―DO YOU LIKE THIS SHIT, SISSY?❜
✧ Contenido homosexual, si no te gusta, vete.
✧ Esta hermosa historia está adaptada, la original es de @vnconditixnal
✧ TOP¡!JEONGGUK;BOTTOM¡!JIMIN
✧ Contenido que puede ser delicado, mención a violencia.
打撲傷;...
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⌞ ✧ ⌟
Ese día, los chicos llegaron a casa de Jeongguk con la idea de preparar inmediatamente un almuerzo, ya que estaban solos en casa y tenían muchísima hambre.
—¿De qué tienes ganas? —preguntó el menor, apoyando su espalda contra el refrigerador.
—Tengo ganas de muchas cosas... Realmente me da lo mismo el qué. —murmuró, mirándole mientras se rascaba un poco la nuca.
Jeongguk pensó por unos segundos, decidiéndose finalmente por algo que siempre ayudaría. — ¿Fideos con salsa te parece bien?
—Me sirve. —sonrió levemente, dándose la vuelta para buscar el paquete en alguno de los cajones, donde se encontraban los alimentos no perecibles.
Al encontrarlo, lo tomó en sus manos y se lo entregó a Jeongguk, quien los metió a la olla cuando el agua ya había hervido.
Ambos estaban esperando a que se cocinaran por completo mirando hacia otro lado, evitando hacer contacto visual. No porque estuviesen incómodos, sino porque sentían cierta vergüenza, la cual les impedía cruzar miradas sin sonrojarse en el acto.
Jeongguk fue quien se atrevió a observarle primero. Miró detenidamente al chico, guardando en su memoria el detalle del momento, el cómo su cabello rosado se movía con cierta libertad gracias a la brisa, el leve rubor que se mantenía presente en sus mejillas cada vez que estaban a cierta distancia, era tan etéreo, que le parecía surreal lo que estaba presenciando.
Jimin le devolvió la mirada, su rubor intensificándose de alguna manera. No obstante, en vez de fijar su atención en el suelo, como siempre hacía después de cruzar miradas por unos cuantos segundos, esta vez mantuvo su vista en el chico.
Cuando estuvieron a punto de decir algo, la alarma de que los fideos estaban listos retumbó en la cocina, sacándolos de su burbuja.
Y efectivamente, los fideos siempre los salvaban.
Luego de descansar un poco, comenzaron a hacer sus tareas pendientes. Fue en ese momento en el que el castaño, de un minuto a otro, se quedó dormido sobre el escritorio.
Jimin sonrió un poco cuando se dio cuenta de que el chico del que estaba ya un poquito enamorado estaba durmiendo sobre su cuaderno y el libro de biología. Sintió la urgencia de tenerlo entre sus brazos todo el día, de besar esas rosadas mejillas, sus labios, hasta que estuviera demasiado cansado como para seguir haciéndolo.
Sin embargo, hizo algo completamente diferente. Cerró su cuaderno y se levantó de la silla en la que había estado sentado por unas horas, tomó las llaves de Jeongguk con cuidado y salió de la casa silenciosamente, empezando a caminar en dirección a su propia casa.
Necesitaba su ropa y sus cosas si era que iba a quedarse por un tiempo con él.
Quería algo que lo hiciera sentir como en casa, aún estando por fuera de la suya.