos con calma. Quisiera arrancarle la estúpida sonrisa de la cara.
—Mira si nos dices o no dónde están los tubos no será problema, estamos esperando a que se cumplan las dos semanas para sacarte más sangre.
Suelto una carcajada bastante forzada, apenas y tengo fuerza para respirar.
—Se te olvida que no solo necesitas mi sangre.
No pienso decirle la verdad, si logra su cometido al menos ella también morirá, una vez que intente acabar con el programa el domo que protege la ciudad se desactivará y no tendrá escapatoria. Los zombies vendrán, nada los frenará son miles, moriremos todos.
—No soy estúpida, Rachel.
—Yo creo que sí.
Ignora como de costumbre mi comentario.
—Sé que necesito la sangre de tres personas, la mía ya la tengo, falta la tuya que no tardaremos demasiado en quitártela de nuevo y la de tu querido amigo el zombie, ese problema ya lo resolvimos, está en el domo conmigo, lo alimento bien descuida.
Hasta ahora me había dado más información de la que imaginaba.
1.No estoy en el domo, significa que si hay alguna manera de librarme de estas malditas cuerdas que me queman a cada segundo, puedo escapar. No debe haber tanta vigilancia.
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PROGRAMA F3 Libro I y II
Science FictionLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
