quarante cinq

199 29 7
                                        

⌞ ✧ ⌟

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

⌞ ✧ ⌟

Otros días más pasaron sin muchas novedades entre los dos.

Jimin había estado creando una barrera muy fuerte entre sus sentimientos, sus pensamientos y su propio ser; mientras Jeongguk, por su parte, había seguido cuidando de él.

Los exámenes finales se avecinaban y tenían que obtener buenas notas si querían salvar el año, por lo que también se habían sumido en el estudio y habían dejado muchas cosas de lado.

Como lo que Jimin sentía por su mejor amigo, y lo que comenzaba a nublarle la mente al castaño cada vez que había más cercanía de la necesaria.

Y lo que debían solucionar sobre la situación en la que se encontraba el mayor.

Alrededor de las 18:30 de ese viernes, mientras repasaban los apuntes de historia, el timbre los sacó de su momento de concentración.

Jeongguk se levantó del sueño suspirando y aprovechando para estirar la espalda y, bajo la mirada atenta del otro chico, fue a abrir la puerta, pensando que quizá su madre volvía del turno y había olvidado las llaves.

Bajó las escaleras perezosamente, cuando volvió a escuchar el timbre.

—¡Voy!

Se sacudió el cabello con los dedos y bajó el picaporte de la puerta, quedando helado al ver a su visitante.

La mujer estaba un poco diferente de lo que la recordaba, pero esos ojos eran inconfundibles.

—¿Puedo ver a mi hijo?

BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora