trente-neuf

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Aunque Jimin le había insistido en que podían compartir la cama sin algún problema, el castaño había buscado un colchón extra en el cual dormir, para evitar algún inconveniente por el trauma que había sufrido su amigo.

El chico se había dormido rápidamente la noche anterior, dejándose ganar por el cansancio de su alma y sin siquiera cenar.

Cuando el sol llegó a su punto máximo esa mañana de sábado, aproximadamente a las 11 de la mañana, Jeongguk despertó acalorado y abrió sus ojos lentamente, ajustándolos a la luz solar que entraba por la ventana.

Tenía que cerrar esas malditas cortinas.

Miró hacia su costado, notando el cuerpo de Jimin a su lado, todavía dormido y negó con su cabeza. El chico era más terco que una mula.

Los rayos de sol hacían que el cabello de este resplandeciera y su piel se viera más blanca de lo usual. Se dedicó a mirarlo en silencio.

Odiaba cada moretón que tenía en su piel, cada mancha púrpura, o verde, o amarilla, que se alojaba en aquel blanco tan bonito. Sus facciones relajadas y las ojeras que adornaban la parte bajo sus ojos. Se notaba que estaba cansado. Se notaba que estaba roto, que había pasado por mucho en muy poco tiempo.

Quiso acariciarle la mejilla, quiso abrazarlo y protegerlo del mundo entero, más se mantuvo al margen al desconocer cómo podía reaccionar aquel chico al despertarse por una caricia. Mordió sus labios y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Odiaba ver a su compañero de vida así.

Y esas lágrimas salieron de sus ojos en el momento que, aún dormido, Jimin se las ingenió para coger su mano entre las suyas y llevarla a su pecho, abrazándola de cierta forma.

Lo quería mucho. Lo quería tanto que dolía.

BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora