douze

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Cuando Jeongguk llegó a la casa de Jimin, eran cerca de las 9:45 AM, sin embargo, no le importó tocar la puerta desesperadamente con tal de saber del estado de su amigo.

—Jimin. —volvió a tocar el timbre. —¡Jimin!

Nada.

Esperó unos minutos, y al pasar estos, comenzó a golpear fuertemente la puerta con sus nudillos. Poco después -y luego de escuchar varios ruidos fuertes desde adentro- esta finalmente se abrió. Su amigo estaba allí, luciendo como si no hubiera dormido en cinco años, ojeras oscuras y marcadas, labios agrietados, su cabello enmarañado, sus pómulos algo colorados y en su mandíbula un moretón, que parecía bastante reciente.

Jeongguk frunció el ceño al notar el olor a alcohol que Jimin desprendía, y cuando abrió la boca confirmó que estaba más borracho que una cuba.

—Jeongguk. —sonrió bobamente, agarrándose fuertemente del marco de la puerta para no poder el equilibrio. —Mi galleta.

—¿A quién te refieres? —dijo, dando un paso hacia el frente, tomando el brazo del chico para abrirse paso dentro de su casa.

—¡A ti! Si eres igual de dulce que una galleta, de esas con chispas de chocolate. —Jimin abrazó a Jeongguk, y este último cerró la puerta detrás de ellos. —Hace mucho no las como.

Jeongguk examinó el ambiente, dándose cuenta de que Jimin habría estado solo. Comenzó a subir las escaleras, ayudando al chico, quien le abrazaba para no caerse, y seguidamente, ambos entraron a la habitación del más bajo.

El castaño dejó que el otro se recostara en la cama mientras él observaba todo el desastre. Ropa tirada por el suelo del cuarto por aquí y por allá, y una botella de bourbon casi vacía estaba sobre la mesa de noche.

Vio como Jimin se disponía a volver a coger la botella entre sus manos, y allí fue cuando se acercó de nuevo.

—Jimin, hey. Cuidado. —le arrebató la botella de las manos, ganándose un puchero por parte del chico. —No habrá más de esto para ti en mucho tiempo, pastelito.

Alejó la botella del alcance de ambos para después sentarse en la desordenada cama junto a él.

Vaciló antes de hacer cualquier pregunta, pero al fin y al cabo, el chico estaba borracho y quizás no recordaría nada.

—¿Por qué no fuiste a la escuela hoy? —miró fijamente a esos cansados ojos que le observaban de vuelta.

Solo consiguió una risa como respuesta.

—¡Jimin!

—Eres demasiado hermoso. —alargó las palabras sin dejar de mirar a Jeongguk. —¿Lo sabes, cierto?

BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora